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Opinión | Bombeja Agustinet!

València

La dieciocho

18 años en Primera, de 117 de historia, no parece gran cosa, pero para el levantinismo lo es todo.

El técnico Luís Castro, durante un entrenamiento de pretemporada con el Levante UD.

El técnico Luís Castro, durante un entrenamiento de pretemporada con el Levante UD. / LUD

El Llevant inicia en “ca l’Espanyol” su decimoctava temporada en Primera, como ya sucedió en su debut en la élite, en 1963. Entonces fue en el ya demolido estadio de Sarrià, popularmente Ca’n Ràbia por la presencia de la popular taberna en sus proximidades. Ahora, en Cornellà-el Prat, tras el “exilio” del 97 y previo paso de doce años por el Olímpic de Montjuïc. Así fue expulsada la hinchada blanquiazul de “su” ciudad, por la presión urbanística, un hecho que recuerda el viaje que el levantinismo inició en el 68 entre Vallejo, golosa pastilla inmobiliaria de hondas raíces gimnastiquistas, hasta los límites de Alboraya, en medio de la huerta. La gentrificación siempre estuvo ahí. Por si tenían alguna duda. Así han crecido nuestras ciudades, para bien y para mal. Hay otro paralelismo: el escritor más ilustre de entre los pericos (lean 'Una cuestión de fe', Libros del KO, 2012) escribió el prólogo de nuestra enciclopédica 'Historia del Llevant UD'.

Aquel partido del 63 acabó en tablas. Así hizo su puesta de largo en Primera la escuadra blaugrana valenciana, empatando a 4 contra los blanquiazules. Seguro que solo el cromatismo ya provocó que cayéramos mal. Pocos pericos sabían aquel día que el Llevant se presentaría de blanquiazul en el Camp Nou, aunque los más viejos recordaban que, de blanquiazul, había ganado la estigmatizada Copa del 37, precisamente en Sarrià. Eran los colores del Llevant FC en los años 30. Lo de las equipaciones no era como hoy. Aquel año, de hecho, los levantinos sólo se enfundaron la segunda contra el Barça y en Pasarín, contra el Pontevedra.

Estuvimos dos años que fueron un suspiro, pero volvimos en Jerez, con Preciado. Y desde entonces, pese a nuestras cíclicas crisis, hemos vivido un siglo XXI muy de Primera. Y ya sumamos 18.

A un granota, el 18 le trae el recuerdo de Sergio Ballesteros y su espalda de molinero trotando como una locomotora de vapor hacia el Raconet de Raimon, aquella noche en que retó en velocidad a Cristiano Ronaldo.

18 años en Primera, de 117 de historia, no parece gran cosa, pero para el levantinismo lo es todo. Es el símbolo de la resiliencia de nuestra afición: décadas de resistencia inverosímil tenían todo el sentido para estar ahora aquí, justo en nuestro sitio.

Así se demostró, sobradamente, el curso pasado, cuando la hinchada levantina comprendió la trascendencia histórica de aquella permanencia, decidió creer, contra todo y contra todos, y llevó a los nuestros a alcanzar uno de los grandes hitos de nuestro fútbol, uno de esos que tanto nos gustan, modesto pero cargado de épica y de charlatanes que se tragan sus palabras.

Eso y Luís Castro, por supuesto. Llegó al club con la boca menuda, con mucho trabajo y pocas palabras, pero con perlas de calado. En sus primeras declaraciones confesó que tenía ofertas más suculentas, pero que se había empapado de nuestra historia e identidad y que sentía que su camino debía fundirse con el del Llevant.

Wow. Seguro que conocen aquella escena de 'Johnny Guitar' donde Sterling Hayden le pide a Joan Crawford que le diga que le quiere aunque sea mentira. Creo a pies juntillas que las palabras de Castro eran sinceras, “ma se non è vero, è ben trovato”.

El amor, en todo caso, brota con gestos, pero se sella con hechos. Y la campaña que empieza en Cornellà nos permitirá comprobar hasta dónde llega la magia de Castro para construir, con su estilo futbolístico, una identidad de club que Danvila tiene el reto de consolidar, mientras mantiene el tren en marcha, aunque sea haciendo el funambulista, como con la inscripción de futbolistas sobre la bocina, un clásico ya. El estoicismo, ya saben, esa máxima grabada a fuego en las “barras azulgranas de tu clásico jersey”.

Disfrutemos de lo que viene. Lo merecemos. I avant!

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