Cuando en las calles no había coches, ni fincas colmenas, ni la televisión suministraba ocio americano, ajeno a las culturas populares heredadas, el juego de pelota era una de las diversiones apetecidas por la chiquillería. Los niños no hacían otra cosa que imitar lo que hacían los mayores, cuando domingo tras domingo llenaban la calle mayor del pueblo, casi siempre con el campanario como fondo para jugar a Llargues, a Galotxa o a Raspall, según costumbres. Los niños también subían a los tejados para recoger las pelotas colgadas en aquellas tejas morunas? con la esperanza de encontrar alguna perdida que aumentase su colección.Pero llegaron los coches, se impuso el fútbol como fenómeno de masas a imitar; aterrizaron los tiempos de desprecio a la cultura propia y las calles se vaciaron de pelotaris. Eso pasó en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo. La sociedad ya no era la misma. No es la misma. Hoy hay que proponer a las nuevas generaciones el disfrute con un deporte que además de respetar la cultura heredada es atractivo porque permite a cada practicante vivirlo con intensidad y escaso riesgo físico. Apenas se juega en las calles pero disponemos de trinquetes, canchas y frontones donde jugar. En aquellos lejanos tiempos nadie enseñaba a nadie, sino que se aprendía por imitación... Hoy, el juego de pelota necesita de técnicos y monitores, de directivos organizadores, de padres muy comprometidos que dediquen horas y recursos. Se necesitan estructuras y apoyos monetarios.

Uno de los ejemplos más luminosos de esta necesaria política de promoción es la amplia actividad de los Juegos Deportivos de la Generalitat, que se ponen en marcha cada año y que, en lo referentes a las competiciones de pelota valenciana cuentan con el patrocinio de Caixa Popular, la entidad financiera valenciana más comprometida con los valores culturales de la tierra. Vayamos a los datos: en el curso 2019/2020, y a pesar de la problemática del coronavirus han participado en los Juegos más de tres mil pelotaris de ambos sexos, porque hoy la pelota femenina ha normalizado su presencia en este deporte. Pelotaris que han representado a unas 120 poblaciones del territorio lo que significa todo un record. La Federació, como no puede ser de otra forma, mima el respeto a todas las modalidades vivas, e incluso trabaja en otras que parecían olvidadas, caso del Frare. Hay convocatorias y amplia participación en ocho modalidades: Raspall, Galotxa, Escala i Corda, Frontó, Llargues, One Wall, Frare y Galotxetes. Esa capacidad organizativa, con el apoyo financiero de Caixa Popular era impensable hace dos décadas. Fue entonces cuando nació el Circuit Sub 23 y la Lliga de Promeses, hoy extendida a la Lliga 2, todas patrocinadas por la cooperativa de crédito valenciana. Caixa Popular ha ampliado su apuesta por este deporte al patrocinar la Copa Diputación al máximo nivel profesional . Y allá donde hay un club, por modesto que sea, la oficina local sabrá colaborar de alguna manera porque «tota pedra fa paret». Incluso extiende su apoyo a la Confederación Internacional y otras actividades de promoción y divulgativas de la Federació de Pilota.

¿Se imaginan qué sería de este deporte si en los tiempos del desierto informativo hubiera existido una televisión propia y entidades y empresas valencianas respaldando una manifestación heredado de siglos? Toda la política de promoción que ayude a sustituir la vieja presencia natural en las calles se ha tenido que construir prácticamente desde la nada, en perfecta conjunción de entidades oficiales y financieras comprometidas. Y en eso, justo es reconocer y alabar la apuesta de Caixa Popular. Ahora sólo hace falta que la incertidumbre del maldito virus se aleje cuanto antes.