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Andar 50 km para ver al Xiquet de Llanera

El xiquet de Llanera

El xiquet de Llanera

Fiestas de Aldaia, año 1946. No podía faltar la partida grande de Llargues. El cartel era de lujo: Patilla de Alaquàs, El Bombet de la Pobla y Martino de Albalat contra Jerónimo de Navarrés, El Xiquet de Llanera y su hermano. Llanera ya tenía 36 años pero aquel niño que en 1931 de la mano de su abuelo, lo vio en las fiestas de Turis, calle de la Iglesia, acompañado de Vicente Baeza, hijo del médico titular, y El Peixero contra el equipo de Aldaia que encabezaba El Chapa, no quiso perderse el duelo de Aldaia, ver a ese ídolo famoso en toda la geografía pelotística valenciana.

Enterado a primera hora de la mañana por un vecino del pueblo con familiares en Aldaia, pues entonces nadie anunciaba en prensa partidas, ni crónicas regulares… no dudó un momento en proponer a otro aficionado y amigo, Jesús Vidrier, viajar hasta Aldaia y ver aquel apasionante duelo. Ni bicicleta, ni carro, ni coche, que entonces no había ninguno en el pueblo. Los 25 kilómetros hasta Aldaia y otros tantos de vuelta se recorrerían a pie, atravesando la sierra Perenchiza entonces yerma y despoblada. Cuatro horas largas de dura caminata para ver una partida de pelota, para ver a su ídolo, aquel que en su decadencia sufría de tensión ocular y ya mostraba problemas de visión. Quizás por eso aquel duelo nada se asemejó al que vio en Turís donde enardecía a las masas agolpadas con voleas que cruzaban la calle entre el delirio general. En Aldaia, el saque de Patilla, milimétrico, esquivó la todavía poderosa volea de Emilio Revert.

Aquel entregado aficionado, hoy casi centenario, había oído a su abuelo contar la famosa partida de Vilamarxant en la que el Xiquet de Llanera cosechó uno de sus éxitos más sonados. Fue a principios de los años treinta: El Mona de Vilamarxant, Bombet de la Pobla, Martino de Albalat y el Pango de Rafelbunyol contra Patilla de Alaquás, Mestret de Massalfassar, Pimpollo de Museros y Xiquet de Llanera. Varios miles de pesetas en juego. La calle, a reventar de aficionados que llegaron con carros desde toda la comarca. Patilla enferma la víspera y no puede acudir, quien sabe si por no aceptar que el Mona le daba una ventaja de seis metros en el saque. Aquello parecía una humillación… ¿Cuánto sacaría el Mona? Allí mismo fue sustituido el de Alaquàs por el padre de la dinastía de los Gat de l’ Eliana. La solución es que Llanera hiciera el saque, golpeando la pelota contra la pared y jugarla «per dalt». El duelo no podía suspenderse. Las gentes merecían un respeto. Y la exhibición de Llanera fue de apoteosis. La «parà» de espectadores del resto hubo de retirarse más de 10 metros dada la extensión de la pegada. Llanera fue también un saque grandioso, quien sabe si precursor del estilo «per dalt» del inolvidable Álvaro de Tibi ochenta años antes.

Aquel aficionado que recorrió cincuenta kilómetros para ver a Llanera, que se desvivió por recuperar la pelota en su pueblo y aún en otros, que organizó torneos comarcales en bicicleta y que hoy disfruta de su privilegiada memoria contando a su hijo sus mejores recuerdos, aquel apasionado del Joc de Pilota, tiene un nombre: José Soldado. Y escribo bien orgulloso que es mi padre.

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