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Opinión

València

Lo irrepetible

Decenas de migrantes intentan cruzar a España desde Marruecos, a 31 de julio de 2026, en Ceuta (España).

Decenas de migrantes intentan cruzar a España desde Marruecos, a 31 de julio de 2026, en Ceuta (España). / Marcos Moreno - Europa Press

Por lo que hemos visto, la única explicación posible de lo sucedido huele a acuerdo diplomático. Marruecos, guiado por ese instinto arcaico de la llamada razón de Estado, no podía tolerar la ofensa de reconocer como ciudadanos españoles a los saharauis, ni pactar con Argelia surtir de gas a Europa sin cobrar peaje por ello. Presionado y apoyado por sus aliados Trump y Netanyahu, con las espaldas cubiertas por sus buenas relaciones con China, el reino alauita tiene que aparentar que tiene la sartén por el mango enviándonos una marcha verde. Así logra dos cosas: satisface a los enemigos internacionales de Sánchez y profundiza en la división española, dando ventaja a los partidos sumisos a Trump y a Israel.

Me gustaría pensar que Marruecos ha hecho todo lo que puede hacer sin poner en peligro su relación comercial y política con España y Europa. Un país que compra el 45% de la naviera de Boluda y tiene acceso a 8 puertos españoles, no está para lanzar una guerra abierta. Así, la Comisión no han visto peligro geoestratégico alguno -Europa no puede ceder el control del Estrecho a potencias dispuestas a cobrar peajes-, sino que ha usado el escándalo para apoyar sus hipócritas políticas migratorias. Un acuerdo diplomático podría decir que tú no te enteras de lo que voy a hacer, pero te garantizo que me llevo de vuelta a la gente en 24 horas. Trump y Netanyahu tienen lo suyo, Rabat lo que busca -autoafirmación y prestigio-, el PP y VOX mejoran su posición y Sánchez-Alvares sacan pecho de que han resuelto la crisis en veinticuatro horas.

El coste en prestigio, como siempre, tiene que ver con la imposibilidad de defender públicamente un acuerdo diplomático discreto, pero eso a quién le importa. En la guerra en la que estamos todo pasa desapercibido. Eso explica la incapacidad de ponerse de acuerdo el ministerio de Defensa con el de Interior, el ridículo de la CNI, el cese fulminante de la funcionaria que de buena fe hizo pública la información de que disponía y la presencia de un Marlaska intentando convencer al mundo de que todo estaba decidido por las estrellas, sin agencia humana alguna.

Solo hay una forma de que este chalaneo diplomático con Marruecos no nos haga completamente semejantes a esa tiranía cruel e insensible: que nos preocupemos por las víctimas. Algo que no hará el régimen de Mohamed V, que pide lo imposible, hacerse cargo de mil menores exigiendo que España viole su propio derecho. Esa humillación sería lo peor y si la aceptase el gobierno incurriría en prevaricación flagrante. Marruecos tendría así su mejor victoria.

Preocuparnos por las víctimas significa que alguien debe asumir las tareas que entre nosotros impulsó la jueza de Catarroja en la pasada Dana. Esa actuación, que nos dignificó como pueblo, se debe emprender un procedimiento que identifique a los culpables al menos de las 80 muertes que se produjeron en España. Pero víctimas también son los menores que vagan por la ciudad, escondidos o tirados en polígonos sin condiciones ni garantías, sin tutores ni protectores. Que las comunidades gobernadas por el PP salieran en tromba diciendo que no se harían cargo de ellos no solo demuestra que tienen las entrañas tan endurecidas como el rey de Marruecos y su cohorte de intereses. Su retractación posterior testimonia que todos quieren facilitar una situación que está provocada por sus aliados políticos y que afecta a un compañero de partido, que gobierna polvorín que sólo con mucho tacto puede manejarse. El grito de que Ceuta no es Torrepacheco testimonia una autoconciencia precisa de las exigencias de una ciudad que no quiere ser incendiada.

Pero también son víctimas las personas subsaharianas que reclaman asilo. Que un alto cargo de Marlaska aparezca en televisión cediendo a la presión ambiental como un don nadie sin criterio, afirmando que se están acelerando los expedientes de asilo y que son todos negativos me parece expresión de una debilidad institucional cobarde e hipócrita. Entre los 72.000 que cruzaron la frontera puede que haya verdaderos casos necesitados de asilo, algo que solo podrán obtener no de un sátrapa, sino de un país civilizado, capaz de un juicio sereno que se atiene al singular. Los casos de asilo de las personas procedentes de Mali y otras zonas en guerra deben ser estudiados al margen de la marea humana y resueltos en justicia.

El problema de este acuerdo diplomático tácito es que resulta imposible repetirlo sin que todo sea escandaloso. Diplomáticamente debemos anunciar alguna contramedida proporcional si Marruecos vuelve a la pulsión de usar a su población como punta de lanza y esta solo puede ser de orden económico, que es lo que duele a la camarilla de palacio. Por España pasa todo el comercio de Marruecos. Seguro que algo se podría hacer para no dar la impresión de que estamos a merced de una voluntad arbitraria.

Con todo, uno no sabe cómo España se puede recuperar de este golpe. El gobierno, también en esto, solo tiene la estrategia de ganar tiempo. Por supuesto, ha hecho bien en no caer en la trampa del PP y VOX, que piden mano dura contra el mismo Marruecos que se alinea con sus aliados. La posición del gobierno aquí, como en otros tantos asuntos, no es otra que esperar a que el pueblo humilde español perciba la hipocresía de la derecha y se dé cuenta de que votar a los que harán seguidismo perruno de Trump y Netanyahu no es sino votar a los que vienen por todo lo suyo, incluido Mohamed VI. Ojalá ese milagro ocurra. Es todo lo que podemos esperar.

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