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Opinión | Bombeja Agustinet!

València

La marcha inevitable de Carlitos Álvarez

En este Llevant podría ser un revulsivo de lujo, un futbolista de 40 minutos, que desarbola defensas rivales cuando ya regatean esfuerzos, o un titular para algunos partidos concretos, contra ciertos rivales, pero él no se resigna a ese rol, y está en su derecho

Carlos Álvarez, en un partido de pretemporada con el Levante UD.

Carlos Álvarez, en un partido de pretemporada con el Levante UD. / LUD

Probablemente, la diferencia entre la imagen mostrada por el Llevant en Cornellà y la del Sadar se llama Carlos Álvarez, futbolista en la rampa de salida del Llevant, sobre todo porque él quiere. Jugó 45 minutos ante el Espanyol y ninguno ante Osasuna.

El curso pasado, el sevillano encadenó dos lesiones que apenas le permitieron tener continuidad en el tramo final de liga. Con su escasa aportación, el Llevant firmó unos números tremendos que le permitieron firmar una salvación histórica. Honestamente, sin Álvarez en el once titular, el Llevant fue mejor equipo.

Álvarez es un futbolista diferencial, de los que apenas existen en nuestro fútbol, un lujo que extrañamente se puede permitir un club como el Llevant. Con la elástica blaugrana ha marcado goles y ha dado asistencias de ensueño. Le hemos visto trenzar jugadas de fantasía que normalmente son para el deleite de otras gradas. Pero quizá Orriols ya no es su lugar. La escuadra granota no se puede permitir tener un solo futbolista que no se arremangue en tareas defensivas. No en Primera. Eso desequilibra el conjunto. Otros equipos tienen unos cuantos que se centran solo en la creación, ya que hay compañeros que aportan un despliegue superlativo en las labores de zapador y que cobran cinco o diez veces lo que los nuestros.

Siempre planteamos que era una incógnita el rendimiento en Primera de Álvarez. Era una cuestión muy sencilla: un Llevant de Segunda, dominador de juego y gallito, se puede permitir un titular como él, liderando un equipo ofensivo. En Primera, esa música la tocan otros que multiplican por 1.000 nuestro presupuesto.

Álvarez en este Llevant podría ser un revulsivo de lujo, un futbolista de 40 minutos, que desarbola defensas rivales cuando ya regatean esfuerzos, o un titular para algunos partidos concretos, contra ciertos rivales, pero él no se resigna a ese rol, y está en su derecho. Las posibilidades, por tanto, de encajar las expectativas del sevillano con las necesidades levantinas son remotas. Su salida es muy posible y seguramente es lo mejor, siempre que la caja suene. Eso sí: jamás olvidaremos aquel zurdazo de Burgos. Tampoco el gol en el Pizjuán que parece menor, pero que permitió a Luís Castro caer de pie y representó el punto de partida de una reacción meteórica.

Esta situación pone sobre la mesa un debate de hondo calado: ¿qué perfil de jugador ofensivo y creativo necesita el Llevant de Luís Castro? Pero para eso necesitaríamos otra columna.

Post scriptum: Cuesta escribir de fútbol el mismo día que los valencianos hemos perdido el Tesoro de Villena, de un valor arqueológico incalculable, y que se está quemando el Saler, después de un terrible verano de fuego y cenizas. Y mientras tanto siguen llegando imágenes, a cuál más terrible, del descomunal alud e inundación de Nepal, algo apenas visto en las películas más catastrofistas de Hollywood. Con el retrovisor puesto, por si fuera poco, en la inquietante situación de Ceuta.

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