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Opinión | Trencar l'enfit

Isabel Olmos

Isabel Olmos

Subdirectora de Levante-EMV

Si todo funcionó bien, ¿qué falló en el incendio del Saler?

Los ciudadanos se preguntan cómo un incendio en uno de los espacios más vigilados pudo acabar descontrolándose. El viento jugó su papel, pero no lo explica todo.

Dos de los efectivos que han participado en la extinción del fuego del Saler.

Dos de los efectivos que han participado en la extinción del fuego del Saler. / J.M. López

El día había empezado bien: había muerto el sanguinario asesino Ratko Mladić, culpable de tantísimo dolor y de hechos tan terribles como la masacre de Srebrenica. La guerra de Bosnia fue, sin duda alguna, uno de los hechos que me inluyó a la hora de ser periodista. Porque creo profundamente en la necesidad de un oficio que cuente lo que está sucediendo cuando hay otros que se esfuerzan en ocultarlo. Nunca se me olvidarán las caras de tantas y tantas personas detrás de aquellas vallas, poco antes de ser asesinadas por Mladić y sus secuaces, responsables también de la violación sistemática de miles de mujeres. Soy de las personas que piensan que el mundo es realmente un lugar mejor cuando en él ya no están verdugos, asesinos y perpetradores como Mladić, ni quienes los protegen y acompañan en sus bajezas.

Pero el viento cambió. Y el día, que había empezado bien, con un asesino menos en este planeta, se enturbió de humo con las primeras llamadas al 112 que alertaban de un incendio en la Devesa del Saler. En apenas unas horas, aquel fuego incipiente acabó requiriendo la intervención de la UME, doce medios aéreos y la evacuación del poble del Saler y sus alrededores. El viento fue determinante, sin duda. Pero cuesta entender cómo un incendio en un espacio tan vigilado y controlado pudo acabar así.

Los cañones se encendieron, pero quedaron lejos de las llamas. Los sensores térmicos y el dispositivo preparado, se asegura, funcionaron. Entonces, ¿qué ocurrió? Si todo funcionó y aun así pasó lo que pasó, habrá que preguntarse si el dispositivo actual es suficiente y, sobre todo, eficaz.

Este verano hemos comprobado que las administraciones son capaces de coordinarse ante los incendios. Pero sigo sin entender por qué necesitamos tantos cuerpos de bomberos dependiendo de administraciones diferentes. ¿No sería más lógico avanzar hacia un sistema integrado de emergencias? Al fuego le dan igual las concejalías, las diputaciones, las consellerias y quién tenga cada competencia.

Tampoco ayuda que al frente de la Concejalía de la Devesa de València se encuentre un responsable político que ha cuestionado el cambio climático. Porque la Devesa necesita a alguien que se crea de verdad lo que tenemos entre manos y los riesgos a los que nos enfrentamos.

El verano de 2026 será recordado por temperaturas hasta ahora desconocidas, por los incendios y por un Mediterráneo anormalmente caliente. Y vamos hacia un otoño complicado. De todo lo ocurrido habrá que aprender. Ver qué ha fallado, corregirlo y, sobre todo, aprender a ir unidos.

Porque será muy difícil volver a explicar a la gente, si el próximo verano arde otra vez la Devesa o cualquier otro parque natural, que todo lo que las diferentes administraciones tenían preparado no ha sido suficiente. No pasa nada por reconocer que algo no funciona. Se cambia y ya está. Lo difícil es explicar que algo no ha funcionado y se ha dejado igual.

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