Opinión | Vox y la violencia de género
Invasión de negacionistas
Nos hablaban del peligro de la frontera, cuando el peligro para las mujeres lo tenemos dentro

El vicepresidente de la Junta de Andalucía, Manuel Gavira, de Vox, en primer plano, con el presidente Juanma Moreno a su izquierda. / María José López / Europa Press
En redes alertaban que la llegada de inmigrantes a Ceuta iba a ser una “invasión de violadores”. Un peligro para todas las mujeres. Esto justo en la semana en la que ha habido dos feminicidios en 24 horas. Y en la que el Partido Popular de Andalucía ha decidido saltarse el Pacto de Estado para entregar las Unidades de Valoración de Violencia de Género a Vox, negacionistas de la violencia de género.
No es un mero cambio administrativo. Es un cambio con impacto real en la vida de centenares de mujeres, hijos e hijas, a quienes se deja vendidas. Vox sabe que mientras no pueda derogar la ley de violencia de género, puede dejarla sin efecto. Y esa es la llave que Bonilla ha entregado a Vox. Podrán controlar el presupuesto o gestionar al personal que determina la valoración del riesgo a las víctimas, de los menores, de órdenes de protección, de medidas cautelares o los fundamentos de custodias o regímenes de visitas a progenitores. Es un escándalo y un peligro.
Hay quien se sorprende con esta medida, pero era previsible. En 2019 Vox Andalucía pidió nombres y apellidos del personal que emitía los informes psicosociales. Era una caza de brujas en toda regla. Ahora ya los tiene. En Andalucía ya se han sustituido programas específicos de violencia de género por otros de “violencia intrafamiliar” y en 2020 se dejó sin subvención a 241 asociaciones de ayuda a las mujeres. Es poner a un pirómano al cuidado de un incendio o a un lobo a cuidar de las gallinas.
Decía Vox que quería quitar el Estado de las Autonomías, mientras hablaban de chiringuitos feministas. Treinta y cinco mujeres asesinadas en España en lo que va de año. Nueve de ellas en Andalucía. Y entregamos violencia de género a los negacionistas. Las políticas de igualdad no son un privilegio, son una obligación democrática. Pero estamos ante un PP que es capaz de vender a las más vulnerables, quizás porque nunca les importaron de verdad. Eso sí, luego declaraciones cada 8 de marzo.
Nos hablaban del peligro de la frontera, cuando el peligro para las mujeres lo tenemos dentro. Nos hablaban de una invasión desde Marruecos, pero lo que tenemos es una invasión de negacionistas dentro de instituciones. Y los tenemos porque se les ha votado. Entre otras cosas, también con feministas que, como castigo o por asuntos personales, decidieron cambiar su voto pensando solo en ellas, pero nunca en las víctimas. A ver si reflexionamos sobre el impacto que tiene cuando echamos ese papel en la urna. Sí, hay mucho que arreglar en esta materia, pero mucho peor es que lo que tenemos (sea poco o mucho), se destroce y se tire por la borda. Toda una lucha de generaciones reducida a cenizas.
Andalucía siempre ha sido el experimento de políticas antifeministas, y las mujeres siempre han sido la moneda de cambio. Hoy tienen las llaves en Andalucía. Mañana podrían tenerlas en La Moncloa. Con Abascal de vicepresidente. El futuro no hay que imaginarlo. Ya lo estamos viendo. Que nadie diga después que no sabía lo que podía pasar.
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Fuente: El Periódico
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