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El reequilibrio contra la alteración geológica

Almenar avisa que el cambio climático es una expresión de un cambio más global fruto del crecimiento tecnocientifíco

El reequilibrio contra la alteración geológica

Entre el conjunto de publicaciones que abordan el «Antropoceno», la era en la que una sola especie, la humana, se ha convertido en verdadera potencia de alteración geológica, destaca este nuevo libro de Ricardo Almenar por su particular enfoque histórico. De vocación divulgativa, en su mejor sentido, hace gala de un estilo narrativo muy ameno que el autor consigue casar a la perfección con la erudición de los mejores ensayos. Lo más interesante de este libro, en la línea de otro suyo anterior muy celebrado, El fin de la expansión, es el constante buceo en la historia para aprender de su experiencia, especialmente en relación a los cambios climáticos anteriores y su influencia en las sucesivas civilizaciones y pueblos. Almenar narra, por ejemplo, cómo hubo ya «refugiados climáticos» a principios del siglo XIX, fruto de un suceso natural que generó una enorme hambruna en varios continentes, coincidiendo con el final de la «pequeña edad del hielo» que comenzó en el Renacimiento.

Todo estaba en la historia, podríamos afirmar. Al igual que la predicción del acabamiento del petróleo de mejor calidad, que conocíamos hace más de 70 años, nos sorprendemos al descubrir que el cambio climático ya se anunciaba hace dos siglos, por ejemplo en los escritos del humanista decimonónico George Perkins Marsh. Sobre éste y otros aspectos de la antropización del planeta, Ricardo Almenar bucea con gran lucidez en el s. XIX -sobre todo en el inicio del industrialismo británico- y no muestra hasta qué punto las claves que hoy nos preocupan -contaminación, escasez de recursos, emisión de gases de efecto invernadero, eficiencia energética...- ya fueron planteadas hace doscientos años. Incluido el anuncio del efecto mariposa, la era del Antropoceno con la extralimitación en el consumo de recursos naturales o la «paradoja de Jevons».

Si bien, nos avisa ya desde el inicio el autor, el cambio climático es sólo una expresión -la más conocida pero no la única peligrosa- de un cambio global fruto del crecimiento tecnocientífico unido a nuestro deseo civilizatorio expansivo, sobre todo en los últimos dos siglos. A lo largo de su reflexión, Almenar se pregunta sobre el determinismo o no de la evolución tecnológica, es decir si la historia tenía que discurrir necesariamente así -con el auge de la máquina de vapor sobre las turbinas hidráulicas- o no necesariamente. Esta reflexión contrafáctica será esencial para replantearnos la idea de progreso en el siglo XXI. Ricardo Almenar insiste en que necesitamos con urgencia un verdadero «diálogo de saberes» para afrontar las consecuencias del cambio antropogénico global. Para conseguir minimizar sus impactos negativos y adaptarnos a las nuevas circunstancias planetarias se hace necesario un esfuerzo transformador interdisciplinar, en el que las ciencias de la naturaleza deben tener un papel divulgador fundamental en la nueva conciencia que debemos generar. Pero en realidad, apunta el autor, no hay área alguna de lo que llamamos cultura que pueda restar ajena a tan importante reto civilizatorio. Al contrario que en el discurrir del s. XIX, cuando ante el aumento de la complejidad de cada sector de conocimiento los saberes se fueron aislando, cayendo en la hiperespecialización, en el siglo XXI y ante las consecuencias de la hipertrofia tecnocientífica aliada a una cosmovisión neoliberal, procede su reunión en una síntesis de saberes enfocada hacia la sustentabilidad civilizatoria, hacia la búsqueda de un reequilibrio entre culturas y naturaleza.

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