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Material sensible

Caricaturas

Viene hoy (domingo) en El País una caricatura de Vladimir Putin que podría ser todo lo que quisieras imaginarte, persona, animal o cosa, antes que una caricatura del dichoso Putin. No es porque se trate del ruso, es que otro día en el mismo periódico venían sendas del, ya rey, Felipe y de su esposa (ya reina) Leticia que no le andaban a la zaga en cuanto a malas, me refiero, eran simplemente grotescas, que no humorísticas, y lo peor es que no se les parecían nada, que es lo mínimo que se le debe pedir a una caricatura.

Quien elabora esos engendros firma como Sciammarella y mucho me temo que sea argentino (che, boludo ¿viste?) por la jeta, sobretodo y yo propondría que fuera deportado antes de seguir insultando más a nuestra inteligencia. Sciammarella por lo visto se siente artista y no lo es y para caricaturizar al caricaturizado de turno recorta y pega collages o embadurna con acrílico cartones para después trazar unas líneas que el debe de considerar maestras y que definan al sujeto.

El resultado suele ser catastrófico.

Me pregunto qué apoyo tendrá (y por qué dudoso motivo) el bueno de Sciammarella (mira, me acabo de dar cuenta de que escribes 5 ó 6 veces Sciammarella y ya tienes llena la columna). Me pregunto, digo, que qué apoyo de titanio por lo menos tendrá nuestro caricaturista (es que caricaturista también es muy largo), para estar ahí a piño fijo en El País.

Había en El País un caricaturista llamado Loredano que era buenísimo. Ahora solo lo veo en una revista que se llama Claves de Razón Práctica (creo) y que nunca he tenido en mis manos, aunque veo sus anuncios en el periódico. Ahí ejerce su magisterio Loredano, al menos en la portada.

Loredano está en la tradición de la caricatura clásica y no en la de las mamarrachadas. Tradición que pasa por David Levine y Heatchfield (o al revés) pero va, como debe ser, un paso más allá. Hay caricaturizados suyos que se resuelven en solo un ojo, o solo una nariz con pequeños aditamentos ¡y el personaje está clavado! (que es de lo que se trata) Scismmarella intenta también lo mismo y el resultado es de espanto.

Loredano no va con mariconadas, ni echa pigmentos sobre el cartón (como Ripollés, otro que tal), ni recorta y pega papeles, ni hace marranadas para parecer moderno. Usa una plumilla que moja en la tinta china y el resultado es elegante, riguroso y cómico, como las caricaturas de verdad.

Ignoro por qué botarían al talentoso Loredano para dar paso a la mediocridad. Tal vez fue obra de algún experto en arte, especie que suele abundar o tal vez por otros motivos más inconfesables. Pero no fue cosa de un día, fue una guerra sorda en la que uno fue sustituido paulatinamente por el otro.

Al qui té padrins el batejen.

_________________www.joanverdu.es

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