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Octavio Escobar

Pistas falsas

La topografía, los escenarios, los pecados y los prejuicios condicionan la vida y la muerte. También las novelas

Pistas falsas

Pistas falsas

En todo en esta vida siempre hay un antes y un después, y parece que lo único que importa es lo que ocurre en el medio. Pero Octavio Escobar ha preferido invertir los términos, primero después y luego antes, con lo que tal vez insinúa que nuestras vidas no transcurren como aparentan de una forma tan lineal, que los efectos no siempre son producto de las causas sino que muchas veces sucede al revés. Primero después y luego antes. Así es como transcurre todo, así es también como se escribe la historia. Sólo después podemos entender lo que ocurría antes, sólo después valoramos lo que teníamos antes y hemos perdido, o no hemos sabido conservar. Sólo después sabemos que las cosas podían haber sido diferentes.

Manizares (Colombia) es la ciudad donde nació el autor y el escenario de la novela, una ciudad que el autor conoce bien por tanto, una ciudad aficionada al crimen y a los toros, a las fiestas y a la religión, una ciudad que teme a Dios y al diablo y cuyos habitantes beben coca-cola y toman hamburguesas, como casi en cualquier otra ciudad del mundo. Los escenarios, los lugares donde nacemos, los lugares donde vivimos, condicionan nuestra vida y nuestra muerte. ¿Condicionan también las novelas que se escriben en ellos? Escobar tiene un don especial para los detalles, para los matices, tanto si describe un paisaje urbano como si describe a un personaje o una conversación. De una mujer dice por ejemplo: «pronunciaba las palabras como si significaran algo más, algo que no aparece en el diccionario, algo pecaminoso». En otro lugar, un dudoso personaje de la iglesia, mientras perpetra una operación fraudulenta, dice tranquilamente: «Hay que entender el corazón humano, sus angustias, sus complejidades. Recuerda que son personas como tú y como yo. (?) La vida da muchas vueltas y la fortuna puede volvernos la espalda» ¡Qué palabras tan exactas, tan actuales! «Todo el mundo sabe todo de todos y no pasa nada, ni va a pasar. Nada de nada. Que digan lo que quieran». Esta vez es un mafioso el que habla, un personaje de lo más normal por cierto, un hombre con familia, con sus principios y sus convicciones, como la protagonista, la doctora como la llaman, es profundamente religiosa y lee la Biblia a menudo, y se consuela recitándose pasajes, o recordando letras de canciones de Miguel Bosé, lo que no es ningún impedimento para que unos y otros cometan algunos crímenes, premeditados o no, la premeditación no es más que un detalle sin importancia. «Yo soy la resurrección y la vida? Si fuiste lo que fuiste fue en mi casa? No hay un puto corazón que valga la pena». Esto último ya no es la Biblia como comprenderán, es Miguel Bosé. Y también habría que hablar de las reproducciones de El Greco que presidían tantas alcobas y comedores. La Biblia, El Greco, Miguel Bosé, Thelma y Louise, son algunos de los ingredientes, de las referencias si prefieren, de esta sugestiva novela.

El hombre, y la mujer, no es bueno ni malo de una pieza, ni siquiera lo es alternativamente. El hombre hace el mal por una buena causa, o al menos así es como justifica lo injustificable, y el bien digamos que lo hace por descuido, o porque le reporta algún beneficio, aunque para reportar beneficios hay que reconocer que el mal está mejor situado. De ambas cosas tenemos en esta novela abundantes ejemplos. Sin embargo, Después y antes de Dios, a pesar de tan filosófico y tan turbador título, no es en absoluto una novela de tesis, no es una novela sobre el bien y el mal, ni sobre sus respectivas banalidades. Escobar, afortunadamente, no tiene pretensiones filosóficas. Su novela es más bien una novela de enredo, muy cinematográfica por cierto, y no me extrañaría que acabase convirtiéndose en una película pues tiene sustancia de sobra para ello.

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