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Cuando Berlín era una fiesta

La crónica fotográfica de la vida festiva y nocturna durante la República de Weimar rescatada de colecciones privadas

Cuando Berlín era una fiesta

Cuando Berlín era una fiesta

En algunas de las entrevistas que el director Billy Wilder concedió antes de morir, el creador de Con faldas y a lo loco hacía referencia al Berlín burbujeante de los años veinte -del pasado siglo XX- donde inició su carrera artística. Una ciudad que como recordaba Wilder disponía alrededor de dieciséis mil cafés, bares y salones de baile como espacios de encuentro y diversión. Es en uno de estos salones donde el futuro director se ganará la vida ejerciendo de bailarín gigoló, una de las «nuevas» profesiones que se cultivan en la capital de la República de Weimar. También por estas fechas el escritor británico Christopher Isherwood desembarcaba en la capital alemana para dejar como testamento literario uno de los textos más celebrados sobre este periodo histórico y socialmente convulso que prosiguió al fin del Imperio alemán y las primeras alertas del nazismo. Isherwood en su colección de relatos Adiós a Berlín, será el testigo accidental de una sociedad agónica que se prepara para dar la bienvenida al Tercer Reich.

Todo este excitante fresco social del Berlín de la República Weimar, el periodo donde la Escuela de la Bahaus puso los cimientos para la modernidad y Bertold Brecht, letra-y música con la ayuda de Kurt Weill- a una sociedad en descomposición, se revela en el libro Party! Party! Party!, crónica gráfica de la vida festiva y nocturna berlinesa editado por la editorial canadiense Bone Idle Books especializada en archivos y colecciones fotográficas particulares. Las imágenes ilustran esos años en que Berlín acoge una burbujeante vida nocturna donde destaca una importante sociedad gay y lesbiana, con sus lugares de reunión, sus periódicos, anuncios de contacto, que la convierten en uno de los destinos favoritos para amantes del sexo bajo sospecha. Clubes como Silhouette, Eldorado o el mismo Kit Kat Club, donde Liza Minnelli -o Sally Bowles para la ficción- lumina en la película Cabaret con su bombín las luces y las sombras de una ciudad. Una moderna Babilonia donde por un breve espacio de tiempo, la cultura más transgresora y marginal se incorporó a la vida oficial de la capital berlinesa. Hasta se publican guías de la ciudad recorriendo los lugares más prohibidos y secretos. Un escenario donde el adjetivo decadente es obligatorio como recoge Christopher Isherwood en sus crónicas berlinesas; donde comparten mesa, mantel y cocaína, traficantes de ideales ambiguos y travestis, prostitutas y revolucionarios. Donde convive una importante comunidad judía, desde los grandes empresarios a la clase intelectual, músicos, escritores, artistas, que a partir de 1933 con la llegada al poder del régimen nazi emprenderá el camino del exilio o desaparecerá bajo la barbarie nacionalsocialista.

Party! Party! Party!, la crónica gráfica de la República de Weimar, documenta desde la cara más hedonista, esa sociedad practicante de un antisemitismo inicialmente doméstico que acabará mudando como la cosa más natural del comunismo al partido nazi y el sálvese quien pueda como única regla moral. Habitantes y supervivientes de un imperio derrotado y una república en medio de un polvorín a punto de estallar entre los extremos del dial ideológico que acabará decantándose en uno de los regímenes más perversos de la historia de la humanidad. Los autores de Party! Party! Party, Chris Nesbit y Ed Jones han dejado a un lado voluntariamente la imagen más icónica y de carácter histórico para visualizar esa otra historia de carácter más íntimo y privado del Berlín de la era Weimar. «La existencia y la vida precaria de cada día que impulsa a un deseo vertiginoso de vivir intensamente cada momento, para celebrar o escapar de la realidad». Esa sociedad como describe Christopher Isherwood en Adiós a Berlín que ante el advenimiento del régimen nazi «se limita a aclimatarse, como un animal que nada el pelaje en invierno de acuerdo con la ley natural».

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