13 de junio de 2011
13.06.2011

La acampada de Valencia se divide pero decide seguir

Los 'indignados' no secundan el levantamiento de Sol y continuarán hasta alcanzar un consenso

13.06.2011 | 14:35

El movimiento del 15-M de Valencia, tras una tensa asamblea en la tarde de ayer que finalizó pasadas las 23.00h, decidió seguir acampado en la plaza del Ayuntamiento de manera indefinida. Así, el camino iniciado por otras ciudades como Madrid o Granada no se verá secundado por los «indignados» valencianos.
En la asamblea general, donde apenas se superó el centenar de asistentes, se ratificaron acuerdos preestablecidos como el cambio en la dinámica de las asambleas —se harán tres por semana más una de barrios: los miércoles, viernes y domingos—; o la exigencia de una conciliación de la vida laboral «real y no sexista». También se aprobaron nuevas «acciones reivindicativas», como la concentración que tendrá lugar frente a las Corts el próximo jueves con motivo de la toma de posesión de Francisco Camps como jefe del Consell.
Sin embargo, el punto más candente del día, el desmantelamiento del campamento, tal como estaba ocurriendo ayer en otras ciudades, se dejó fuera del acta inicial. Tuvo que ser uno de los jóvenes concentrados en la plaza quien, en el turno de micro abierto (cuando cualquier persona puede hablar ante la asamblea), sacara el tema a debate. Durante más de una hora fueron pasando diferentes acampados y asistentes ante el micrófono que esgrimieron sus argumentos a favor y en contra del levantamiento. Lo que más llamó la atención es que la unión y el consenso que desde el inicio había caracterizado al movimiento, que el próximo día 15 cumplirá un mes de existencia, había dejado de existir.
Dos grupos, claramente diferenciados y enfrentados, defendieron sus posturas. Los que estaban a favor de quedarse argumentaron que «si se dejaba de acampar el movimiento dejaría de existir»; que «la transición a los barrios es una artimaña de los políticos para que el 15-M deje las plazas», o que «la plaza en sí es un símbolo y que por tanto su desmantelamiento sería una traición a aquellas que están empezando a nacer en otros países de la Unión Europea».
Frente a ellos, los partidarios del desmantelamiento razonaron: «El movimiento está degenerando y eso no nos beneficia ya que lo principal es que la gente nos apoye». Otro apuntó: «La acampada es el medio, no el fin. Tenemos que abrirnos al exterior y no cerrarnos», mientras que una joven argüía: «Una prueba de que no lo estamos haciendo bien es que el primer fin de semana éramos centenares en la plaza, ahora apenas llegamos a cincuenta personas».
Hubieron varias intervenciones remarcables como la de un indignado que leyó una carta de una hija de una de las floristas de la plaza en la cual pedía que «el movimiento fuera consciente de sus actos y del cambio, a mal, que estaba sufriendo en los últimos días». Consecuencia que, a ojos de la autora, no hacia ningún bien ni a la causa ni a los acampados en la plaza del Ayuntamiento.
El debate sobre el desmantelamiento se cerró sin más, sin conclusiones ni directrices a seguir a la espera de que el consenso vuelva a la que un día fue la «plaza del 15 de mayo».

De «indignada» a «decepcionada»
Una de las intervenciones a micro abierto que pudo escucharse en la asamblea celebrada anoche tal vez refleja el estado de estancamiento y división que está atravesando la acampada Valencia, a punto de cumplir su primer mes de vida. Se trataba de una joven de Picanya que, según explicó, acudía por primera vez a la asamblea de la capital «ilusionada» y a pedir ayuda para poner en marcha el movimiento en su pueblo. Pero lo que vio ayer por la tarde frente al Ayuntamiento de Valencia debió de cambiar su percepción. Según afirmó la joven, nadie le ayudó en el campamento. De hecho, ni siquiera pudo escuchar, dijo, ya que un grupo de acampados continuaba con su «timbalada» durante el desarrollo de la asamblea. «Decepcionada», alegó esos motivos para pedir el levantamiento de la acampada, que «ha perdido su fuerza». P. G. C. valencia

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