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Opinión

Un futuro para el Sidi Saler

Lo que en su día nació como uno de los últimos grandes desarrollos turísticos del franquismo acabó convirtiéndose, con el paso de las décadas, en la sombra de lo que fue

Un nuevo Sidi Saler camuflado entre dunas y árboles

Redacción Levante-EMV

Desde que abrió sus puertas en 1976, la silueta del hotel Sidi Saler ha permanecido unida al paisaje de la Devesa y del Parque Natural de l’Albufera. Sin embargo, lo que en su día nació como uno de los últimos grandes desarrollos turísticos del franquismo acabó convirtiéndose, con el paso de las décadas, en la sombra de lo que fue.

Los cambios en la ordenación urbanística, la necesaria protección del entorno natural y el deslinde de Costas -que adscribió los terrenos al dominio público marítimo-terrestre- frenaron en seco su proyección. Cerrado definitivamente en 2011, sobre el inmueble ha sobrevolado durante años la amenaza de la demolición, una opción respaldada en su momento por el anterior gobierno municipal.

El futuro

Ahora se atisba un nuevo escenario para el complejo y su futuro. Una empresa valenciana ha adquirido el inmueble a dos fondos de inversión en una operación condicionada a la obtención de las autorizaciones administrativas correspondientes. A diferencia del bloqueo de etapas anteriores, este giro estratégico cuenta, al menos sobre el papel, con la sintonía de las tres administraciones implicadas. El Ayuntamiento de València rechaza la demolición y aboga por una reapertura sostenible, mientras que el Ministerio de Transición Ecológica, a través de Costas, sostiene que la concesión no puede revocarse si el proyecto no altera la volumetría del inmueble. Por su parte, la Generalitat contempla un marco normativo para l’Albufera que haga compatible la restauración del edificio con la protección de sus valores ambientales.

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Redacción Levante-EMV

El proyecto planteado no se limita a la reconversión de las instalaciones en un hotel ‘premium’ de cinco estrellas con menor capacidad de alojamiento, piscina y restaurante. La propuesta aspira a ir más allá mediante una batería de actuaciones dirigidas a integrar el edificio en el parque, que incluyen la creación de un centro de investigación y recuperación de fauna marina, la repoblación forestal, la regeneración del cordón dunar y la transformación de la cubierta en un gran jardín.

Las incertidumbres

Sin embargo, el camino hacia la reapertura no está exento de incertidumbres. En el ámbito judicial, el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana aún debe pronunciarse sobre la caducidad de las licencias de rehabilitación y actividad de un complejo que permanece fuera de ordenación. Al mismo tiempo, persiste un intenso debate político y social alimentado por colectivos ecologistas y fuerzas de la oposición, que siguen viendo en el inmueble un símbolo ajeno a la sostenibilidad del paraje.

La reconversión del Sidi Saler representa una oportunidad para cicatrizar una prolongada herida urbanística en un espacio de excepcional valor ecológico y poner fin a un debate que lleva décadas paralizando cualquier actuación. No obstante, el éxito de la operación dependerá de que los compromisos de integración ambiental se traduzcan en hechos incuestionables y de que los tribunales despejen definitivamente cualquier sombra sobre su encaje legal.

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