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Opinión | Cuaderno de Resistencia

Ramón Ferrando

Ramón Ferrando

Redactor en la sección de Economía

El gimnasio de Toni planta cara a la especulación 

Bajos que han sido habilitados como vivienda en la calle de Mariano Cuber del Cabanyal con precios de 5.000 euros el metro cuadrado.

Bajos que han sido habilitados como vivienda en la calle de Mariano Cuber del Cabanyal con precios de 5.000 euros el metro cuadrado. / German Caballero

El jueves pasado me adentré en la zona cero de la especulación en València y allí descubrí el gimnasio de Toni. Lleva cincuenta años abierto y él tiene claro que va a seguir así pese a la fortuna que podría ganar si lo vende ahora. El gimnasio de Toni está junto a las Atarazanas en el barrio de El Cabanyal. 

Fui allí para ver de primera mano el último abuso inmobiliario de València y la situación está tan descontrolada que me costó dar con lo que buscaba. Mi objetivo era un bajo donde hay proyectadas nueve viviendas con precios de hasta 8.393 euros el metro cuadrado (el doble que el coste de la obra nueva en el resto de la ciudad).

Me desvié unos metros y me topé con otros bajos que también están convirtiendo en habitáculos. Lo curioso es que para ser la zona más recalentada del Cap i Casal, los yonkis duermen en el suelo junto a los bajos para turistas. Doy fe.

De cristalería a vivienda

Al final di con el bajo de oro. Hasta hace unos meses había una cristalería, pero un promotor lo compró para dar el pelotazo. La apuesta es arriesgada por no decir surrealista. La promoción más cara de València es un edificio que tendrá dos áticos con sendas piscinas en la calle Russafa (entre la Gran Vía y la calle Colón). Allí los pisos tienen un precio medio de 7.500 euros el metro cuadrado.

En el caso del bajo del Cabanyal no hay piscinas ni barbacoa. Los pisos miden poco más de 33 metros cuadrados y están apiñados. Tienen una habitación, un salón-comedor con cocina y cuarto de baño  (al menos no es comunitario como los que se hacían en algunos edificios de la España de la posguerra).

Cambio de normativa

A cinco minutos andando hay otra promoción del mismo estilo. Nueve viviendas de treinta metros a precio de la calle Colón. Los vecinos me explicaron que a los promotores les pilló por sorpresa el cambio de normativa que impide abrir de momento más bajos turísticos y se han lanzado a por el mercado de los compradores despistados (los guiris con pasta).

Hace cinco años el Ayuntamiento de València agilizó el cambio de uso de los locales a vivienda en teoría para fomentar la compra asequible. El resultado ha sido que las fruterías de los barrios han sido sustituidas por zulos (en su mayoría pisos turísticos) y supongo que alguien estará controlando que tienen condiciones de habitabilidad. Los especuladores se han forrado, aunque ahora empiezan a ponerse nerviosos con el parón del mercado inmobiliario (un 35 % de desplome de ventas en mayo en la Comunitat Valenciana respecto al mismo med del año pasado, según los notarios). 

Cuando le pedí ayuda a Toni (el dueño del gimnasio) para encontrar el bajo que buscaba, le pregunté por qué no vendía. Me miró a los ojos y me confesó que ni en broma se iba. Su vida es el gimnasio. No le interesa la millonada que puede ganar. Como Astérix el Galo, Toni es la última barrera de contención. Un héroe anónimo en un Cabanyal quemado con la gentrificación.  

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