Suscríbete Levante-EMV

Levante-EMV

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Catedral de Jaén vista por la luz de Bérchez

Desde el 6 de abril y hasta el 30 de junio se puede contemplar la instalación fotográfica «Gozar de toda su hermosura. Catedral de Jaén», del fotógrafo e historiador de arquitectura valenciano Joaquín Bérchez. Patrocinada por la Universidad de Jaén, la muestra se expone en la renovada Sala de Exposiciones de la Antigua Escuela de Magisterio, en el centro de la ciudad andaluza.

Catedral de Jaén vista por la luz de Bérchez

La instalación de Joaquín Bérchez, a través de catorce fotografías, nos introduce en esa visión privilegiada que es la mirada encumbrada al interior de la catedral jienense. Como escribe Jorge Fernández-Santos en el catálogo de la exposición, Bérchez argumenta desde la fotografía el peculiar circuito de galerías y aposentos con balcones al templo catedralicio y nos convierte en espectadores de sus naves transformadas en foro urbano, en plaza mayor sacra. Los fotográficos prismas cuadrangulares, iluminados por dentro y con la sala en penumbra «vendrían a funcionar como extensión vicaria de esas civiles galerías, como si quisiera el fotógrafo acomodarnos en una balconada continua y elevada, rodeando el interior así desvelado de la Sede episcopal».

Y es desde esa educada visión «a modo de teatro», en escénica perspectiva cónica, donde el autor nos induce a gozar el espacio diáfano del templo, la elegancia clásica de sus pilares columnarios o el ingrávido despliegue de sus bóvedas de caligráfica estereotomía. No en balde la exposición fotográfica recoge en su título y convierte en argumento narrativo la exclamación del culto e ilustrado deán José Martínez de Mazas (1794), al contemplar desde sus balcones el interior de esta catedral: «El que ha de gozar de toda su hermosura es preciso que la mire desde las ventanas y balcones que la rodean por encima de las Capillas. Entonces se sorprenderá seguramente€ Verá la correspondencia de todas sus partes, sin que haya una que desdiga de la otra ni en columnas, ni en capillas, ni en ventanas, vidrieras &c. y todo elevado y grandioso.»

Como afirma Joaquín Bérchez, para un público valenciano, la visión de este interior de la catedral de Jaén, le traerá a los ojos y a la memoria el majestuoso interior de la Lonja de los Mercaderes. Porque la catedral de Jaén es al siglo xvi-xvii, lo que la Lonja valenciana es al xv: epítome y paradigma del prototipo arquitectónico que conocemos como espacio salón o hallenkirche, uno en el ámbito religioso y el otro en lo civil. Ambas arquitecturas exprimen con una elegancia inusitada este modelo, que señorea en la Europa medieval y moderna, en todos sus atributos arquitectónicos posibles. Sus poderosos volúmenes prismáticos y rectangulares, nos sigue sugiriendo un monumentalizado cofre, con bóvedas cerradas a un nivel, a la misma altura, conformando interiores desescombrados, divididos en tres naves surcadas solo por estilizadas columnas. A quien traspasa en cuestión de segundos las puertas de ambos edificios tiene sensaciones encontradas, tal es la sorpresa ante su espejismo estructural y gravitatorio. Para ojos y mentalidades anteriores al cemento, al hormigón armado y al cerramiento acristalado, la transparencia que dimanan tanto la Lonja como la catedral de Jaén no fue en absoluto indiferente. Su delirio estructural dejó comentarios parejos, por más que la Lonja fuera expresión de los últimos años del gótico, con sus pilares helicoidales o sus henchidas bóvedas nervadas, o que la catedral jienense lo fuera del clasicismo hispano de finales del siglo xvi y primera mitad del xvii, con sus pilares y medias columnas corintias adosadas o sus bóvedas baídas en una sedosa estereotomía. Y si el viajado Alexandre Laborde en 1808 se asombró ante la Lonja valenciana por ser «una de las piezas más acabadas de la arquitectura gótica que sabía sostener moles inmensas y muy elevadas sobre columnas de cortísimo diámetro», el mencionado deán de la catedral de Jaén, José Martínez de Mazas, como ha recordado Pedro A. Galera en el catálogo de la instalación, no dejaría de exclamar ante sus arcos y bóvedas: «¡Qué arte será este que así enseña a voltear sobre unas Columnas delgadas tantos ramos de piedra de mil piezas y labores, sin que alguna se disloque.»

Acaso, y como expresión de este cruce de similitudes entre ambos edificios, sea válido citar algunos versos del poeta Felipe Molina Verdejo dirigidos a la de Jaén, y que bien pudiera entenderse también para la Lonja valenciana: «Piedras blancas, sagradas, / materia apenas; luz, luz aprehendida, / que se elevan, aladas, / toda gravitación ya suspendida [€] / Polígonos del aire, geometría / de la luz, concreciones / de espacio, de equilibrios, de armonía.»

Compartir el artículo

stats