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Opinión | Música

València

Medusa sigue sin ser Tomorrowland

Tomorrowland ha sido, es y será el reino idílico de la electrónica, pero Medusa está construyendo su propia corona, esta vez junto al Mediterráneo

Steve Aoki, Carl Cox y Alok desafían al calor en una segunda jornada del Medusa que arrancó dos horas más tarde

Steve Aoki, Carl Cox y Alok desafían al calor en una segunda jornada del Medusa que arrancó dos horas más tarde / Levante-EMV

Que no se malinterprete. Es complicado llegar al nivel del festival que ya se ha convertido en el máximo icono de la música electrónica a nivel mundial. Pero no es una crítica, sino un elogio al festival que ha deslumbrado Cullera por decimosegunda vez. Medusa Festival sigue manteniendo esa esencia de Valencia, sigue oliendo a pólvora, a pirotecnia y se sigue escuchando el sonido que una vez caracterizó la ciudad, hace ya algo más de 30 años.

El festival valenciano ha entendido algo esencial: crecer no significa perder el acento ni la identidad del lugar al que pertenece. Tomorrowland sigue siendo uno de los espejos en los que mirarse para mejorar, pero no un referente al que calcar cada detalle. Nombres de la talla de Dimitri Vegas, Tiesto, Steve Aoki, Sara Landry o Alok conviven en perfecta armonía con DJs nacionales como Wade, que conquistó el escenario principal con su versión de ‘El Fallero, Pastis&Buenri y Sisu, que llenaron ‘Dharma’ con el sonido ‘makina’ tan icónico de la ya extinta ‘Ruta Destroy’, Fatima Hajji, DJ Nano o Adrian Mills. A ellos también se suman Lucía Gea, Brenda Serna, Javi Boss o Ismael Lora, los representantes valencianos que cargaban con el peso de honrar a la Comunitat Valenciana en el que es uno de los eventos musicales más importantes del año. Cumplieron con creces, representaron a la autonomía entera y demostraron que nada hay que temer al resto de España.

Luego aparece el fuego. Hablar de pirotecnia en València es peligroso, son palabras mayores. No se trata de un complemento de la ciudad, sino que forma parte de la idiosincrasia, es un lenguaje necesario del espectáculo, es la viva esencia de lo que significa València, y Medusa parece haberlo entendido a la perfección. El cielo nocturno no acompaña al escenario, sino que se vuelve un alargue más de él. Los fuegos artificiales que rodeaban ‘Apsaras’, nombre del escenario principal, han sido la viva imagen de la batalla que Cullera ha ganado a Boom, ciudad donde se celebra Tomorrowland, que apenas contó con pirotecnia durante las dos semanas que duró el festival. A los castillos se suman los drones, que ofrecieron una representación aérea digna de hacer alcanzar el éxtasis visual. Es la viva expresión que la herencia valenciana deja en el festival: cuando algo tiene que terminar a lo grande, se termina mirando al cielo.

Momento del espectáculo pirotécnico celebrado en el Medusa de Cullera.

Momento del espectáculo pirotécnico celebrado en el Medusa de Cullera. / J. Penadés

Medusa no ha destronado a Tomorrowland. El rey seguirá sentándose en el trono, aunque a veces aparezca alguien dispuesto a ocuparlo. Su escenario volverá a ser en 2027 una referencia mundial, pero ‘Apsaras’ ha sido capaz de demostrar que Cullera ya no necesita copiar ese camino de luces, sino que se está labrando su propio camino a base de esfuerzo y esencia valenciana, que cada vez está más presente en el cartel, en el espectáculo y en los escenarios. Tomorrowland ha sido, es y será el reino idílico de la electrónica, pero Medusa está construyendo su propia corona, esta vez junto al Mediterráneo. Y quizá, esa haya sido su mayor victoria: entender que para ser grande no siempre hay que copiar al mejor.

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