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Opinión

Robert Raga

Robert Raga

Alcalde de l'Ajuntament de Riba-roja de Túria.

Alcalde de Riba-roja de Túria

Cambio climático

Riba-roja activa los 14 cañones de agua en la Vallesa de Mandor para prevenir incendios ante la ola de calor

Riba-roja activa los 14 cañones de agua en la Vallesa de Mandor para prevenir incendios ante la ola de calor / AYUNTAMIENTO DE RIBA-ROJA

No hace falta retroceder mucho en el tiempo. Un par de décadas o, si me apuran, un par de lustros. Con ese tiempo es suficiente para comprobar, perfectamente, el cambio enorme que ha experimentado el mundo en términos climáticos. Y, aun así, todavía hay gente que lo pone en duda, lo desacredita o, directamente, lo niega. No quieren escuchar ningún argumento. Con los cuatro canales de información que, como mucho, consultan, tienen suficiente para que les alimenten en sus reducidas miras sobre la evolución que el mundo ha dado en apenas unas décadas. Por desgracia, todavía hay gente que prefiere leer, oír y escuchar las peroratas de cuatro iluminados antes que comparar los datos de los principales organismos e instituciones públicas de reconocido prestigio acerca de las causas y las consecuencias de ese temido cambio climático. El mismo que nos obliga a tomar decisiones y poner en marcha proyectos e iniciativas para afrontar en plenas garantías los denominados meses de descanso y asueto. Históricamente, en invierno es cuando se han producido las mayores desgracias en términos de inundaciones, “pantanaes” o riadas. El verano era una estación donde hacía calor, pero se podía hacer una vida relativamente plácida, más allá de los días de más calor, bochorno o el temido viento de poniente. Las labores en el campo de concentraban en las horas donde el calor apretaba menos. Ahora, por el contrario, estas tareas se han tenido que reducir mucho más a medida que transcurren los años, incluso, algunos trabajos se llevan a cabo durante la noche. Las horas diurnas, directamente, se han tenido que descartar. Días y días seguidos a más de 35 e incluso 40 grados y con una humedad que dispara la sensación de calor no son ninguna broma.

Para cualquier administración pública, especialmente las locales por su proximidad a los ciudadanos y las ciudadanas, resulta imprescindible adaptar los proyectos y las iniciativas que se llevan a cabo a las consecuencias que se derivan de ese cambio climático: veranos tórridos e infernales con una proliferación de olas de calor que, de forma cíclica, se van sucediendo a lo largo de los meses y que derivan, desgraciadamente, en múltiples incendios más grande y feroces que queman nuestros bosques y dañan viviendas e infraestructuras. Y, en invierno, las feroces lluvias lastran a su paso cuanto pueden. Ese cambio climático es, precisamente, el culpable de esos cambios bruscos. Si a alguien le dices hace esas dos décadas, a las que aludíamos antes, que un ayuntamiento tendría que poner en marcha refugios para afrontar los días de calor pensaría que estamos locos. Sería algo impensable. De otra época. Algo que quedaba postergado a las películas de ciencia ficción que elucubraban sobre futuribles. Leemos estos días noticias en las que una gran mayoría de los proyectos urbanísticos de los pueblos y las ciudades incorporan componentes para luchar contra ese cambio climático.

En Riba-roja de Túria, precisamente, hemos puesto este año diversos refugios climáticos para afrontar las temperaturas tan elevadas que debemos afrontar en una gran parte de la jornada. Edificios públicos dotados de fuentes de agua, aseos y zona de juegos se han dispuesto a lo largo del casco urbano. Mientras tanto, en las urbanizaciones, en zonas estratégicas de los carriles bici i y en determinadas parcelas públicas, parques y jardines hemos hecho lo propio. Cualquier prevención es poca ante el panorama que debemos aguantar.

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