Opinión | Algo personal
¿Los ricos también lloran?
El pacto presupuestario entre PP y Vox en las Corts Valencianes beneficia a los grandes patrimonios con rebajas fiscales

Mazón, Pérez Llorca y José Mª LLanos en las Corts / Levante-EMV
El humo ciega tus ojos, cantaban los Platters cuando aún se paseaban los dinosaurios por los montes de mi tierra. Estos días sabemos mucho de esa ceguera. Todo han sido llamas, miedo, agua que sale de las mangueras y dibuja al atardecer un grafiti de colores que se parecen al anaranjado del crepúsculo. La belleza y el horror van juntas, escribía Rilke, y en medio mundo ha estallado la bomba de un clima harto ya de que le llenemos la tripa de mierda. Niegan que el planeta se hace pedazos mientras ellos -los de la negación como ideología ultra y peligrosamente analfabeta- se ponen las botas jugando a lo trilero con nuestras vidas y los escasos sueños que nos quedan.
El incierto presupuesto
Cegaba el humo no los ojos de los enamorados sino también las noticias que -en difíciles días como estos- pueden quedar ocultas bajo las cenizas del horror. Por eso quiero rescatar, de lo más profundo de la devastación provocada por los incendios, una noticia importantísima que no podemos dejar pasar de largo: el pacto presupuestario de PP y Vox en las Corts Valencianes. Un pacto que, entre otras cosas, ha revalidado la prioridad nacional para que quienes vengan de fuera con la mochila vacía -o casi siempre sin mochila- sean tratados como escoria. Las miles de personas que llegaron a Ceuta hace unos días huyendo de la miseria le sirve de excusa, al universo ultra, para hacer caja política.

PP y Vox se felicitan por la aprobación de los presupuestos / Levante-EMV
Pero hay otro asunto que también nos toca de cerca en ese pacto: muchos ricos valencianos apenas van a pagar impuestos. Hablo de ricos muy ricos, de los que prenden los cigarros con billetes de a millón, como cantaba Sabina de Santiago Bernabéu, que fue presidente del Real Madrid y permitió con amabilidad que mi querido y añorado Antonio Calpe, defensa histórico del Levante antes de saltar al club madrileño, no acudiera al acto de saludar a Franco cuando ganaron una Copa de Europa. Seguro que Calpe se habría pasado meses restregándose la mano con lejía y estropajo después de estrechar la de ese dictador que tanto les gusta a Carvajal y Marcos Llorente. Rebajas fiscales a tope, pues, para los multimillonarios cuando hablamos de patrimonio, sucesiones y donaciones. Mientras tanto, como escribía Paca Aguirre en un soneto, a ti sólo te queda «la fortuna de ir gastando tu incierto presupuesto». Lo de siempre por los siglos de los siglos. La historia se resume en dos palabras: ricos y pobres. Quienes lo tienen todo y quienes se comen los mocos desde que sale el sol hasta que se pone como en una canción rematadamente cursi de Los Bravos.
Con lo que se van a ahorrar los multimillonarios en impuestos habría para echar más de una mano a los servicios públicos. Ya saben: sanidad, educación, transporte, vivienda… Pero antes al gobierno de Mazón y ahora al de Juan Francisco Pérez Llorca y Santiago Abascal (Vox sólo son él y sus franquicias) les va la marcha de que la riqueza sea cada vez más rica y a mí, siempre que hablo de la desigualdad, me viene a la cabeza lo que nos contaban en la escuela y en la iglesia cuando éramos críos: al ser expulsados del Paraíso, Dios condenó a Adán y Eva a «ganarse el pan con el sudor de su frente». La verdad es que esa imagen se me quedó grabada en la memoria. Porque ya desde entonces veía -allá donde estuviera- que la gente que sudaba a chorros trabajando era la que menos comía. Y que quienes nunca se arremangaban -o directamente ni aparecían por el tajo porque el tajo era suyo- vivían como los amigos del emérito -y el emérito mismo- en las suntuosas y aterciopeladas carpas de Abu Dabi.

Afiche de "Los ricos también lloran" / Levante-EMV
Pintaditos de azul
Leo los millones de euros que se ahorrarán en impuestos quienes ven cómo les salen los billetes de quinientos por las orejas, y me entran ganas de que esta columna se eche al monte. Y luego dicen -como en aquella famosísima serie televisiva mexicana de los años ochenta- que los ricos también lloran, que sufren como quienes curran de verdad sin que su raquítico jornal llegue no ya a final de mes sino de la primera semana. También dicen, los dos aliados, que un buen gobierno es el que no distingue entre unos y otros, el que no sabe de colores (¿de dónde, pues, tanta devoción por el azul?), el que sienta a su mesa a los pobres. Eso sí: aunque, como en una película de Berlanga, sea para adornar el árbol de Navidad.
No sé si los Platters o el mismo Mazón con sus viejas melodías amenizarán las verbenas veraniegas de Pérez Llorca y sus colegas de la ultraderecha. Pero sé que no es justo, sino una auténtica y cruelísima burla a la decencia igualitaria, que un gobierno rebaje las cuotas fiscales a quienes no saben dónde meter la pasta mientras, cada vez más, aprieta las tuercas a quienes no tienen nada. Y aún peor: cómo es posible que un gobierno se permita la broma macabra de perdonar a los muy ricos un dinero que no es suyo sino que en realidad a todos nos pertenece. O sea, señor presidente: la pasta que usted y su gobierno han regalado a las grandes fortunas valencianas es mía y de muchísima gente que -a izquierdas y derechas- se asoma cada domingo a esta humilde ventanita del diario. Así que ya tarda en hacernos un bizum o una transferencia con la parte que nos corresponde o nos veremos en los tribunales. Bueno, me pienso un rato lo de los tribunales y le digo, ¿vale? Usted ya me entiende...
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