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Thierry Valencin

En las sinuosas periferias

En las sinuosas periferias

En las sinuosas periferias

Consustancial al viaje, el registro fotográfico cumple el rol de constatación documental de la verosimilitud existencial que la fugacidad del instante niega; el viajero, el turista, el errante, fotografía el entorno que descubre, la circunstancia que busca o la incidencia que acontece ante sus ojos, como si en el acto de la obturación se certificase su presencia, es decir, su propio existir. Unos privilegian lo pintoresco, otros anhelan lo exótico; unos aman la naturaleza, otros se aman sí mismos (los selfies de hoy) y los demás revivir en la imagen lo que fue ayer ¿Y qué fotografían los fotógrafos en sus viajes?

El autor francés Thierry Valencin (Mâconnais, 1962) es presentado como tal fotógrafo viajero en virtud de una formación determinada por sus periplos y una personal estética no encuadrada en determinadas escuelas o tendencias como no fuere la del cazador de instantes y artesano de laboratorio. Siempre en movimiento. Primera fase de un proyecto más amplio que involucra a fotógrafos franceses y españoles, Valencin expone en el Instituto Francés (donde ya expuso en 2012 sus Entre vues regards y posteriormente, el pasado año, acogió en su atelier-galería parisino la exposición Desamparados de jóvenes autores valencianos) una serie sobre la India contrastada en su cotidianeidad y en la Fotogalería Railowsky un conjunto dedicado al paisaje en sus silencios ensimismados. Autor que transita en los límites de la libertad (condicionado o aleccionado por su propio oficio), el fotógrafo opera sobre lo representado hasta que éste deja de ser tal para ser otra cosa, metafóricamente, simbólicamente, sensiblemente, o explícitamente formulando una duda, una pregunta.

Paradojalmente, todo viaje físico es una fuga de la realidad, la realidad que ha convertido al individuo en funcionario de la vida. En la India, Valencin retrató el día a día de santones y cabras, vendedoras de flores y vacas sagradas, santones y sonrisas desdentadas, peces muertos y escaleras al cielo, sin hilo narrativo, crónica del suceso en sí, el acontecimiento humano con ropaje cultural, borrosa la identidad, difuminados sus contornos, modo de operar que en el tema del paisaje se traduce en veredas forestales de sombras abstractas, casetas solitarias que se miran en el agua, figuras que avanzan hacia la bruma. Granuladas, porosas, claroscuras y permeables, únicas como el instante que dejó ver su luz, sus imágenes dejan de ser reales para realizarse en otro orden.

Con conexiones con el modo de hacer del coruñés Manuel Vilariño „actualmente exponiendo en la galería Punto, del que ya comentamos en estas páginas„, el trabajo de Thierry Valencin incursiona en umbrales como la intuición prescinde de razones y la poética trasciende de palabras.

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