Opinión
Antonio Machado y el relato de Villa Amparo

Villa Amparo. / Levante-EMV
La recuperación de Villa Amparo es una magnífica noticia para Rocafort y para el patrimonio cultural valenciano. Su rehabilitación permitirá conservar uno de los edificios más emblemáticos del municipio mediante una restauración rigurosa y respetuosa con sus valores históricos.
No quisiera prejuzgar cómo será Villa Amparo cuando abra sus puertas, previsiblemente dentro de algo más de un año. Sin embargo, el proyecto museístico conocido hasta ahora pone, en mi opinión, un acento desequilibrado en la arquitectura de la casa —definida en el propio documento como un «museo de sí misma»—, en sus jardines y en la historia de sus propietarios, mientras que la estancia de Antonio Machado queda reducida a una de las diez salas del recorrido. Es una decisión difícil de entender para quienes hemos trabajado en los últimos años por situar a Rocafort en la geografía machadiana, junto a Sevilla, Madrid, Soria, Baeza, Segovia, Barcelona y Collioure.
Villa Amparo no es un lugar singular por su arquitectura. Lo es porque, entre diciembre de 1936 y abril de 1938, fue el hogar de Antonio Machado durante la capitalidad valenciana de la Segunda República. Allí escribió parte de su última obra, recibió a intelectuales como María Zambrano, Rafael Alberti, Max Aub o Elena Garro —quien evocó su visita en Memorias de España, 1937— y vivió los meses previos al exilio que culminaría en Collioure. Esa historia es la que convierte a Villa Amparo en un lugar excepcional.

Escrito de Antonio Machado de Rocafort. / Tomás Gorria
Tuve la suerte y la oportunidad de comprobarlo como diseñador, comisario y guía de la exposición organizada por la Generalitat Valenciana entre 2022 y 2023 en la primera planta de la Villa. Los visitantes no acudían solo a conocer un edificio histórico; querían recorrer los espacios donde vivió y escribió Machado. La casa emociona porque conserva la huella del poeta.
Por eso sorprende que el proyecto invierta el relato y convierta a Machado en un episodio más de la historia del edificio. Otras casas-museo dedicadas a escritores, como las de Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti o Francisco Brines, sitúan a sus autores en el centro del discurso expositivo. Lo mismo ocurre en ciudades machadianas como Soria, Baeza o Segovia.
Todavía estamos a tiempo de enriquecer el proyecto. El Consejo Sectorial Antonio Machado del Ayuntamiento de Rocafort ofrece el marco adecuado para incorporar la mirada de especialistas, asociaciones y ciudadanía. Villa Amparo puede convertirse en un referente cultural si une la excelencia de su restauración con un relato capaz de explicar por qué ocupa un lugar tan destacado en nuestra memoria colectiva.
La cuestión es sencilla: dentro de veinte años, ¿qué recordará quien la visite: la historia de una casa o la del poeta que la convirtió en un lugar universal?
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