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Opinión | Algo personal

València

Franco vuelve a la escuela

En muchos sitios gobiernan sus herederos. Aquí mismo nuestra Generalitat está en manos de esos herederos. Para eso se han inventado la llamada Ley de Acompañamiento. Para que los críos y las crías estén en buenas manos y no pierdan el tiempo queriendo saber qué pasó de verdad con la República

Un aula en una escuela de los años 50.

Un aula en una escuela de los años 50. / Levante-EMV

En la pared principal, detrás de la mesa del maestro, había una cruz y los retratos de Franco y José Antonio Primo de Rivera. En algunas escuelas, en vez del crucifijo o el falangista, estaba la imagen de la Virgen María. El que no fallaba nunca era Franco. En la pizarra, la consigna diaria ensalzando las gestas de los héroes de la Cruzada que acabaron con los enemigos de la Patria. Los himnos brazo en alto, los rezos en la iglesia para que el Caudillo y Dios fueran las dos caras de una misma moneda a los ojos desnutridos de una infancia que, ya entonces, empezaba a curtirse sin saberlo en la mentira. Y en el castigo como sistema de enseñanza. La letra con sangre entra. No había otra escuela en los años del miedo.

La depuración del Magisterio

La Segunda República había llevado un aire nuevo a las aulas. Respirar ese aire. Dejar atrás la dictadura a dúo de Primo de Rivera y Alfonso XIII y las hostias del maestro si no te sabías la letra del Credo. A mi padre lo llamaba el maestro Gata precisamente así, el tío del Credo, porque nunca consiguió aprenderse la letra de memoria y después de la última paliza, a los nueve años, cambió el lápiz y la goma de borrar por irse a trabajar al monte con el abuelo Claudio. La llegada de la República extendería por los viejos pupitres la idea de que sin libertad la vida era una trampa, la necesidad de pensar por cuenta propia, el saber que sin igualdad no había manera de que la pobreza se fuera de las casas y de que las mujeres desataran la cuerda que las tenía sujetas a la pata de la cama. Fueron años difíciles. Los ricos, muchos militares y la iglesia siempre estuvieron al acecho desde el mismo 14 de abril de 1931. Fue un tiempo de democracia siempre sitiado por el fascismo que prefería las pistolas a las urnas. Así llegaron el golpe de Estado de 1936 y luego la guerra y la victoria del ejército golpista. Y finalmente la dictadura. Y la escuela cantando a coro los himnos de la Patria.

Cuando llegó esa dictadura, las maestras y los maestros de la República fueron depurados. El destierro, el exilio, las cárceles y los paredones de la muerte se llenaron con sus nombres. Por eso el nuevo régimen hubo de echar mano de falangistas para ejercer el Magisterio. Se acabaron la libertad de pensamiento, respirar el aire limpio de los montes, una infancia que empezaba a saber que la realidad y la imaginación siempre van juntas para que poco a poco vayamos construyendo de la mejor manera posible nuestros sueños.

Material de adoctrinamiento.

Material de adoctrinamiento. / Levante-EMV

Contra el adoctrinamiento rojo

Han pasado casi noventa años desde entonces y ahora regresan aquellos brazos extendidos para airear las soflamas heroicas de los vencedores. En muchos sitios gobiernan sus herederos. Aquí mismo nuestra Generalitat está en manos de esos herederos. Y ya han acordado -aunque no lo digan- que las aulas volverán a tener en su pared principal los retratos de Franco y José Antonio Primo de Rivera. Y la cruz o la Virgen, según vaya el mercado de existencias. Para eso se han inventado la llamada Ley de Acompañamiento. Para que los críos y las crías estén en buenas manos y no pierdan el tiempo queriendo saber qué pasó de verdad con la República, con la guerra, con las cunetas y las fosas comunes de los cementerios que esconden todavía más de cien mil cuerpos a los que después de pegarles cuatro tiros, los falangistas dejaban caer en la tierra de un frío descampado al llegar la madrugada. Buena cuenta de esas historias están dejando las crónicas de Isabel Olmos en este periódico desde hace unos meses.

Y todo eso lo quieren conseguir haciendo que la inspección de enseñanza entre a saco en las aulas para ver quién se atreve a decir que aquí hubo una Segunda República elegida en las urnas, que Franco y otros militares dieron un golpe de Estado contra esa República, que después vino una guerra de tres años y finalmente, después del triunfo de los golpistas, una dictadura tan cruel como infinitamente duradera. A ver quién se atreve a romper esa falsa y absurda neutralidad que el PP y Vox exigen al profesorado en esa vuelta atrás a los tiempos más crueles del franquismo. Y dicen -como una burla de verdad insoportable- que eso lo hacen para evitar el adoctrinamiento en las aulas a manos del profesorado que se niegue a recuperar las viejas consignas de la Patria. Para esas consignas sólo eran importantes la quema de iglesias y un ejemplar martirologio religioso y falangista a manos de los 'rojos'. Lo gordo es que después de medio siglo de democracia esa es la única historia que para el PP y Vox hay que seguir contando al alumnado. Por eso quieren convertir la inspección educativa en una nueva policía patriótica y a las familias en delatoras de lo que ellos -con un cinismo que aterra- llaman adoctrinamiento.

Detalle de un aula de los años 50.

Detalle de un aula de los años 50. / Levante-EMV

Pero las maestras y los maestros no van a tragar con que Franco regrese a las escuelas por orden expresa de un gobierno heredero de aquellos años del odio y el resentimiento. Releo los versos de Antonio Machado y los dejo como un homenaje a esos maestros y esas maestras que no se van a entregar tan fácilmente a los controladores de la libertad de pensamiento en las aulas: "Con el tú de mi canción / no te aludo, compañero; / ese tú soy yo". Ahí pues, en ese tajo de la responsabilidad y el compromiso compartidos, nos vemos, ¿vale?: ahí nos vemos.

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