Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La estupidez, objeto fascinante

Flaubert reaccionó contra los excesos estilísticos y emocionales del romanticismo

La estupidez, objeto fascinante

La estupidez, objeto fascinante

Gustave Flaubert (1821-1880), eminente escritor francés, ilustre estudioso de la estupidez humana, llevó a lo largo de su vida diversos cuadernos de apuntes, donde consignó ideas para futuros proyectos, así como aforismos, breves apólogos, notas, consideraciones sobre la literatura, el arte, la historia€ En suma, la trastienda de un escritor.

Este volumen reúne textos prácticamente inéditos en castellano; y permite apreciar su evolución desde las meditaciones adolescentes a las notas de preparación de su novela inconclusa y póstuma, Bouvard et Pecuchet, «una enciclopedia de la necedad humana».

De los cuadernos de apuntes han sobrevivido 17, de los que se ofrece una selección.

Flaubert reaccionó contra los excesos estilísticos y emocionales del romanticismo; postuló la invisibilidad del que narra, que fue determinante para la literatura posterior, y modelo narrativo del cine clásico del siglo XX.

Hubo proyectos que no llegó a realizar: una novela de caballerías, un relato oriental (un bárbaro que se civiliza, un civilizado que se barbariza); también dejó sin concluir su maravilloso Diccionario de ideas recibidas (o de tópicos), que se completaría con otros textos-catálogo, como un Cuaderno de Estupideces, un Catálogo de ideas chic, etc.

Veamos algunas de sus consideraciones.

Acerca de la naturaleza de la Musas: «Hay que desconfiar de todo aquello que se asemeja a la inspiración y que, a menudo, no es otra cosa que una idea preconcebida, una exaltación ficticia (€) Todo el talento consiste en saber obligarle a llevar el ritmo que uno quiere. Pero para eso no debemos 'forzar su naturaleza', como se dice en equitación».

Al escritor Guy de Maupassant, devoto discípulo de Flaubert, se le quedó muy grabada esta observación de su maestro: «hasta la cosa más insignificante encierra algo singular o desconocido». En efecto, cualquier objeto banal, observado con insistente atención, acaba convirtiéndose en un ser enigmático e inquietante.

Sobre la dignidad: «Hablarme de la dignidad de la especie humana es un chiste. Me gustan Montaigne y Pascal por eso mismo. La única cosa que distingue al hombre de los animales es que comen sin hambre y beben sin sed».

Sobre Molière: «La obra de teatro más inmoral es El misántropo. Y es la más bella de toda

s».

La obscenidad: «una mujer desnuda no es impúdica. Una mano que esconde, que tapa un pliegue resulta obsceno».

Acerca de la pornografía exhaustiva, more geometrico, del Marqués de Sade: «olvidó dos cosas: la antropofagia y la zoofilia».

Una teoría social: «No siento afecto alguno por el proletario y no simpatizo con su miseria, pero comprendo y me uno a él en su odio al opulento».

Del hombre casado: «'Tiene mujer e hijos': honorable excusa para todas las infamias».

El vicio como tema literario: «nada hay tan poético como el vicio y el crimen: por eso los libros virtuosos son tan aburridos y falsos: ignoran al hombre y al fondo eterno de hombre, la vida individual, el yo que repercute contra todos».

Sobre la gloria literaria: «Lograr que se digan muchas tonterías acerca de uno mismo».

Se incluye también un 'apólogo a la manera antigua': «Un bardo canta en medio de una comida suntuosa. Entona tan bien que los comensales se olvidan de comer. Uno de ellos (que es sordo) engulle buena parte del banquete. Todos se van contentos».

Mencionemos algunos materiales que pensaba utilizar para su novela enciclopédica Bouvard y Pecuchet: «los farmacéuticos norteamericanos suministran productos específicos para hablar en hebreo, griego o latín» (de Magnetismo , espiritismo y posesión. X. Pailloux)

«Estos dos idiomas (el italiano y el español) no sirven más que para leer libros peligrosos y capaces de aumentar los defectos de las mujeres» (de De la educación de las niñas. François Fénelon).

«¿Qué madre, ya no diga cristiana, pero al menos un poco honrada, no preferiría ver muerta a su hija antes que subida a un escenario?» (de Máximas y reflexiones sobre la comedia. Jacobo Benigno Bossuet).

«Cardan había profetizado el día y la hora de su muerte, y al ver que los astros le jugaban la mala pasada de dejarlo con vida, se eliminó a sí mismo por el buen nombre de la astrología» (de De los errores más usuales en la sociedad. Salges).

Ejemplo de estilo eclesiástico, en su modalidad católica: «La enseñanza filosófica hace beber a la juventud hiel de dragón, en el cáliz de Babilonia» (de Manifiesto. Papa Pío IX).

Ejemplo de estilo revolucionario: «Me ha acuartelado en la ciudadela de la Razón y de allí saldré con mi cañón de la verdad y pulverizaré a todos los villanos que quisieron acusarme». (Danton)

A Flaubert la maldad le parece en ocasiones creativa y admirable; lo que le hipnotiza, lo que encuentra realmente demoledor es la estupidez; entre otras razones, porque no se fatiga, no hace el menor esfuerzo para poder ejercitarse.

Compartir el artículo

stats