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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

Tardíos e insuficientes

La investigación judicial sobre la crisis migratoria en Ceuta abre un frente diplomático y político con Marruecos

Varios migrantes al entrar por mar en Ceuta el pasado 31 de julio.

Varios migrantes al entrar por mar en Ceuta el pasado 31 de julio. / Marcos Moreno - Europa Press

El presidente de la ciudad autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas, calificó de «tardía e insuficiente» la respuesta del Gobierno desde el primer día de la avalancha migratoria desde Marruecos. Dos palabras que inevitablemente recuerdan aquella alerta «tardía y errónea» de la dana que investiga la jueza de Catarroja. El criterio aplicado a Carlos Mazón debería servir también para Pedro Sánchez, en este interminable bucle de desaciertos institucionales.

La Audiencia Nacional reclama ahora a la Guardia Civil información sobre los días anteriores a la entrada masiva en Ceuta, con el propósito de determinar si existieron avisos que hubieran permitido reforzar los efectivos desplegados en la frontera. La investigación parte de una denuncia de Iustitia Europa —un «antipartido sin ideología», según su propia definición— por posibles delitos contra la seguridad del Estado, favorecimiento de la inmigración ilegal y tráfico de personas. La magistrada María Tardón trata de esclarecer lo sucedido frente a la versión del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, quien sostiene que ni los servicios de información ni las fuerzas de seguridad alertaron de una operación de semejante magnitud.

Queda así judicializada otra crisis política, esta vez con implicaciones geopolíticas y diplomáticas capaces de sonrojar a muchos. Utilizar la posible connivencia del régimen alauí para desgastar a Sánchez puede acarrear consecuencias indeseadas para el PP y Vox. Marruecos cuenta con aliados internacionales poderosos, como Estados Unidos e Israel, y mantiene abierta su reivindicación sobre Ceuta y Melilla. Núñez Feijóo y Abascal, que hoy instrumentalizan el conflicto, podrían encontrarse mañana en la Moncloa afrontando las mismas presiones territoriales.

Grande-Marlaska y su antagonista en el Consejo de Ministros, Margarita Robles, tampoco pueden exhibir la bandera de la coherencia ni presentarse como guardianes inflexibles del derecho internacional. El mismo Gobierno que denuncia la ocupación israelí de los territorios palestinos ha respaldado la propuesta de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental, relegando el referéndum de autodeterminación defendido durante décadas.

La realpolitik obliga a aparcar principios. Todas las administraciones, desde Suárez hasta Sánchez, pasando por González, Aznar, Zapatero y Rajoy, han hecho de la necesidad virtud en sus relaciones con Marruecos. Rabat siempre es un vecino incómodo, pero inevitable. Por eso convendrían más sentido de Estado, porque una respuesta tardía e insuficiente no deja de serlo cuando cambia el nombre del responsable.

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