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Opinión

Clima: preparados para lo que viene

Este verano constata que no hay espacio para el negacionismo

Calles inundadas en el Perellonet la semana pasada por las lluvias.

Calles inundadas en el Perellonet la semana pasada por las lluvias. / Germán Caballero

El verano de 2026 será recordado como uno de los más extremos de las últimas décadas en la Comunitat Valenciana. A un julio «extremadamente cálido», según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), le ha seguido un agosto de temperaturas récord, noches tórridas, incendios y fuertes tormentas. Y, además, ahora hay que añadir un nuevo episodio que, aunque para los meteorólogos no es nuevo, para la inmensa mayoría de la ciudadanía sí: los reventones cálidos y húmedos.

Esta semana, uno de ellos dejó en Alzira rachas de viento cercanas a los 150 kilómetros por hora y numerosos daños, entre ellos el derrumbe de parte de la iglesia de Santa Catalina. Fuentes de Aemet admiten que estos fenómenos «de escala reducida» podrían ser ahora «más frecuentes e intensos» debido a «un ambiente más cálido y energético», aunque advierten de que todavía no existe suficiente evidencia científica y «hay que seguir investigando».

Todo esto está ocurriendo en un verano tan excepcional que todo el mundo se ha percatado, sin espacio para negacionismos. La anomalía térmica de junio y julio supera los tres grados y la Comunitat Valenciana ha vivido cuatro olas de calor y seis episodios cálidos, con una máxima de 44,8 grados en Carcaixent. A ello se suman hasta 22 noches tórridas y mínimas históricas.

El calor también mata. Los datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) contabilizan 388 fallecimientos atribuibles a las altas temperaturas desde junio hasta el 19 de agosto. Y también seca. Tras una primavera que favoreció el crecimiento de la vegetación, la falta de lluvias y las temperaturas extremas han convertido esa biomasa en combustible. El suelo comenzó agosto con una humedad inferior al 10 % en buena parte del territorio.

Y mientras agosto toca su fin, la mirada se dirige ya hacia el otoño. De las olas de calor y los incendios a las tormentas y las posibles danas.

El Mediterráneo se encuentra alrededor de tres grados por encima de lo habitual y supera los 28 grados de media en su parte occidental. La boya de València alcanzó los 29,52 grados los días 15 y 16, cerca del récord de 29,72 de julio de 2023. Según explican los meteorólogos, un Mediterráneo demasiado caliente supone un enorme almacén de energía para la atmósfera.

Eso no significa que vaya a producirse una dana. Como insisten los expertos, para que se generen precipitaciones torrenciales deben confluir otros factores, como aire frío en altura y una determinada configuración atmosférica. El mar caliente es solo uno de los ingredientes.

Todos hemos aprendido del 29 de octubre, que tantas vidas segó, la importancia de estar preparados ante cualquier episodio meteorológico adverso. De que la información llegue a tiempo y de que la ciudadanía conozca qué está ocurriendo y cómo debe actuar.

También de la importancia de la coordinación. Entre administraciones, entre organismos y entre quienes tienen que tomar decisiones cuando cada minuto cuenta. Cecopi, Cecopales, Es-Alert... son palabras que ya no nos suenan extrañas.

El cambio climático está alterando el tradicional clima mediterráneo. Los expertos dicen que el calentamiento en esta región avanza alrededor de un 20 % más rápido que en el conjunto del planeta y que todo apunta a que vamos de frente hacia fenómenos climáticos extremos.

Este otoño, como los valencianos llevamos haciendo desgraciadamente desde hace siglos, volveremos a mirar al cielo con preocupación. No sabemos qué tiempo nos espera ni podemos anticipar episodios que hoy son imprevisibles. Lo que sí sabemos es que debemos estar mejor preparados. Todos.

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