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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

La odisea del eclipse

El eclipse solar recuerda la capacidad de la ficción para adquirir apariencia de verdad

Un fotograma de "La Odisea" de Christopher Nolan.

Un fotograma de "La Odisea" de Christopher Nolan. / Universal

Escuchar cantos de sirena, tejer y destejer la tela de Penélope, atarse al mástil, volver a Ítaca o pasar una odisea son expresiones cotidianas que la película de Christopher Nolan ha devuelto al presente la mítica obra de Homero, inesperado clásico de este verano. La otra superproducción está a punto de proyectarse sobre el cielo. El eclipse solar del miércoles 12 de agosto se ha abierto hueco entre los incendios y la crisis migratoria de Ceuta, con una expectación digna de estreno mundial.

Tanto preparativo ante un fenómeno astronómico tan literario recuerda, salvando las distancias, la célebre gamberrada radiofónica de Orson Welles con La guerra de los mundos. Su mayor travesura no fue convencer a todo Estados Unidos de que los marcianos habían aterrizado —el pánico nacional fue después exagerado—, sino demostrar que bastaban una voz solemne, unos boletines urgentes y una interrupción de la programación para que la ficción adquiriese apariencia de verdad.

En la Comunitat Valenciana se han organizado agendas especiales, preparado observatorios públicos y encuentros en miradores. La tarde del próximo miércoles promete pueblos concurridos, carreteras más cargadas de lo habitual y emplazamientos privilegiados ocupados desde horas antes. La movilización exige planificación, información y precauciones, tanto para contemplar el Sol sin dañarse la vista como para evitar que la búsqueda de la fotografía perfecta termine en atasco, caída o incendio.

Las administraciones parecen haber entendido la dimensión del acontecimiento, pero ninguna organización sustituye a la responsabilidad individual. Conviene no transformar una experiencia colectiva en una imprudencia privada ni permitir que la gran fiesta celeste acabe, como tantas verbenas terrestres, en rosario de la aurora.

La emisión de Welles no provocó el apocalipsis que después agrandaron los telediarios y la cultura popular, pero inauguró la costumbre contemporánea de alarmarse primero, comprobar más tarde y convertir el equívoco en leyenda. Los extraterrestres no llegaron aquella noche; la posverdad, en cambio, ya estaba aparcando el platillo volante.

Y quizá Aute dejó escrita la mejor advertencia para la ocasión, en su guiño a Calderón: «toda la vida es cine y los sueños, cine son». Disfrutemos la película, sin olvidar la realidad.

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