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Femen

A lo hecho, pechos

Si San Juan decía en el Génesis, en el principio era el Verbo, las Femen lo explican con una ironía: si el verbo es Dios, es decir, una persona (divina), en el principio era el cuerpo. Y de mujer.

Los pezones de mujer no son pronografía. Facebook bloquea los editores Femen con este pretexto.

Los pezones de mujer no son pronografía. Facebook bloquea los editores Femen con este pretexto.

¿Qué opinarían las primeras sufragistas de las prácticas de género del siglo XXI? De aquellas reivindicaciones civiles focalizadas en el derecho al voto y al trabajo remunerado, los feminismos de todo el mundo han derivado a una polarización de teorías y posturas encontradas o complementarias, filosóficas o de intervención social, que basan sus presupuestos en el debate académico, la lucha de clases u otros factores de orden racial, étnico, biológico, sexual, psicoanalítico, religioso y artístico con el fin de jerarquizarlos o de aglutinarlos.

Algunas propuestas, como la de Silvia Federici (Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas) contravienen algunas de las asunciones clásicas, puesto que, para ella, el trabajo asalariado no ha liberado nunca a nadie, y menos a la mujer, que entre su dedicación al ámbito doméstico, la producción y la reproducción no encuentra espacios y momentos para la reivindicación social.

Sin aliarse con ninguna de las corrientes feministas de las últimas décadas, Femen, el movimiento radical surgido en 2008, ha captado la atención mediática. Por sus signos externos las conocemos: agresividad sin violencia, anticlericalismo acérrimo (menos para la doctrina judía), irreverencia hacia el patriarcado que encarnan los poderosos de la jerarquía política, económica y eclesiástica, y exaltación desinhibida de juventud y la belleza. Un pelotón casi adolescente que se toca de flores para simbolizar la pureza de la mujer ucraniana antes de casarse, a la que consideran vejada por la flamante industria sexual de su país; víctima de la depauperación de las relaciones familiares sobrevenida en el espacio postsoviético.

Pero, a diferencia de las grandes pensadoras del siglo XX, Anna Hutsol, Inna Shevchenko, Oksana Shachko y Alexandra Shevchenko, ideólogas de Femen, priorizan la forma sobre el componente ideológico. Cuentan, por el carácter espectacular y pop de sus acciones desde Ucrania, Alemania, Bulgaria, Túnez, Gran Bretaña, Francia y más recientemente España, con un claro modelo en el happening de los años sesenta, setenta y ochenta, en el que la artista es objeto-sujeto de una obra que reclama sin camiseta la propiedad privada del cuerpo que exhibe.

Por una parte, conducen al espectador a la perplejidad visual que provocan sus pechos desnudos alzados en armas frente a uniformes, trajes y sotanas: el topless utilizado como pancarta (Ucrania no es un burdel, Tarde de gángsters en Davos, In gay we trust, Mujeres musulmanas, desnudaos), o para iniciar campañas contra Putin, los catálogos sin presencia femenina de Ikea para Arabia Saudí, el mercadeo sexual durante la Eurocopa de 2012, la reforma de la ley del aborto en España, etc.

Por otra parte, las Femen han empleado paradójicamente técnicas propias del capitalismo para combatirlo „incluso cuentan con una tienda en línea de venta de productos que exalta su imagen„. Ellas mismas son un producto feminista perfectamente definido que no interfiere, como narran en El principio era el cuerpo, su libro-manifiesto, con los orígenes de una formación intelectual marxista.

Estas chicas guerreras han derivado en marca, algo que ya se intuía desde la creación de su logo: dos círculos, uno amarillo y otro azul como la bandera, separados por una raya que reproduce la letra cirílica efe y que representa, al mismo tiempo, la forma de su escote.

Quizás por esto, de Femen no se espera que discuta El segundo sexo de Simone de Beauvoir, La mística de la feminidad de Betty Friedan, El espejo de la otra mujer de Luce Irigaray, Sol negro. Depresión y melancolía de Julia Kristeva, El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad de Judith Butler, la Política sexual de Kate Millett, La dialéctica del sexo de Shulamith Firestone o los Sujetos nómadas de Rosi Braidotti, cita somera de títulos emblemáticos. Tampoco se sitúa su fórmula del lado del feminismo de la igualdad o el de la diferencia, ni cerca de los conceptos de cibercuerpo o de la idea de construcción del género. Si nos acercamos a nuestro ámbito geográfico, no sabemos si Femen España comparte la premisa Rosa Olivares, para quien todas las diferencias sociales están definidas por la capacidad económica, y así el sexo, la raza o la religión son temas para ocultar la dureza del poder del dinero (una mujer rica, venga de Senegal o de Inglaterra, puede ser quien y como quiera).

Con una estética próxima a Femen irrumpió en Nueva York el grupo Guerrilla Girls en los años ochenta, considerando que para llegar al museo en calidad de artistas lo más efectivo era desnudarse en sus intervenciones; más recientemente, hemos asistido a otro tipo de teatralización reivindicativa como las de las procesadas Pussy Riot, de las que Femen se ha distanciado después de dedicarles la tala de una cruz en el centro de Kiev. La intransigencia declarada de Femen no pudo soportar que las punk se manifestaran creyentes. Y no es de extrañar, puesto que entre las sombras de las ucranianas la más oscura tiende hacia una actitud intolerante con lo que niegue su doctrina, practicante de un sexismo invertido, en sus propios términos, y de una entrega total a una causa que está siendo investigada por la UMP francesa a fin de discernir si raya en lo sectario. Así las consideran las disidentes del movimiento; voces críticas que se suman a la acusación de extrañas alianzas con la ultraderecha o la ultraizquierda del Este, según convenga.

En todo caso, tras la publicación de En el principio era el cuerpo „irónica mutación del versículo de Juan„ es buen momento para aproximarse a la misión de un movimiento que extiende filiales por un mundo radicalmente distinto a Ucrania, en donde ni la tradición, ni la idiosincrasia, ni la educación sexual, ni la cultura política y religiosa coinciden. Veremos si llegan a los Parlamentos.

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