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Opinión

José Miguel Martínez Castelló

José Miguel Martínez Castelló

Doctor en Filosofía y profesor de bachillerato de filosofía, psicología y religión en el Patronato de la Juventud Obrera de Valencia (PJO)

El eclipse de la decencia política

El eclipse en su momento de totalidad desde la playa de Moncofa

El eclipse en su momento de totalidad desde la playa de Moncofa / Marcos Cervera

El eclipse ha llegado a nuestro país como algo más que un fenómeno astronómico. Ha resultado un fenómeno social de primer orden. Los motivos son claros: el eclipse esconde una metáfora humana que nos define y nos describe en la lucha por atisbar la claridad y la luz en lugar de la oscuridad y la tiniebla. Una de las luchas que han configurado la cultura humana es este afán por comprender, hallar luz, esto es, logos, razón a los acontecimientos que nos rodean. Siempre nos ha definido bucear en lo arcano, en lo mistérico de lo más profundo del alma humana. A pesar de los pesares, un ámbito de claridad, de razón debería ser la política porque es el instrumento que nos hemos dado para gestionar la sociedad que es nuestro único y posible hábitat. Siendo testigos de lo que está aconteciendo este verano, desde los incendios, casos de corrupción, áticos desembocando en Ceuta, podemos afirmar que vivimos un eclipse constante de la política sin ningún resquicio de luz que nos lleve a cierta esperanza. Los dimes y diretes de unos y otros, el sí, pero no, las justificaciones imposibles como las de Ayuso o la cara dura y sinvergüencería de un presidente que nos aconseja música o libros cuando se está dando una tragedia humana con el sufrimiento añadido de miles de compatriotas resultan de juzgado de guardia. Por cierto, que recuerden ciertos políticos, como ha dicho recientemente Javier Gomá, que “quien lee poco suele estar impaciente por recomendar públicamente lo poco que lee”.

Puesto que ahora está tan de moda esto de los libros y demás, toda nuestra clase política dirigente debería acudir a Margarite Yourcenar porque en Memorias de Adriano la escritora francesa señala la virtud sin la cual la política cae en lo que estamos viendo con una prevaricación sistemática de sus funciones: la decencia. En una cita histórica nos recuerda: “La moral es una convención privada; la decencia, una virtud pública”. Alude a que un líder político como un ciudadano de a pie, tienen una moral para sus asuntos privados, pero en el momento que accede al ámbito público está obligado a aplicar la mesura, el respeto y la honestidad en actos y palabras. En otras palabras, el respeto sagrado hacia los demás, a la convivencia y la responsabilidad en el ejercicio del poder. Estos valores conforman la decencia pública y política, una actitud humana, un máximo ético en toda gestión del poder. El eclipse solar que acabamos de vivir duró lo que duró; en cambio, el eclipse político que vivimos resulta asfixiante por su perpetuidad.

Cicerón en Sobre los deberes marcaba los dos preceptos que debía regir el gobierno del Estado: “El primero, defender los intereses de los ciudadanos de forma que cuanto hagan lo ordenen a ellos, olvidándose del propio provecho; el segundo, velar sobre todo el cuerpo de la República, no sea que, atendiendo a la protección de una parte, abandonen a las otras”. Cicerón y Yourcenar radiografían los vicios que han contaminado nuestra vida política. La decencia es un vestigio del pasado. La mesura ya no existe porque los abruptos se han alzado como la nueva arma arrojadiza de la que hacer su uso diario. Mientras tanto, no lo olvidemos, todo sigue igual, y dentro de un año, se darán los mismos incendios, los precios estarán por las nubes arruinando el poder adquisitivo de la población, la juventud mirará más allá de nuestras fronteras para hallar un futuro mejor. Y así con todos y cada uno de los problemas que, al igual que la clase política, se harán perpetuos y la ciudadanía clamará cansada: “Hasta cuándo un poco de decencia”. Esperemos sentados.

José Miguel Martínez Castelló es Doctor en Filosofía y profesor de bachillerato de filosofía, psicología y religión en el Patronato de la Juventud Obrera de Valencia (PJO)

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