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Novela "sin ficción"

El gran invento

El gran invento

Enric Marco existe, tiene más de noventa años y vive en Barcelona. Fue el hombre que inventó su biografía. Elaboró una gran mentira sobre sí mismo, mezclada con algunas verdades, sólo así se consigue la verosimilitud, y fue capaz de mantenerla durante décadas. Fue secretario general del sindicato anarquista CNT en Cataluña y en España, miembro de la Junta directiva de la FAPAC (padres de alumnos de Cataluña, mientras sus hijas eran colegialas), presidente de la Amical Mauthausen, asociación de supervivientes de los campos de exterminio nazis y de deportados españoles, y fue condecorado por la Cruz de Sant Jordi de la Generalitat de Cataluña. Engañó a todos con su historia de heroicidades como soldado republicano en la Guerra Civil, deportado a Alemania, acusado de alta traición por los nazis, prisionero en la cárcel de Kiel y en el campo de Flossenburg, superviviente del mismo, luchador antifranquista y paladín reivindicador de la memoria histórica en España. Urdió su historia de la misma manera que un novelista urde un argumento y con inteligencia, picardía, palabrería, capacidad de convicción y de seducción, mucho trabajo y tenacidad consiguió convertirse en un personaje mediático, en un héroe adorado por los periodistas y el representante genuino de los supervivientes del nazismo hasta que fue desenmascarado en 2005, pues nunca fue un deportado ni estuvo preso en un campo de exterminio nazi.

El libro gira en torno a la personalidad de este hombre fascinante, a pesar de su narcisismo exacerbado, y también de otros asuntos que nos atañen a todos. Porque Cercas aprovecha este caso para profundizar en la democracia en España, construida sobre una mentira colectiva o una larga serie de mentiras individuales, pues el pacto sobre el olvido de las víctimas del franquismo constituyó el precio a pagar para un cambio político pacífico. Las mentiras de Marco sobre su pasado las enmarca así en lo que fue la norma en un país en que cada cual maquillaba el suyo con vistas al futuro. Marco llevó su impostura al máximo porque poseía talento y ambición para hacerlo.

El impostor es una lectura apasionante porque lo es la vida y personalidad de su protagonista. Incluye también la relación entre Cercas y Marco durante el período de escritura y la confesión del propio Cercas sobre sus dudas como autor al abordar el tema, su miedo a reconocerse él mismo como impostor, su papel, que diferencia de la vileza de Truman Capote cuando escribió A sangre fría, y asemeja al de Cervantes, nada menos, al asimilar a Marco con don Quijote, en su delirio impostor y, luego, con Alonso Quijano al enfrentarse a la verdad. Esas páginas, excesivas, desprenden cierto aroma de justificación, como si necesitara aliviar un sentimiento de culpa por darle la puntilla, con el libro, a un hombre al que ha llegado a tomar afecto. Innecesario, a mi juicio, porque el lector acaba admirando a Marco, un liante único, un pícaro genial que a sus 94 años sigue reivindicando los logros obtenidos gracias a su impostura y su trabajo. Jamás se escondió y si bien su mentira fue reprobable y escandalosa, también resultó eficaz y hay que reconocerlo como de los pocos españoles que se partió la cara por la recuperación de la memoria histórica. El juicio de los lectores, gracias a Cercas, será benevolente con este gran maldito en que lo convirtió el escándalo.

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