Opinión
Profesor honorario. Universitat de València
Los incendios forestales valencianos. Territorios despoblados y territorialidad

La expansión de los incendios forestales, otro de los efectos del cambio climático / Efe
Los incendios forestales son un fenómeno habitual en los ecosistemas mediterráneos, aquellos caracterizados por un clima templado de verano seco. Históricamentelos incendios forestales han sido recurrentes. Sin embargo, se ha incrementado la frecuencia, las dimensiones, la severidad y la prolongación en el tiempo de los episodios protagonizados por los incendios.
Nos se nos escapa que hay una correlación entre los dominios montañosos, la distribución de las masas forestales y, en consecuencia, allí donde se generan los principales incendios.
De esa manera se explica que todos los municipios de la Comunidad Valenciana en donde la superficie forestal representa más del 15% de sus respectivos términos municipales, se localicen en las principales unidades de relieve valencianas. Nos referimos al dominio ibérico (Maestrat, Serra de Espadà, Javalambre-Serra Calderona, Sierra de Utiel), al dominio bético (Serra Grossa, sierras alicantinas, como Mariola, Aitana...), y al Macizo del Caroig. En todos ellos, 111 municipios, el relieve es un factor condicionante, tanto por las elevadas altitudes y por las pendientes más pronunciadas, como por las formas predominantes.
No obstante, es sabido que el condicionamiento físico no es el único factor que incide en los incendios forestales. Durante los últimos 30 años la superficie forestal quemada en nuestro territorio asciende a unas 400.000 hectáreas, de las cuales más del 80% correspondió a comarcas afectadas por la despoblación.
El proceso de la despoblación se extiende por las comarcas de Els Ports, L´Alt Maestrat, L´Alcalatén, Alto Mijares, Alto Palancia, El Rincón de Ademuz, La Serranía, El Valle de Cofrentes-Ayora, La Canal de Navarrés o La Montaña Alicantina. En ellas el sistema tradicional de uso de los recursos forestales, basado en el equilibrio entre explotación y conservación, ha sido sustituido. Los bosques han sufrido un abandono parcial, paralelo al éxodo rural y a la desaparición de oficios tradicionales que facilitaban la conservación de los bosques o plantas silvestres. Nos referimos a las bonanzas por ejemplo de la ganadería extensiva, del pastoreo, del ramoneo, o de la explotación de plantas aromáticas. Los bosques fueron base económica de numerosos municipios a principios del siglo pasado, y hoy son objeto de actividades marginales.
Los cambios de usos del suelo que han protagonizado estos territorios han derivado en un incremento del riesgo de incendios forestales. El abandono de los bosques ha estado acompañado por el de la agricultura: se han multiplicado las parcelas de cultivo abandonadas y se ha reducido el mosaico de cultivos que tradicionalmente amortiguaban las posibilidades de expansión de un incendio forestal.
De la misma manera se aprecian otras variables que condicionan las probabilidades de propagación de los incendios. Por un lado, como es sabido el cambio climático los favorece, al incrementarse la temperatura media y reducirse el volumen de las precipitaciones. Por otro lado, la declaración de espacios naturales mediante diversas figuras de protección dificulta el desarrollo de determinadas actividades.
Con todo, nos hallamos ante un escenario territorial problemático, afectado por una crisis rural de carácter estructural y, en contraste, vivido por una sociedad que se siente orgullosa de su territorio.
Por propia experiencia, esa sociedad se siente integrada en dicho escenario, del cual los bosques forman parte de él. Los bosques forman parte de sus respectivas vidas, forman parte de su imaginario individual y colectivo.
Los incendios forestales, como los acontecidos recientemente en la Sierra de Espadán y en la Sierra Calderona, afectan a las personas que viven y disfrutan de esos parajes naturales. Hemos podido comprobar y compartir este verano las sensaciones de los vecinos afectados, en donde a la impotencia y la rabia colectiva, se sumaba la incredulidad.
Manifiestamente la sensación de territorialidad, es decir, el sentimiento de pertenencia a esos territorios concretos, las sierras que delimitan por el norte y el sur el valle del Palancia, se ha visto dañada y afectada. Se trata de territorios amados, lugares que han proporcionado a sus moradores durante décadas el orgullo de pertenecer, de formar parte de un territorio singular y concreto, “el nuestro”.
Nos llamó la atención en esos episodios protagonizados por el fuego, el silencio de impotencia generado en el conjunto de las poblaciones afectadas de las sierras de Espadán y Calderona, con un denominador común, la vulnerabilidad. Quienes vivimos en esos territorios hemos tomado conciencia de las desventajas físicas y emocionales que padecemos al residir en estas poblaciones de montaña.
Vulnerabilidad que contrasta con la solidez de la identidad territorial que nos enorgullece.
En definitiva, la problemática relacionada con los incendios forestales demanda una respuesta dual. Por un lado, la necesaria gestión técnica, con la visión integral y territorial; y por otro lado, la dimensión social, en donde adquiere protagonismo el factor humano.
Jorge Hermosilla. Geógrafo. Universitat de València; Ángel Latorre. Psicólogo. Universitat de València, y vecino de Almedíjar. Sierra de Espadán
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