Opinión
Prevención de incendios: no olvidemos lo esencial

Varios efectivos del INFOCA luchan contra el incendio forestal de Niebla (Huelva) / INFOCA
Hace unos días el señor Ferràn Dalmau publicó, en este mismo diario, un artículo dedicado a criticar, muy legítimamente, a los ecologistas, al informe elaborado por Acció Ecologista-Agró denominado: Prevenció vol dir evitar incendis y, finalmente a mí mismo, ya que recibo una inusitada atención por su parte, que realmente, no merezco. Agradezco su interés, pero no voy a entrar en este juego. En su escrito acumula gran cantidad de afirmaciones sobre temas diversos, alguno de los cuales no hemos tratado en nuestro informe, y me atribuye afirmaciones incorrectas, que no reconozco como mías. Pero no pienso entrar a rebatir todas estas cosas porque el resultado sería largo y tedioso y, sobre todo, porque así desviaríamos la atención del eje central de nuestras afirmaciones y propuestas, para diluirlas en un mar de temas y anécdotas colaterales. Por el contrario, deseo subrayar lo esencial de nuestras propuestas
Nuestro informe se presentó públicamente en abril, anticipando la previsible oleada de incendios que estamos padeciendo este verano, pese a que el año 2025 fue muy benigno en nuestro territorio y escapó al desastre que se vivió en otras partes de la Península. No debemos analizar un problema como el de los incendios fijándonos sólo en una sola temporada. Necesitamos estudiar el tema con la máxima amplitud temporal, para obtener conclusiones fiables. Y es lo que hicimos. Nos centramos fundamentalmente en la prevención de incendios y no entramos a fondo en otros temas (cosa que parece reprocharnos el sr. Dalmau) porque no pretendíamos redactar un tratado de ecología forestal sino focalizar el informe en un aspecto esencial, sin despreciar otros, como explicamos en las primeras frases del texto. Consideramos que la prevención es la etapa fundamental de la lucha contra el fuego; que tiene otra fase, muy importante también, que es la de extinción. Parece obvio que si tenemos éxito en mejorar la prevención y disminuye de manera importante el número de incendios, como pretendemos, evitaremos muchos daños ambientales y sociales; ahorraremos mucho dinero; y facilitaremos también las tareas de extinción, al tener muchos menos fuegos a combatir. Por otra parte, se constata en los datos que la extinción (medida por el número de hectáreas quemadas) ha mejorado claramente en las últimas décadas, cosa que no se aprecia de ninguna manera en el número de incendios, que es mejor indicador de la eficacia en la prevención.
También destacamos el sentido en el que utilizamos la palabra prevención, para que no haya ambigüedades. Ya sabemos que otros, como el propio sr. Dalmau, usan la palabra de otra manera y con otro sentido. En nuestra opinión ese uso confuso del término prevención es inadecuado y no ayuda en absoluto a clarificar conceptos y a luchar con más eficacia en la reducción de los incendios. La prevención necesita unas estrategias distintas e involucra a equipos y colectivos diferenciados de los que se requieren en la extinción. De hecho, las dos fases, dependen de estructuras administrativas distintas y de presupuestos diferenciados, aunque, de manera equívoca, una parte de las medidas de extinción se “cargan” en prevención, generando un error de percepción en la población. Pese a ser dos etapas distintas, administraciones y técnicos forestales acostumbran a incluir una parte de las actuaciones de extinción en la prevención. Estoy convencido que esta “mezcla” dificulta que se establezcan medidas más eficaces de prevención y también creo que el “error” no es inocente, y tiene consecuencias indeseables.
En nuestro informe destacamos que la prevención, en el sentido literal y real, de evitar incendios, no ha mejorado desde que empezamos a tener estadísticas (1968). El número promedio anual de incendios en todo el periodo de 56 años está próximo a los 400. Este numero no ha variado sensiblemente entre los años 70-80 y los últimos 20 años. La conclusión que obtenemos es que la prevención está fracasando, en base al indicador más indiscutible, el número medio de incendios anuales. Ha estado fracasando durante más de cinco décadas. No hay ninguna tendencia clara a la mejora. En 56 años, los progresos son del 0 %. No es de extrañar, puesto que, en lo sustantivo, la estrategia de prevención que se tenía desde los primeros años documentados hasta la actualidad es la misma y descansa en actuaciones que, ninguna de ellas evita ningún incendio. Por esto reclamamos un cambio de estrategia hacia la auténtica prevención: evitar los fuegos de origen humano. Éstos son el 80% aproximadamente del total, cifra que de momento nadie, ni el sr. Dalmau, discute. En el conjunto español se dan cifras aún más elevadas, entre el 90 y el 95%. Nosotros nos mantenemos todo el tiempo manejando las cifras referidas al País Valenciano ya que son las que mejor conocemos y las que nos importa especialmente modificar. En otros lugares las condiciones particulares pueden ser bastante distintas y hay que ser prudentes al extrapolar.
La nueva estrategia de prevención que reclamamos se ha de centrar, como prioridad, en evitar los incendios evitables, todos los de causa humana. El objetivo no puede ser otro que intentar reducirlos a 0. Evidentemente el objetivo es ambicioso y puede que no se logre al primer intento, en la primera temporada y en todas partes de nuestro territorio. Pero cualquier avance habríamos de saludarlo como un éxito. Un 50% de reducción seria fabuloso; un 75 % fantástico… pero el objetivo ha de seguir siendo, hasta el final, llevar a 0 los incendios evitables, todos. Para ello se requieren medios, actuaciones contundentes, de tipo regulatorio, de planificación, con estrategias específicas para combatir cada causa, con sistemas que mejoren la vigilancia, el control y la disuasión, así como la sanción de las actuaciones inadecuadas… y todo eso requiere también inversiones. Y aquí, si analizamos las inversiones actuales, encontramos la explicación del notable fracaso de la prevención actual.
Efectivamente, un hecho que hasta ahora nadie había notado, ni destacado, ni criticado, es que las inversiones que se dedican a evitar incendios son una verdadera “miseria” en el conjunto de la prevención, cuando deberían ser las más destacadas, y con diferencia, de las inversiones. Son datos que nosotros hemos dado a conocer, y que son de importancia fundamental para explicar porqué no se avanza en evitar los fuegos de origen humano. Casi todo el mundo dice, incluso el sr. Dalmau, que seria “deseable” evitar al menos una buena parte de los incendios. Pero si no se reclaman más medidas, y más ambiciosas, y más inversiones en este campo, es como hacer un brindis al sol con las copas vacías. Hemos totalizado las inversiones previstas en todos los planes de prevención de incendios forestales (PPIF) de las 11 demarcaciones en que se divide el territorio valenciano
El resultado es que de los más de 611 millones de euros que se contemplan (para 10 años) la inmensa mayoría van a parar a una serie de actuaciones, recogidas en el capítulo de Infraestructuras preventivas, tales como cortafuegos, limpiezas y otras variedades de eliminación de vegetación de los bosques. Representan más del 90% de las inversiones en “Prevención”, cuando, en realidad, no están diseñadas para evitar ningún fuego. Su función real es, principalmente, servir de apoyo, de diversas maneras, a las tareas de extinción del fuego. Medidas que, de servir, servirían, “a posteriori”, cuando el fuego ya corre sin control, cuando ya es tarde, cuando ya ha fracasado la prevención en sentido estricto.
A las medidas auténticamente preventivas, agrupadas con el nombre de Prevención de causas se les dedica menos del 10% del presupuesto. Por otra parte, cuando se lee la letra menuda de las actuaciones propuestas, la mayoría resultan ser carteles, charlas, medidas de concienciación, vagas, genéricas, a modo de recomendaciones, consejos y otras actuaciones voluntaristas. Sin objetivos precisos ni cuantificados, sin medidas de verificación ni evaluación… ¿Cómo se va a hacer frente a la diversidad de causas humanas (por otra parte ya identificadas y cuantificadas en esos mismos documentos) sin estrategias rigurosas, bien estructuradas para cada una de ellas, y sin sistemas de vigilancia y control… Causas que, por cierto, también nosotros hemos extraído del conjunto de planes de demarcación y hemos ordenado por importancia en cada una y las hemos recogido en una tabla de conjunto, que permite, de un vistazo, saber cuáles son las más frecuentes y en que sitio. También podría haberlo hecho cualquiera, pero no hemos visto publicada una tabla-resumen de este tipo. Por lo tanto, ya existe información de partida y detallada; mucho más si consideramos que luego, en cada municipio, de casi los 500 de naturaleza forestal, se dispone también de un plan local con información de su territorio.
La actual proliferación de grandes incendios, la inmensa mayoría de causa humana, no está llevando ni a técnicos ni administraciones, a proponer y poner en marcha planes ambiciosos para incrementar los recursos ni mejorar las estrategias para evitar los fuegos de causa humana, que son mayoritariamente los que queman nuestros campos y montañas (y nuestras casas, si nos descuidamos). Por el contrario, las voces que más se oyen en medios de comunicación, como la del sr. Dalmau, se dedican a defender la estrategia de siempre, la que puso en marcha el Icona franquista, la que viene fracasando más de 50 años, y piden invertir más y más dinero en las medidas de siempre, que están resultando incapaces de evitar la inmensa mayoría de incendios de causa humana.
Esta situación para nosotros es escandalosa. No se ha hecho un análisis profundo de porqué fracasa la prevención y en vez de ello, la única vía que se propone es hacer lo de siempre, pero con más intensidad. Una vía que el cambio climático, está sentenciando: si no evitamos la inmensa mayoría de incendios, cosa que entra dentro de lo factible; ya podremos abrir infraestructuras de contención o barrera de los fuegos que, en las condiciones desfavorables que se prevén cada vez más frecuentes e intensas, serán superados por las llamas, como reconoce el sr Dalmau que está ocurriendo ahora. Estas actuaciones de eliminación de vegetación, que consumen de manera inaceptable la mayoría de los recursos dedicados administrativamente a la prevención, especialmente los cortafuegos, son muy caros, tienen graves impactos ambientales, no evitan ningún incendio, y muchas veces fracasan también en relación al objetivo real para el cual se diseñan, para detener un fuego ya declarado.
Aun así, nosotros, a pesar de lo que afirma machaconamente el sr. Dalmau, jamás hemos dicho que no ha de hacerse ni un solo cortafuegos ni otras medidas de discontinuidad vegetal (localizadas). Se puede leer en nuestro informe, expresado así de claro. Lo que sí decimos son dos cosas muy concretas: En primer, lugar afirmamos que esas medidas no evitan incendios, nunca lo hacen y por lo tanto, no se pueden conceptuar de manera estricta como preventivas, porque tal asignación es falsa y porque sirve para esconder el hecho escandaloso de que a evitar incendios, estrictamente, se dedican sólo miserias. No es una discusión filológica. Llamar preventivas a estas actuaciones es un intento de hacer creer a los ciudadanos que “ya se invierte mucho dinero en evitar incendios” cuando es falso. Estas actuaciones se deben incluir dentro de la fase de extinción, puesto que mayormente son medidas para ayudar a esta tarea de diferentes formas o para proteger zonas habitadas, cosas que son importantes, pero diferentes a las necesarias en la fase de prevención.
En segundo lugar, reclamamos que se revisen esas actuaciones de manera objetiva y sistemática y que se justifiquen individualmente en base a los objetivos concretos que tengan cada una de ellas y que pueden ser diversos; sea para detener un fuego, servir de apoyo a los equipos de extinción o para proteger bienes y edificaciones humanas. Y que se cumplan unas condiciones que actualmente no se cumplen de manera general. Condiciones como analizar mejor los impactos ambientales, para minimizarlos; justificar de manera clara su ubicación en base a su objetivo concreto; y evaluar los resultados de cada una de ellas, mostrando la relación clara entre inversiones y resultados obtenidos. Finalmente, y para desmentir lo que afirma el sr. Dalmau y tranquilizarle, también decimos (y queda muy claro en el informe) que, dentro de las medidas de contención y barrera hay unas que, de entrada, siempre que estén ejecutadas correctamente, no discutimos y consideramos prioritarias: la defensa de los núcleos habitados y poblaciones. Es allí dónde, por ejemplo, se podrían concentrar espacios habilitados para el pastoreo extensivo, como alternativa preferible a medidas más impactantes, como el uso de maquinaria; todo ello, consensuando con los vecinos afectados su realización, para minimizar impactos.
Tampoco hemos dicho que esas medidas “no sirven para nada”. Esa exageración no es nuestra. Decimos, eso sí, que no siempre sirven, obviedad que reconocen muchos técnicos y el mismo sr. Dalmau, e insistimos, eso sí, qué con el cambio climático, cada vez servirán menos, lo que también resulta evidente. Si no cambiamos la estrategia actual de prevención, cualquier pequeño incendio, aparentemente insignificante, absurdo, negligente, accidental, de poca importancia…se convertirá en un desastre.
Hay muchas cosas que ignoro, siempre según el sr. Dalmau, que me atribuye una extensa serie de ignorancias que lamento no tener espacio para rebatir, así que ignorante me quedo. Pero tiene mucha razón especialmente en un caso. Ignoro cuantas hectáreas se han salvado gracias a los cortafuegos en los grandes incendios de este año, y me gustaría saberlo. Pero estoy seguro que el Sr. Dalmau tampoco lo sabe. Así que le pido que cuando pueda lo explique y lo demuestre, no a base de suposiciones, sino con datos fiables. El sr. Dalmau, nos acusa de desconocer datos, cuando nuestro estudio rebosa de ellos, todos públicos, contrastables y verificables; y que no son nuestros, también son los suyos, los únicos que hay, los oficiales. Sin embargo, él no prodiga datos en su escrito, generaliza, afirma estar seguro de muchas cosas, supone unas y está firmemente convencido de otras, pero no muestra los datos que sustentan sus suposiciones. Uno de los pocos datos que muestra, está referido a un solo año, 2022, en el que los rayos (la única causa natural) supusieron el 33% de los incendios, que quemaron el 96% de la superficie afectada. Supongo que el dato lo cita para intentar restar importancia a la gravedad de los incendios de causa humana. que son justamente los que nos centramos en combatir y evitar (los rayos, son intrínsecamente inevitables, pero siguen siendo un porcentaje muy bajo del total). No es muy serio considerar un solo año cuando disponemos de datos de casi 60 años. Nosotros sí que hemos analizado los grandes incendios forestales (GIF, de más de 500 ha) desde a 1968 a 2023 (56 años) y hemos constatado, a partir de las estadísticas oficiales, que en este periodo se han producido 231, en el territorio valenciano. De origen humano 204, el 88%. Y en conjunto, estos grandes incendios de origen humano quemaron 422.870 ha, casi el 75% de toda la superficie recorrida por las llamas en los GIF. Esos incendios y esas hectáreas quemadas se podrían haber evitado, y no fue así, por falta de una potente estrategia de prevención, que aún no tenemos.
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