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Opinión

La burla de la justicia

Vera, una de las niñas que murió en el accidente de los hinchables de Mislata en 2022.

Vera, una de las niñas que murió en el accidente de los hinchables de Mislata en 2022. / L-EMV

Han tenido que pasar cuatro años y medio para que la jueza de Mislata y sus compañeros de la Audiencia den por cerrada la investigación sobre el hinchable en el que murió nuestra hija. Mil seiscientos cincuenta y ocho días de rabia y dolor en los que hemos aportado evidencias sobre la responsabilidad del ayuntamiento junto a los feriantes. Tiempo más que suficiente en el que las juezas y jueces que han pasado por el caso se han negado una y otra vez a pedir explicaciones a quienes tenían los recursos para garantizar la seguridad de la feria y no los utilizaron.

El fiscal nos advirtió, antes de empezar la investigación, que lo más inteligente era apuntar solo a los feriantes y olvidarnos del ayuntamiento. Puede que tuviera razón y el consejo fuera con buena intención para no hacernos perder el tiempo. Pero le prometimos a Vera que perseguiríamos a todos los señores malos que le robaron la vida para que la justicia pudiera castigarlos. Hoy sabemos que no podremos cumplir la promesa. Cerrada la investigación, en espera del juicio, son todos los que están pero no están todos los que son.

Desde el momento en que fuimos conscientes de que estábamos inmersos en un proceso penal, hemos pedido cosas de sentido común que la justicia nos ha negado por sistema. Primero fue la declaración del concejal de Fiestas y cuñado del alcalde. El tipo que hablaba con los feriantes y que permitió abrir la feria sin ningún tipo de licencia. Luego fue la del concejal de Industria, que no tramitó las normas para abrir la feria. Y lo último que hemos suplicado es que mantuvieran en la causa al funcionario imputado: el único vínculo que mantenía al ayuntamiento como corresponsable de la mayor tragedia en la historia de Mislata y de nuestras vidas.

La justicia no ha llegado a pedir explicaciones a ninguno de los concejales. Y al funcionario imputado, que confirmó en su declaración que el ayuntamiento se desentendió del control de la feria, lo ha terminado absolviendo. En abril, la jueza de Mislata decidió cerrar la instrucción tras escuchar al último testigo, un técnico de Fiestas. El hombre dejó claro que no era suficiente la licencia de ocupación del suelo para abrir la feria; alegó que el funcionario investigado debió inspeccionar las atracciones, como indica la Ley de Espectáculos Públicos de la Comunitat; y negó la existencia de documentos que certificaran la correcta instalación del hinchable. La reacción de la jueza fue liberar al funcionario del futuro juicio. Volvíamos a la casilla de salida, a la propuesta que nos hizo el fiscal días después de la muerte de nuestra hija, sin haber empezado si quiera la investigación.

Nos quedaba el comodín de la Audiencia y nos lo jugamos a la desesperada. Nuestro abogado confiaba en que allí atenderían la súplica y tendrían en cuenta las negligencias que apuntan al ayuntamiento. Hace unos días, dos magistradas y un magistrado dieron por buenas las interpretaciones de su compañera de Mislata y firmaron un auto que nos quita la poca esperanza de cumplir la promesa que hicimos a nuestra hija. Más dolor, más rabia, más impotencia.

El escrito de la Audiencia es un calco de los autos de la jueza de Mislata, que nos han ido desgastando a lo largo de estos años. Que no existiera licencia de apertura; que el hinchable estuviera ubicado en un lugar distinto a los planos y más expuesto al viento; que el cambio se debiera a la cesión de un suelo público que en realidad era privado; que no hubiera un plan de emergencias; que no atendieran la alerta por fuerte vientos… Nada de esto ha sido relevante para la jueza. Admite que la gestión de la feria que hizo el ayuntamiento no fue la mejor, pero se excusa en la confusión de las normas para dejarles fuera de un juicio que trata de aclarar un doble homicidio por imprudencia grave.

La Audiencia sigue la interpretación de la jueza. Primero recoge las declaraciones del técnico de Fiestas, quien dejó claro que todo se hizo mal o no se hizo; después repasa las leyes que obligan al ayuntamiento a comprobar las condiciones de seguridad de las atracciones; y hasta dice que alguien de ese ayuntamiento debió visitar e inspeccionar el hinchable. Cuando pensábamos que iban a darnos la razón por pura lógica, dejan de apuntar al ayuntamiento y concluyen que la confusión de las normas libra de toda culpa al funcionario investigado. ‘Desde su posición subjetiva, mal se le podría reprochar una actuación penalmente relevante por imprudencia’, dice el escrito sobre el funcionario. Y remata diciendo que ‘es claro que el ayuntamiento no tenía la obligación de inspeccionar…’ Un meme, una burla. ¿Quién, si no, debía controlar la seguridad de la feria?

Solo pedíamos las explicaciones de todos los implicados para poder ser juzgados. Nunca nos meteremos ahí, en el trabajo de la justicia. Pero no nos parece normal la resistencia a escuchar a los responsables públicos de un ayuntamiento que no cumplió con el deber de vigilancia que marca la ley.

Ahora solo falta que el alcalde saque pecho y celebre públicamente que la muerte de las niñas no ha salpicado a su entorno. Después de mentirnos a la cara y de comportarse de forma inhumana todos estos años, nada puede sorprendernos ya del señor Bielsa. El mismo que ha rechazado una comisión de investigación sobre el accidente del hinchable; el mismo que nos ha acusado de calumniarle; el mismo que reclama justicia para cualquier víctima que no sea las de la feria de Mislata. Nunca hemos pedido la imputación del alcalde. Aún tenemos la cabeza en su sitio. Pero si la moral se juzgase, no habría condena suficiente para castigar el daño que nos ha hecho el alcalde de Mislata.

Ahora solo nos queda esperar un juicio que seguramente tardará en llegar. Más rabia, más dolor. Será un juicio incompleto, porque no se han sentado ante la jueza todos los que debían explicar lo sucedido: que un hinchable no estuviera amarrado y saliera por los aires con nueve niños en su interior. Dos niñas murieron y el mensaje que lanza la justicia es que los ayuntamientos no deben preocuparse si alguna vez les ocurre algo así. Siempre habrá un feriante chapucero o un ingeniero imprudente para asumir la culpa y comerse el castigo.

Nosotros ahí seguimos, sobreviviendo a un verano más que duele tanto como el primero sin Vera. El tiempo no lo cura todo. Pones buena cara y lloras hacia dentro porque la vida no se detiene. A veces te derrumbas porque no tienes la obligación de estar siempre fuerte. Entonces sientes que has perdido el tiempo, que se han reído en tu cara. Es lo que pasa cuando descubres la burla de la justicia.

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