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Pintura

José Luis Serzo, en el ajo

Narración expandida de sus series previas, Serzo parte del entorno, aliñado con el sempiterno ajo, para hacer de la fantasía el hecho transformador, un adentrarse en el bosque como símbolo del subconsciente colectivo en el que nos interrogamos por «el alma del mundo».

José Luis Serzo, en el ajo

José Luis Serzo, en el ajo

Las series de José Luis Serzo (Albacete, 1977), basadas en las aventuras de un personaje ficticio donde se conjugan elementos imaginarios y reales, introducen al espectador por un periplo vital que bien podría ser el propio. Tras la anterior serie La historia más bella jamás contada, llega ahora Los señores del bosque. Un viaje a través del bosque que envuelve un universo onírico repleto de símbolos, detalles preciosistas y composiciones minuciosas.

Aunque a primer golpe de ojo, e incluso cuando nos adentramos más intensamente en la historia de las aventuras vividas por Blinky Rotred, álter ego del artista, creemos estar asistiendo a una narración o cuento mágico a través del universo pictórico del artista. Los señores del bosque y el juego de ajos esconde un monólogo interior, mediante una acumulación de citas literarias, filosóficas, teatrales y referencias a la historia del arte que podrían resultar absolutamente heteróclitas si no fuera porque, para convertirlos en un conjunto coherente, se asume que emergen del subconsciente del mismo personaje, una tras otra, y mediante asociaciones de las que el artista, a pesar de dejarnos entrever citas a Courbet, a Platón y el mundo «daimónico», Hermes Trimegisto, los pitagóricos, los neoplatónicos, los alquimistas o los poetas románticos convertidos ahora en personajes reales, no siempre está dispuesto a dar cuenta. Invitando al espectador a conectar con la parte más profunda del subconsciente.

Personajes como Mr. Kanin, Claris Ave, Georgia K, la familia Gómez o los señores Can Robles le sirven como excusa para hablarnos en clave metafórica de la situación global y social en plena crisis. Blinkey, se introduce en el bosque, símbolo del subconsciente colectivo y del suyo propio, para interrogarnos por nuestra existencia, por «el alma del mundo». La historia se complementa con el juego de ajos, divertimento de los personajes que sirve como secuela de la aventura, y que remite en cierto modo a aquellos personajes grotescos de los Disparates y los Caprichos de Goya.

Para Serzo, el arte se convierte en algo global, con una constante referencia a la pintura flamenca, el renacimiento alemán, el barroco español, los simbolistas y románticos decimonónicos. Ensalzando el virtuosismo técnico, el artista conjuga diferentes disciplinas como pintura, dibujo, fotografía, instalación e incluso literatura creando una narración expandida. Consiguiendo una obra completa, global, fantástica, irónica y sublime que no deja a nadie indiferente.

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