Opinión
Golpe a la dictadura del like

Imagen de archivo de aplicaiones de redes sociales en un teléfono móvil. / Piotr Cichosz en Unsplash.
Me declaro adicta a la libertad. Esa condición que nos hace ingobernables y que hoy me atrevo a reivindicar con vehemencia. No lo digo como una metáfora, sino como un acto de legítima defensa frente a lo que se juzga al otro lado del Océano Atlántico. Me refiero al gigante tecnológico Meta que se ha enfrentado a los tribunales estadounidenses hace unos días. Lo que ha quedado expuesto en el banquillo de Oakland no es una simple negligencia en la forma de operar de las redes sociales Facebook e Instagram, sino una estrategia de manipulación deliberada que viene colonizando la mente de los jóvenes. Tanto es así que una coalición sin precedentes de veintinueve estados tuvo que unir fuerzas para arrastrar a la tecnológica ante la justicia.
Las tripas del algoritmo quedaron al descubierto con este juicio, poniendo de manifiesto una realidad de la que el filósofo Byung-Chul Han habló en Psicopolítica: el poder moderno ya no nos domina mediante la prohibición, la fuerza o la opresión física, sino a través de la seducción inteligente. Hemos entrado de lleno en la era del psicopoder digital, un sistema donde el capitalismo neoliberal no castiga nuestras libertades, sino que las explota. La dictadura del like. Qué duda cabe de que accedemos a las redes sociales “libremente”, publicamos cosas “libremente” y, en muchos casos, exponemos nuestra vida “libremente”. ¿Pero es esto un ejercicio de libertad real? Nos hemos desnudado frente a estos magnates de internet que usan toda la información que obtienen para hacer básicamente dos cosas: ganar mucho dinero y manipularnos. Poder.
Finalmente han llegado a un acuerdo en los tribunales y Meta deberá imponer cambios y límites técnicos a la información que obtiene de los perfiles personales, además de una multa millonaria, pero la batalla no está del todo ganada. No lo está porque una sentencia no puede sanar la dependencia que las redes han logrado causar en una parte importante de la sociedad. De ahí que el golpe definitivo solo puede venir de nuestro propio comportamiento y actitud frente a esta imprudente realidad tecnológica. Ser ingobernable hoy significa defender la soberanía personal boicoteando las lógicas algorítmicas. La libertad real no se ejerce desde los ajustes de privacidad de una aplicación. La libertad real se conquista apagando la pantalla y alzando la mirada para adueñarnos de nuestra propia vida. Y de nuestro pensamiento.
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