Opinión | Quilombo
Ceuta, en mi perspectiva

Grupos de personas migrantes el pasado viernes, en la playa El trampolín de Ceuta. / Laura Rincón / EFE
Decía el escritor Max Aub que uno era de donde había estudiado el Bachillerato. En mi caso estudié el Bachillerato Elemental en el Instituto Marroquí de Enseñanza Media de Ceuta, y el Superior en el Instituto Luis Vives de Valencia. En Ceuta viví 15 años hasta que, al principio de los años 60, llegué con mi familia a Valencia por traslado de mi padre y aquí permanezco desde entonces. Allí viví la independencia de Marruecos en 1956 y la dificultad de beber y lavarse con agua durante casi un año por el cierre de la frontera y el Ejército la llevaba en cubas a los barrios trayéndola desde Algeciras. La población era entonces cristiano-española en un 60%, musulmana en un 20%, hebreos en un 7% y pakistaníes o hindúes un 3%. Desde entonces los cambios étnicos y sociales han sido profundos. En la actualidad, con 83.500 habitantes, los cristiano-españoles representan el 53% (unos 45.000 habitantes), los musulmanes-españoles el 43% (unos 36.000) y musulmanes extranjeros el 5%, mientras que los hebreos (entre 400 y 600 Hab) y pakistaníes e hindúes son ya residuales. Estos porcentajes se mantienen relativamente con cambios anuales.
En el Instituto estudiamos juntos chicos y chicas en varias clases, y convivíamos con musulmanes y hebreos sin ningún problema (la España de Américo Castro). Transitábamos por todos los barrios y no había retraimientos de ir a Jadú o El Príncipe donde vivían los musulmanes. Existía una mezquita construida en 1939 en agradecimiento a los soldados magrebíes que habían luchado a favor de Franco en la Guerra Civil. Y una Sinagoga que se habilitó en los años 20-30. Todos los días se abrían las fronteras y pasaban a Ceuta cientos de musulmanas con frutas y huevos que vendían por las calles. Algunas de ellas iban a las casas para hacer las tareas de limpieza y poco a poco se instalaban en la ciudad. Los hebreos controlaban parte de los negocios de importación y alimentaban a los barcos que paraban en el puerto para repostar petróleo y combustibles marítimos. El comercio de radios y relojes estaba en manos de los pakistaníes. Existía una compañía petrolera española, Ybarrola, instalada en 1922, y a finales de 1957 la compañía Ducar S.L. de accionariado español dedicada al almacenamiento y suministro de petróleo se instaló en el puerto pero no estaba bajo el control de Campsa, lo que le permitía competir en el estrecho con Gibraltar en un tiempo en que Ceuta era puerto franco y podían adquirirse productos que resultaban difíciles de obtener en la Península por los impuestos, como coches de alta gama, quesos de Holanda, relojes y chocolates de Suiza, o transistores y cámaras de Alemania y EEUU.
Cuando se firmó el tratado de Independencia de Marruecos España mantuvo las ciudades de Ceuta y Melilla, que no habían sido en ningún momento histórico musulmanas: Melilla fue conquistada por el Duque de Medina Sidonia y Ceuta por los portugueses en el siglo XV. Cuando se rompió la monarquía de los Austrias y Portugal se hizo formalmente independiente en 1640 los habitantes de Ceuta continuaron en España por propia voluntad. También controlaba El Sahara y el territorio de Sidi Ifni que pasarían en el siglo XX a Marruecos, Ifni después de una guerra corta entre España y el Ejército de Liberación marroquí en 1957-58, y el Sahara tras la Marcha Verde cuando Franco agonizaba en 1975. Hasan II, hijo del rey Mohamed V que accedió al trono con la constitución del Estado de Marruecos, reivindicó las plazas de soberanía española argumentando su territorialidad en el contexto geográfico, algo que predominaba en los procesos de descolonización como ocurrió con Hong Kong entre el Reino Unido y China por encima de las razones históricas o la Goa portuguesa con La India. La presión de Marruecos sobre Ceuta y Melilla era, en muchos casos, retórica, un poco parecido al “Gibraltar español” y distinta a la reivindicación de los argentinos con Las Malvinas. A medida que los intereses españoles y marroquíes se fueron engarzando con la pesca y se produjeron distintas inversiones de empresas españolas el tema quedó reducido y utilizado en distintas coyunturas para la presión de Marruecos como cuando España se entiende con Argelia. Encontré más gente en España que pensaban que ambas ciudades acabarían bajo soberanía marroquí que en el propio Marruecos.
Con la Constitución de 1978 se produjo un cierto debate sobra si Ceuta y Melilla debían incluirse en la Autonomía Andaluza. Ambas participaban de su cultura con grandes “cantaores” de flamenco y el lenguaje andaluz. Se concluyó que fueran ciudades autónomas con sus correspondientes estatutos especiales. A mí me tocó defender en el Congreso de los Diputados el de Ceuta, que obtuvo mayoría absoluta.
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