26 de agosto de 2020
26.08.2020
Levante-emv

De orden del señor alcalde constitucional

26.08.2020 | 00:00
De orden del señor alcalde constitucional

Por orden del señor alcalde constitucional se hace saber que han llegado al pueblo?» El pregonero de Godelleta, en aquellas fiestas del verano de 1922, anunciaba la gran partida de pelota que en la calle Mayor iba a disputarse al día siguiente. Así lo contaba el cronista Bolea en el periódico La Correspondencia, uno de los que en aquel tiempo se editaban en la capital del viejo Reino. «Una tontería de pelotaris», escribe irónicamente. Nada más y nada menos que los ases del momento en Pelayo: Faixero de Gandia, Moliner de Alboraia, Maquiniste y El Xato de la Estación. El último en llegar, el Moliner de Alboraia, que tomó el tren en Valencia, llegó a la estación de Cheste y de allí a Godelleta viajó a lomos de un pollino, como entraban los párrocos en los pueblos, aunque lejos estaba el de Alboraia de virtudes ejemplares pues tenía fama de ser un buen tratante en asuntos de transacciones monetarias antes y después de cada partida? «El pueblo aplaude frenética y calurosamente», dice la crónica. Una masa compacta apenas permite abrir el paso en el lugar de juego, tal era la expectación levantada. El alcalde ordena a la guardia civil que intente poner orden en aquella aglomeración con gentes llegadas de toda la comarca. Por fin, a las 8 en punto de la mañana, comienza la primera partida que enfrenta a Faixero de Gandia, Baldomero Franco de Godelleta y Miguel Martínez de Godelleta contra Maquiniste de Pelayo, Xato de la Estación, Emilio Lotana de Godelleta y José Silla de Godelleta. Cuando el sol apretó, los pelotaris dejaron su exhibición, muy aplaudida. No comenta el resultado. A las tres y media de la tarde se jugó la partida que enfrentó en desafío a la modalidad de Galocha a los pelotaris de Turís los hermanos Peidró, Villaba y Villagarán contra los ases de Pelayo, Faixero, Moliner y Xato de la Estación, que no sin esfuerzo salieron triunfantes. Destaca el cronista la partida del «coloso» Moliner de Alboraria, un pelotari que no podía faltar en los grandes duelos del Joc de Carrer? pues en él se había formado. Vencieron por 45 tantos a «pujar i baixar». Resalta el cronista que en este juego de Galotxa hace falta: «doble picardía y tener una mano izquierda forrada de oro». En aquel tiempo, con las calles sin asfaltar, el juego del galotxer, que esperaba la pelota del saque, era determinante. De ahí la importancia de una izquierda de oro que evitara el bote siempre inseguro de la pelota?

¿Quién hizo posible reunir a aquellas figuras en un pueblo tan pequeño? Pues nada más y nada menos que S alvador Ferrandis Luna, periodista abogado del Estado, muy vinculado a la localidad, fundador de Acció Valencianiste y posteriormente un alto cargo en el franquismo donde llegó a ser director de Patrimonio, además de estar muy relacionado con el mundo de las finanzas pues fue secretario personal de Juan March. El cronista cuenta que él mismo fue el encargado de dar las gracias en nombre de los pelotaris a los anfitriones y pueblo en general esperando que «arte de los pelotaris valencianos repercuta en toda España?» Aquel cronista no tenía el don profético. No sé cuántos años llevamos trabajando no para extenderlo, sino simplemente para que sea reconocido oficialmente? Es más, casi cien años después, el virus ha impedido, por primera vez en la historia contemporánea de Godelleta, las partidas de fiestas que no se interrumpieron ni en la guerra civil. Por sus calles han desfilado todas las grandes figuras. Antes del Faixero estuvo el Nel; y después, Xiquet de Llanera, Quart, Rovellet, Roget, Patet, Albalat, Ruiz, Xato de Museros, Zurdo de Picassent, Conrado, Peris, Genovés, Fredi, Sarasol I, Puchol, Sarasol II, Xatet II, Núñez, Grau, Pigat, Oltra, José María, Cervera?y una larguísima lista que han convertido a este pueblo en la referencia de la Galotxa y de tantas iniciativas.

Hoy ya no hay pregonero con su trompetilla de esquina en esquina. Hoy, los altavoces anuncian el cierre de parques e instalaciones públicas y ya no suena el griterío en las partidas de pelota, ni en los festejos taurinos, ni suena la acompasada armonía de las marchas procesionales?Dichoso y maldito virus.

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