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Opinión

València

100 días en el Corredor Mediterráneo

El Corredor Mediterráneo supondrá un salto decisivo en competitividad y eficiencia para España.

El Corredor Mediterráneo supondrá un salto decisivo en competitividad y eficiencia para España.

El Corredor Mediterráneo ha entrado en una fase decisiva: de reivindicación histórica ha pasado a convertirse en una palanca estratégica para la competitividad de España y su plena conexión con el resto de Europa. El compromiso, expresado desde el primer minuto por el presidente Pedro Sánchez y desarrollado resueltamente por el ministro Óscar Puente, corrige una larga anomalía. En 2004, mientras la Comisión Europea y los Estados miembros avanzaban en las redes transeuropeas, el mapa ferroviario dejaba sin una sola línea al arco mediterráneo español y el Gobierno de Aznar mantenía una visión centralista, excluyente y radial con la única propuesta de un Corredor Central. La inclusión del Corredor Mediterráneo en los corredores transeuropeos fue promovida por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, con acciones iniciadas en 2005 y formalizadas ante la Unión Europea durante su mandato.

Hablar del Corredor Mediterráneo significaba explicar una y otra vez, especialmente en Madrid, su importancia estratégica para España y para Europa. El claro compromiso de algunos profesores universitarios, particularmente del profesor Josep Vicent Boira, una importante movilización de las organizaciones empresariales y de la sociedad civil y de medios de comunicación como Levante EMV, contribuyeron decididamente a cambiar el rumbo.

Cada avance que hoy se materializa en kilómetros de vía, espectaculares viaductos y túneles, nuevas estaciones, terminales logísticas y nuevas conexiones ferroviarias tiene un significado especial para muchos valencianos.

Los datos explican por qué el Corredor Mediterráneo es una prioridad de país: por el arco mediterráneo se mueve el 50% de las mercancías terrestres de España, se concentra el 50% de la producción industrial y se genera el 45% del PIB.

El Corredor conecta los principales puertos, centros logísticos y empresas que necesitan una red ferroviaria moderna, eficiente e integrada en Europa para competir en mejores condiciones. También está transformando profundamente ciudades, liberando nuevos espacios urbanos que mejorarán la calidad de vida de millones de ciudadanos como en el caso del nuevo canal de acceso a Valencia (y posteriormente la estación central y el túnel pasante) o las nuevas estaciones de Murcia y Almería.

El momento actual confirma ese cambio de escala: más de 800 kilómetros se encuentran en obras de forma simultánea y las inversiones superan los 100 millones de euros mensuales. Nunca el Corredor había alcanzado un nivel de actividad semejante, ni había ofrecido una señal tan clara de ejecución, compromiso institucional y horizonte de culminación.

Las actuaciones avanzan en todos los tramos y permiten vislumbrar un horizonte mucho más cercano. Obviamente, conforme avanzamos hacia la meta aumenta la ansiedad por conocer fechas concretas. Sin embargo, no hay que olvidar que la complejidad de este tipo de infraestructuras hace que, pese a que la voluntad sea inquebrantable, los calendarios están siempre condicionados por numerosos factores técnicos, ambientales y operativos en muchas ocasiones difícilmente previsibles.

El Corredor Mediterráneo no es únicamente un proyecto español, sino una pieza fundamental de la red transeuropea de transporte. El reiterado reconocimiento recibido en Bruselas por parte de las instituciones europeas confirma que el trabajo realizado está dando resultados y que España está cumpliendo un papel muy destacado dentro de este gran eje ferroviario continental.

Resulta especialmente significativo el esfuerzo realizado en materia de interoperabilidad ferroviaria esencial para facilitar la fluidez de las conexiones. La implantación del sistema europeo unificado ERTMS (gestión y seguridad ferroviaria) y la apuesta por una red capaz de integrarse plenamente en los estándares europeos representan un cambio profundo en la manera de entender el transporte ferroviario.

Proyectos avanzando con paso firme como la gigafactoría de baterías de PowerCo demuestran que disponer de buenas conexiones ferroviarias puede convertirse en un factor decisivo para el desarrollo económico de un territorio. Ver cómo el acceso ferroviario al puerto de Sagunto se acerca a su finalización permite comprender la estrecha relación entre infraestructuras, empleo y oportunidades de futuro. La entrada en funcionamiento de la renovada línea con Teruel y Zaragoza prevista para el primer semestre del próximo año supondrá también un importantísimo avance para las comunicaciones ferroviarias.

Del mismo modo, la inminente puesta en marcha de instalaciones como la terminal logística de La Llagosta o la terminal intermodal de Fuente de San Luis tendrán un impacto determinante en la competitividad de nuestras empresas y en la capacidad de trasladar mercancías de forma más sostenible.

ADIF y los operadores ferroviarios ya planifican también las líneas de alta velocidad que permitirán a decenas de millones de pasajeros conexiones de alta velocidad desde Almería, Murcia, Alicante, Valencia, Castellón o Barcelona, entre otras.

El Corredor Mediterráneo no será únicamente una infraestructura ferroviaria: será el resultado de décadas de esfuerzo institucional, empresarial y social, y la prueba de que una reivindicación justa puede convertirse en una transformación histórica. Para las regiones mediterráneas, significará nuevas oportunidades, más actividad económica, empleo y sostenibilidad; para España, supondrá un salto decisivo en competitividad y eficiencia; para Europa un potente espacio mejor conectado y más seguro.

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