26 de julio de 2011
26.07.2011

Anaplastología

Cirugía de silicona para pacientes mutilados por el cáncer

La anaplastología repara las secuelas de una agresiva extirpación de un tumor o los daños de un accidente de tráfico, laboral o doméstico - Los enfermos recuperan su calidad de vida

26.07.2011 | 11:23

Donde no llega la pericia de los cirujanos reconstructivos llega la habilidad del anaplastólogo José Luis Roch. Y aunque la suya es una cirugía de silicona donde no hay sangre ni tejidos que seccionar, ni venas que suturar ni huesos que empalmar, con su ingenio y destreza consigue que el que había perdido un oreja o un ojo, el hueso temporal, el tabique nasal o una parte de la cara por el ataque inmisericorde de un tumor o por un repentino accidente recupere su aspecto y su calidad de vida.

Las reconstrucciones de este especialista rozan la perfección, ya que imita la piel natural con toda minuciosidad y convierte cada parte del cuerpo que recompone en una obra de arte personalizada.

José Luis Roch, (Valencia,1965) se especializó en prótesis dental y en 1987 comenzó a investigar en el campo de la reconstrucción del cuerpo humano. Desde hace ocho años se dedica a la anaplastología.

«Me llegan pacientes mutilados por accidentes de tráfico, laborales o domésticos y personas que han sido intervenidas de tumores y que pierden parte de su rostro en la operación», relata el especialista que destaca que a estos pacientes mutilados les afecta tanto su aspecto que no salen de casa.

No se trata solo de que nadie les vea, sino del rechazo de los demás que se oponen a ver a una persona sin cuenca orbital, nariz o sin media parte del rostro. Estos pacientes huyen de los espejos como si fueran vampiros.

Los tumores epiteliales, los accidentes de tráfico y las malformaciones congénitas son los argumentos más repetidos en su consulta. El drama cotidiano de estas personas es de una intensidad atroz. «El que ha perdido una oreja no puede llevar gafas, se tapa el vacío con el pelo, se pone una tirita o un adhesivo para sujetarse la patilla... y cuando se ve con la prótesis vuelve a sentirse bien». Si se trata de una mujer Roch le hace los agujeros en el lóbulo para que pueda llevar pendientes, para que vuelva a ser como antes y no le falte nada.
«Es devolver calidad de vida física, emocional y psíquica», detalla el anaplastólogo que recuerda como una mujer con los dedos mutilados se negaba a ir al baile por miedo al rechazo y a que la vieran con los dedos cortados. «Exponer un defecto a los demás no gusta, no se asimila», precisa.

Asegura Roch que su labor también es ayudar al paciente a cambiar de mentalidad. «Lo primero que ha hecho el cirujano ha sido salvarle la vida pero tras la operación queda esa secuela o defecto y ahí es donde empieza nuestra labor para recuperarlo», agrega. El especialista resalta que se trata de cirugías extremas a las que siguen tratamientos de radio y quimio de los que el paciente sale muy debilitado, «y cuando se ve el defecto, se deprime mucho más; primero hay que tratarlos como personas y después devolverles la calidad de vida para que vuelvan a ser quienes eran antes de la secuela».

«Es como pintar un cuadro en tres dimensiones»
José Luis Roch busca que el color de piel sea idéntico, que la persona tenga las mismas pecas, manchitas, pelos o detalles dérmicos que tenía antes de la amputación, «es como pintar un cuadro en tres dimensiones», agrega.
Este mago de las prótesis de silicona trabaja con todos los hospitales de la Comunitat Valenciana y con el Instituto Valenciano de Oncología.
Entre las personas que requieren su ayuda hay más adultos que niños y el mismo número de mujeres que de hombres porque el cáncer, como él indica, no entiende de sexo.
También reconstruye brazos, piernas, manos y pies de bebés que han nacido sin ellos hasta la edad adulta. Cuando hay anomalías cráneo -faciales y el niño nace con el paladar abierto, Roch elabora unas plaquitas palatinas para que el bebé pueda alimentarse por si solo sin tener que depender de una sonda hasta los tres mese que es cuando le intervienen para cerrarle el paladar. p. g. b. valencia

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