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Sin partirnos las rodillas

Soy titiritero, payaso, acróbata y bailarín

Seamos claros: re-caeremos muchos del sector cultural y posiblemente también volvamos a re-levantarnos. Es inevitable caer, por mucho que nos carguemos de razones, de necesidades, de verdades; en un estropicio como este, la última siempre es la cultura. E incluso la cultura se coloca la última porque entiende que la sanidad, los vulnerables y los trabajos son más necesarios.

Todos están cayendo como moscas. ¿Qué vamos a hacer DESPUÉS? Y ya no vale reinventarse, repensarse€ ya lo hemos utilizado en diferentes crisis y en multitud de reuniones. ¿Dejarnos caer, salir corriendo€? Lo primero que hemos hecho han sido listados inmensos de medidas urgentes para hoy. Que igual no sirven para mañana€ porque esto YA no lo arregla 5 pesetas en nuestra cuenta. Tendremos que darnos de golpe con los cierres y después, cuando haya DESPUÉS, lucharemos contra los pánicos a estar en lugares con gente€ es decir, lo tenemos complicado las ARTES ESCÉNICAS, como lo tuvimos complicado en diferentes períodos históricos.

Soy bastante pesimista porque he leído todas las baterías que hemos hecho las asociaciones de escénicas y no es que nos equivoquemos de dirección si no que será difícil absorberlas y deglutirlas como Estado y como sociedad. Lo fácil sería «nacionalizar o reconvertir» el mundo o algo así. Sé que esto va en contra de los tiempos que vivimos pero creo que toca medidas radicales y de salvaguarda global.

Es verdad que la «nacionalización» es una medida vieja y que no es la que propongo, tranquilos, liberales. Pero a partir de una idea colateral de esta, que puede ser «recuperar desde lo público aquellos servicios que tienen misión pública», podría funcionar.

Y aquí es cuando me convierto en un especulador de ideas pero que es una forma de proponer algo desde un lugar diferente y desde ideas que no son capitalistas, económicas y urgentes sino pensando un poco más en el MAÑANA. Lo hago desde la imaginación de escenarios de «posguerra». En ese momento en el que la creatividad que nunca se parará, que nunca cejará deba canalizarse para fortalecerse de inmediato y soportar otras crisis venideras. Pienso en la «nacionalización o creación de una unidad pública rizomática» de diferentes nodos escénicos, en la reconversión, si queremos otro palabro, del sector atendiendo su función pública. Reconversión pública. Dotar de economías / pautas/ comportamientos/ instrumentos a una serie de proyectos con el fin último de dinamizar económica, artística y socialmente un territorio artístico. Esto no es nuevo en esencia: las fábricas de creación de Barcelona, los centros dramáticos franceses, salvando la diferencia€

Hace tiempo que pienso que la administración juega un papel importante al igual que una serie de proyectos privados que tienen la misma misión desde lugares distintos y con desiguales recursos, dotaciones con procedimientos antiguos que nos les permiten irradiar posibilidades creativas en sus entornos próximos€ y viendo la situación, la administración será el único con la posibilidad de supervivencia, las salas complicado y no hay que olvidar que los creadores lo van a pasar realmente mal porque les será casi imposible acogerse a ERTES por no tener estructuras ni entidades jurídicas en su mayoría (ellos serán los más vulnerables en nuestro ecosistema escénico).

La medida sería acoger en el corpus público una serie de proyectos creativos y ponerlos a trabajar para/con los creadores en un territorio, entorno, barrio concreto. Regulando la programación, apoyando la movilidad de los creadores con otros nodos de otros lugares, dotándoles de recursos económicos estables y suficientes, de herramientas€ si cada nodo acoge entre 5-15 creadores, iniciativas en sus infraestructuras y ordena su forma de trabajo, su horizonte de expectativas y sus relaciones con los espacios públicos y casas de cultura, e incorpora la innovación y la creación de audiencias como asignaturas obligadas en su ideario deberíamos poder acercarnos a un nuevo paradigma SIN PARTIRNOS LAS RODILLAS.

Porque se trata, DESPUÉS, de no partirnos las rodillas intentando remontar en un país con pánico y de partir de paradigmas nuevos y construir con generosidad pensando en el equilibrio de todo un ecosistema cultural tremendamente necesario.

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