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Entrevista

"Yo no me censuro"

"Yo no me censuro"

"Yo no me censuro"

La publicación de los Diarios de Ignacio Carrión ha suscitado una de las polémicas más agrias de los últimos tiempos. Polémica y también, un silencio despreciativo. Y algunas dosis de insultos y desdenes. Todo cabe cuando escribes unos diarios a pecho descubierto, y pasas por el filtro de la pluma a tu propia familia, al Rey, a periodistas famosos, a escritores, a políticos, a amigos y a ti mismo. Carrión dice que escribe como si estuviera muerto, pero sus diarios destilan vida. Es la hora del café. Está sentado a una mesa, leyendo el periódico y con la pequeña libreta negra, marcada con el año 2014, y la pluma cerca de las manos. Un cuaderno más del centenar que conforman sus diarios y que guarda en depósito la Universitat de València. La editorial Reino de Cordelia ha publicado recientemente Molestia Aparte I y II. Habla despacio, sin acompañar con gestos sus afirmaciones. Lo contundente es su mirada.

Con la publicación de la primera parte de los Diarios en 2007 hubo todo tipo de reacciones, algunas furibundas por los temas y la forma de tratarlos. ¿Se ha repetido con estos nuevos volúmenes?

En algunos casos sí ha podido irritar a alguna persona, por mensajes directos e indirectos que me han llegado. Muchos ya saben que agarro los temas por el cuello. No ando con contemplaciones. Es una escritura interior muy pensada, por decirlo de alguna forma, para mí y no para ser publicada. Y yo no me censuro, ya es bastante con que frenes la tendencia de cada persona a censurarse a sí misma. Siempre me imagino que ya estoy muerto y que todas las personas de las que hablo también están muertas. Un diario en España no es un género popular, no se suele prodigar. En España el diario que prospera es el que agrada a la gente, el diario de salón o de cotilleo.

¿Piensa que falta una tradición de escribir diarios en la literatura española?

Hay casos interesantes. He disfrutado leyendo los diarios de Max Aub y de otros muchos. Pero nunca te has encontrado con los diarios de un Gide, o de un Julien Green. Yo escribo de mi mismo, de mi cuerpo y sus funciones, de mis deseos, manías etc? Escribiendo sobre todas esas cosas, las controlo. El diario tiene esa faceta terapéutica. Si vas como una flecha hacia la locura, a lo mejor diriges, controlas, mitigas esos efectos de la locura contra ti mismo.

Es la función de desnudarse en todos los sentidos y abiertamente?

Sí, y con cierta impudicia en mi caso. Ha habido críticas escandalizadas por esa cuestión pero también hay personas que lo han considerado un acto de valor. Yo no lo creo así. Contar todo esto me ha ayudado, francamente. Además, la disciplina que te da un diario educa al escritor. Yo no tacho nada, procuro hacer una escritura limpia en mis cuadernos. Escribo a mano, con estilográfica y tinta.

¿El diario también como un arma?

En el ritual de esa escritura hay de todo. Hay también en mi caso un arma arrojadiza que en otros diaristas no se produce porque no son cáusticos como yo, no son críticos. Lo que conduce la escritura de un diario es la mirada, la capacidad de observación. El escritor que no sabe mirar no sabe escribir.

Valiente, malvado, impúdico, cabrón. Son algunas de las palabras que le han dedicado. ¿Nunca se ha atrevido a quitar lo políticamente incorrecto?

No es que no me haya atrevido, es que me he negado. Cuando acepté la proposición de Jesús Egido y de la editorial para publicar estos dos nuevos volúmenes de mis Diarios, me aseguró que no iba a censurar nada. Cuando la editorial Destino, a la que me unía una buena relación por ganar el Nadal en el 1995, se interesó por el primer volumen, uno de los jefes dijo: «mira Ignacio, se va a publicar todo salvo si te metes con una escritora que es Carmen Posadas y atacas al Rey. Si esto aparece, lo van a quitar en el despacho de Lara». Dejé todas las anotaciones de Posadas y el monarca. Les entró miedo y se volvieron atrás. Pero me alegró.

¿Se ha sentido maltratado por los medios y los compañeros de la profesión literaria y periodística?

No. Esperaba que los periódicos en los que trabajé, ABC,, El País y otros como El Mundo ningunearan el libro. Posteriormente en El País ocurrió el milagro con una crítica que me gustó del historiador Jordi Gràcia. Ahora, con la publicación de estos dos nuevos volúmenes, es posible que este mismo historiador ya no se ocupe. El periódico es más intransigente y hay personas allí que me tienen puesta la proa. No me han maltratado profesionalmente, lo que no han aceptado es que, como escritor, les diera una visión del medio y de los propios implicados que figuran, Juan Cruz y otros, que no les ha satisfecho especialmente.

Sorprenden estos golpes directos que hace. ¿Provocación, venganza, resentimiento?

Yo también me doy mis palos. Insisto que el diario no está escrito pensando que va a ser publicado. Si me voy esta tarde a casa y anoto este encuentro bajo una perspectiva de no molestar o enjuiciar algo adverso pensando que me va a perjudicar, ya no escribo mi diario. Hay que ser en esto muy claro. Este es el punto que menos se soporta y acepta la sociedad en España. Los lectores, los escritores, los políticos, pueden ser absolutamente irritables, personas con mucho orgullo. Somos intransigentes, apasionados, que a veces esta bien, pero muy parciales. Mejor la descalificación e ignorar.

Insiste en el valor literario de sus Diarios. Desde ese punto de vista mantienen una unidad de estilo durante mucho tiempo. ¿No ha sucumbido a las modas?

Me ha pasado más en la ficción, que no es muy abundante en mi producción. En el diario estás tú, el cuaderno, la pluma y tu propio mundo. Yo no he escrito los Diarios como Andrés Trapiello, que lo hace bien a su estilo, pero están escritos para ser leídos la semana siguiente. Yo los he concebido para luchar contra mis propios fantasmas, contra la sociedad y contra los silencios impuestos, por ejemplo, en mi familia. Empecé a escribir cuando salí de mi casa. No había intimidad, cualquier papel que escribía, lo cogía mi madre a lo mejor para mofarse después. Contar todo esto tiene un primer efecto, que es la irritación de tu propia familia. No me he considerado nunca sujeto a las imposiciones de mi familia, al contrario siempre he querido escapar de esa dependencia.

¿Ha pensado alguna vez en finalizar el diario, en poner punto y final?

Nadie sabe lo que va a vivir. El final de un diario siempre es brusco. Ha habido escritores franceses que han mantenido el interés por el diario hasta el ultimo momento y han escrito casi en la agonía. Por ejemplo Jules Renard, que escribió cómo le caía la orina por la pierna cuando estaba enfermo!!!. En cierta ocasión le pregunté en Londres a Vargas Llosa si escribía un diario. Me dijo que no, que temía que el diario le pudiese quitar no la inspiración pero sí la fuerza creativa para producir su obra de ficción. La única reflexión que me he hecho durante tantos años era: me estará impidiendo el diario hacer una obra literaria pura y dura? Eso me lo he preguntado.

¿Y que se ha contestado?

El diario es una necesidad para mi y si lo abandono es porque ha aparecido otra realidad que me aleje esa necesidad. De hecho lo he dejado unos meses y después he vuelto sin saber por qué. El diario es una adicción literaria de un individuo cuando escribe.

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