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Opinión

Los “boomers” no son el enemigo

Baby Boomers

Baby Boomers / L-EMV

En las sobremesas de verano, cuando el calor aprieta y algunas conversaciones con los “trentaytantos” se vuelven más viscerales, ha surgido un nuevo culpable de casi todos los males:la generación boomer. Se les acusa de haber agotado las pensiones, de vivir en casas que los jóvenes no pueden comprar, de disfrutar de una longevidad que “cuesta demasiado” y de haber construido un mundo a su medida. Pero este relato, cómodo y simplista, olvida lo esencial: nadie elige cuándo nace, y los *boomers* españoles y europeos no solo no son responsables únicos de los problemas actuales, sino que construyeron buena parte del bienestar del que hoy disfrutan sus críticos.

El término *baby boomer* hace referencia originalmente a los nacidos entre 1946 y 1964 en Estados Unidos, tras la Segunda Guerra Mundial. En España, debido al retraso demográfico provocado por la dictadura y la posguerra, el “boom” se produce más tarde: entre finales de los años 50 y mediados de los 70, aproximadamente entre 1955 y 1975. Esta generación creció en un país aún marcado por la escasez, la emigración masiva y la falta de libertades, y fue la que protagonizó la transición a la democracia, la construcción del Estado Social y la integración en Europa.

Lejos del estereotipo del *boomer* privilegiado, muchos españoles de esta cohorte vivieron en la España del desarrollismo de los 60 y 70, con salarios bajos, jornadas largas y sin las garantías laborales actuales. Fueron ellos quienes, con sus impuestos y cotizaciones, financiaron la sanidad pública, la educación gratuita y las pensiones que hoy sostienen a sus propios padres y, en parte, a sus hijos

Una de las críticas más recurrentes es que las pensiones de los boomers son insostenibles” y que los jóvenes están pagando un sistema que no disfrutarán. Es cierto que el gasto en pensiones ha crecido y que la jubilación masiva de esta generación elevará el peso de esta partida hasta cerca del 14,7% del PIB en 2050. Pero reducir esto a un “capricho” de los mayores es ignorar la naturaleza del sistema: las pensiones no son un regalo, son un derecho contributivo financiado durante décadas con cotizaciones sociales. Culpar a los “boomers” por vivir más y haber cotizado más años es, en el fondo, culparlos por haber sobrevivido a la España de la posguerra y haber trabajado en condiciones mucho más duras que las actuales.

Además, el déficit del sistema de pensiones no se debe solo a la longevidad, sino a decisiones políticas: la falta de reformas estructurales, la economía sumergida, la precariedad laboral que reduce la base cotizante y la elusión fiscal. El sistema necesita ajustes, sí, pero convertir a los pensionistas en chivos expiatorios es una cortina de humo que distrae de problemas reales como la productividad -el verdadero problema de la economía española-, la natalidad o la calidad del empleo joven.

Se dice que los “boomers” tienen “varias casas”, que son “rentistas” y que “no les interesa que bajen los precios porque eso pondría en riesgo su patrimonio”. Es cierto que esta generación accedió a la propiedad en masa: más del 81% de los nacidos entre 1945 y 1965 tenía vivienda propia a los 42 años, frente al 67% de los nacidos entre 1975 y 1985. Pero esto no fue un acto de avaricia, sino el resultado de un contexto histórico: salarios relativamente altos respecto al precio de la vivienda, crédito barato y una cultura de propiedad impulsada por la dictadura franquista. Lo que muchos críticos olvidan es que los *boomers* también fueron víctimas de la burbuja inmobiliaria de los 2000, que ellos mismos financiaron con sus ahorros y sus hipotecas.

La crisis de vivienda actual no es culpa de que los mayores tengan casas, sino de la falta de políticas públicas: escaso parque público de alquiler, especulación, turistificación y una planificación urbanística que priorizó la construcción sobre el derecho a la vivienda. Señalar a los “boomers” como responsables es como culpar a los pasajeros de un tren por el descarrilamiento de la vía.

Se critica también que los “boomers” vivan más y “gasten más recursos en sanidad y pensiones”. Pero la longevidad no es un capricho, es un logro de la medicina, la salud y la educación públicas que ellos mismos ayudaron a construir. España tiene una de las esperanzas de vida más altas del mundo gracias, en parte, a un sistema sanitario universal que los “boomers” financiaron con sus impuestos.

Además, la idea de que “los mayores viven a costa de los jóvenes” es falsa. Muchos “boomers” complementan los ingresos de sus hijos, pagan sus alquileres, cuidan de sus nietos y sostienen económicamente a familias enteras. Sin ese “colchón”, en España la precariedad joven sería aún más extrema.

En Europa, los “boomers” fueron la generación que consolidó la democracia, la integración europea y el Estado del bienestar. En España, vivieron la Transición, el ingreso en la UE, la creación del sistema nacional de salud y la expansión educativa. No fueron perfectos, cometieron errores (como todos), pero reducir su legado a “egoísmo generacional” es injusto y peligroso.

El verdadero problema no es el conflicto entre generaciones, sino la falta de políticas que adapten la actual administración pública -central, autonómica y municipal- a una realidad demográfica cambiante. En lugar de culpar a los “boomers”, deberíamos preguntarnos por qué los jóvenes tienen salarios bajos, por qué la vivienda es un lujo y por qué el sistema de pensiones no se reformó a tiempo. Las conversaciones de verano pueden ser un buen momento para el debate, pero no para la caza de brujas.

Los “boomers” no son el enemigo. Son la generación que construyó la España moderna, que cotizó durante décadas y que hoy sostiene, en muchos casos, a sus propios hijos. En lugar de enfrentar a jóvenes y mayores, deberíamos pensar en construir un nuevo “pacto intergeneracional” que garantice empleos seguros, pensiones dignas y vivienda accesible. Nadie elige cuándo nace, pero todos podemos elegir cómo convivir.

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