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Opinión | VIENTO ALBORNÉS

València tampoco es Baden-Baden

Recreación del futuro bulevar García Lorca en València.

Recreación del futuro bulevar García Lorca en València. / Levante-EMV

Se atribuye la frase “Madrid en agosto, con dinero y sin familia, Baden-Baden” al político conservador madrileño Silvela, comparando la capital del reino con la ciudad-balneario de la Selva Negra en el suroeste alemán lindante con Francia; localidad que pusiera de moda otra española, la emperatriz Eugenia de Montijo mediado el siglo XIX, cuando nació el propio don Francisco, a quien, cómo no, discuten la autoría, y tras un siglo -finales del XX- los madrileños dieron por extinta tal expresión, como dos décadas después aconteció a los valencianos.

Uno recuerda aquellos ferragostos franquistas e de la eterna transición, donde cerraban tiendas, servicios públicos y un larguísimo etcétera, dejando las ciudades en el esqueleto y las noticias de los medios viajando desde la playa a la montaña o recontando nuevos turistas sobre la millonada del año anterior (como aquella viejuna medalla del amor: más que ayer, menos que mañana). Hoy ya no cierra ni el Senado, aunque tenga que variar reglamentos. Del alud de información nacional e internacional ni les cuento.

Prometimos “hablar” esta semana del gobierno, como Tip y Coll, pero siguiendo su huella de maestros me iré por los cerros de Úbeda, atorrado y aterrado por la brutal realidad política y militar del mes, en un verano de récords climatológicos, igualmente nacionales e internacionales, cuya enumeración alcanzaría espacios bíblicos y contamos con cuarenta líneas. Suficientes para constatar el retroceso de la democracia, sostenido, por el aumento de la desigualdad y leyes mordaza a la libertad, entre odios inoculados contra toda fraternidad humana.

Cuando servidor llegó a València capital, en la primera década del siglo XXI, aún era ese Baden-Baden veraniego, hoy no. Anteriormente, me acercaba en las últimas décadas del siglo pasado, desde un apartamento en Bellreguard, e ibas en coche hasta las inmediaciones de la catedral y la sensación de lugar vaciado resultaba hermosa. Luego, ya como residente, al acabar la Fira de julio (como se llame), la capital del País Valencià parecía tomar un descanso del insoportable ruido, que ahora no cesa ni con aviso rojo por calores, entre inmorales cortes de agua extemporáneos.

Eludiendo temas ponzoñosos, hemos observado este verano la polémica sobre la futura avenida/avinguda Federico García Lorca, quien acaba de cumplir el nonagésimo aniversario desde su asesinato aún sin cadáver, con polémicas sobre apertura o no al tráfico motorizado e incluso sobre si debiera llevar esta denominación u otra con mayor valencianía. Considero que falta aún muchísimo para que entierren las vías y se inicie el bulevar verde en la trasera de la estación-Nord, elecciones varias mediante. Quizá para el centenario.

Por el contrario, la fachada delantera ferroviaria está preciosa, con restauración total, incluida su cubierta histórica, y ante ella se abre un espacio superior a las calles y avenidas que lo nombran. Lo crea el entorno de la plaza de toros con la calle Alicante, el de la amplia avenida del marqués de Sotelo con el instituto Luis Vives y la propia entrada, cercada, de la estación hasta la calle Bailén y con Xàtiva. Sin complejas obras.

Una figura “elíptica” a construir-trazar; una plaza natural enorme, vista con cierta altura de metros y de miras, por la ingente marea humana que acoge en fallas o durante manifestaciones ciudadanas. Zona que debiera albergar/ser la plaza que conforma y tener nombre, e nada impide sea el del conquistador Jaume I y sitio para monumentos hay, dejando el verde paseo al universal poeta, como en París o Zamora. Es un decir.

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