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Opinión

Adiós a Paco Robles, uno de los últimos Niños de la Guerra

Adiós a Paco Robles, uno de los últimos Niños de la Guerra

Adiós a Paco Robles, uno de los últimos Niños de la Guerra / Levante-EMV

Paco Robles tenía tan sólo 9 años cuando el 21 de mayo de 1937 se embarcó en un viaje sin retorno. El vapor La Habana cargaba cerca de cuatro mil niños españoles evacuados de la guerra, aceptados por el Gobierno británico después de conocer la barbarie del bombardeo de Gernika. Era sólo un niño que partió con la única compañía de su hermana hacia Southampton, pero recordaba perfectamente como le caían las lágrimas a su madre al besarlo y despedirlo. Como tantos otros niños refugiados, no la volvería a ver, ni a ella ni a su padre, que murió en una cárcel franquista.

Paco prosperó después, aunque siempre mantuvo la tristeza de los niños perdidos. Pero primero padeció el Blitz, los bombardeos de la Luftwaffe sobre Londres, mientras trabajaba en una fábrica de munición con sólo 14 años. Un millón de casas en la city fueron destruidas, con ataques diarios durante meses. Supo también lo que era que lo miraran por encima del hombro por ser extranjero. Estuvo en casas de acogida, en Ipswich, en Carlyle, frontera con Escocia. Y en eso llegó la paz y la reconstrucción, pero él no pudo volver nunca a casa, a su país. Paco tuvo hasta el final una memoria prodigiosa, y contaba como había conocido a su mujer, también española. En Notting Hill Gate, en un baile con una banda de Gibraltar, vio por primera vez a la compañera que lo cambió todo. Y bailó con ella, y después se casó y tuvieron hijos, y la vida se abrió camino. Y dejó de estar tan sólo.

Le visité junto a mi hija Carmen en su casa de Norfolk (Londres), un adosado en una urbanización para antiguos empleados de la British Airways. Paco me atendió en el salón de su cocina con una mesa camilla en la que había un tapete enorme con un mapa de las provincias españolas. Me enseñó fotos, las de su boda, las de su hijo con uniforme de la Royal Navy, las de sus padres que no volvió a ver, y me explicó, con una memoria prodigiosa y con un castellano perfecto con un leve acento británico, como fue la vida de un Niño de la Guerra en Londres. Paco fue uno de los protagonistas del último capítulo del podcast de #ElMur, Memòria i exili, que puede oírse (y verse, que para eso es multimedia) en la web de À Punt. Ahora lo volverá a ser del documental que se estrenará el próximo otoño. Precisamente trabajo ahora con los últimos retoques del guión, y al intentar contactar con Paco es cuando me he enterado de que falleció hace unas semanas. Estaba a punto de cumplir el siglo.

Con él se va uno de los últimos testimonios directos de esos 34 mil niños que fueron evacuados de España entre 1937 y 1938, huyendo de los bombardeos y del avance de las tropas franquistas. Llegaron a Morelia, en México, a San Petersburgo, en la URSS, a Southampton, en Reino Unido, tal como lo hizo Paco. Para hacer primero los podcasts y ahora el documental, en #ElMur hemos buscado a los supervivientes por todo el mundo, conscientes del inexorable paso del tiempo y de la importancia de mantener viva su memoria. Y tuvimos el privilegio de entrevistar a un puñado de testimonios imprescindibles para conocernos mejor, para saber qué pasó, para sacar a la luz la lucha por la vida de los que casi siempre se quedan en los márgenes de la historia.

Paco decía que los fascistas le robaron a su patria y a su familia, y vivió sus últimos años alarmado por el auge de esas mismas ideas que creía enterradas. Es nuestra responsabilidad no permitir que ahora le roben también su recuerdo.

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