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Albert Camus y el pensamiento de mediodía

La obra del autor francés que escribió «La peste» en 1947 es un asidero seguro para reflexionar sobre la condición humana.

Albert Camus y el pensamiento de mediodía

El éxito de La Peste en el actual confinamiento, debido a la pandemia de covid-19, ha recuperado a Albert Camus cuando se cumplen los 60 años de su muerte en un accidente de tráfico. Esta obra ha llegado incluso a ser bestseller en países como Francia. Recientemente se ha publicado esta obra en versión digital y servirá como aperitivo a la edición de sus obras en castellano que ha puesto en marcha Penguin Random House Grupo Editorial y que culminará en el año 2022. De todos modos, siguen siendo muy útiles las Obras completas publicadas por Alianza Editorial, en 2010. Por otro lado, The New York Review of Books ha puesto a disposición de los lectores el ensayo On 'The Plague' de Toni Judit, escrito en 2001.

La explicación es clara ya que, esta novela, publicada en 1947, narra lo ocurrido durante la epidemia de peste que azotó a la ciudad de Orán. Uno de sus protagonistas es el Dr. Rieux, quien, a pesar del sufrimiento y el absurdo de la situación, no por ello deja de luchar, ni de halagar a la vida, ni de vivir una sensación solidaria con los semejantes y también vividores de la misma situación. A partir de ese redescubrimiento de lo común, de la condición humana, como dirían A. Malraux y H. Arendt, brotará la solidaridad.

Un diccionario de literatura nos puede contar de A. Camus cosas semejantes a estas: autor considerado como novelista, dramaturgo, ensayista, filósofo, periodista e, incluso, un moralista. Y si vemos la conocida fotografía, con el cigarrillo inmortalmente suspendido entre los labios y el cuello de la gabardina subido, veremos que también parece un actor de la novelle vague.

De su cráneo humanista y privilegiado han salido obras de distintos géneros que siguen atrayendo, como El extranjero, la novela donde presenta, narrativamente, su filosofía del absurdo; las obras de teatro Calígula, El malentendido o Los justos, y los ensayos El mito de Sísifo y, sobre todo, El hombre rebelde, con el que romperá definitivamente con Sartre. Son muchos los temas que se acumulan desde que dijera que solo existe una cuestión filosófica verdaderamente seria: el suicidio. O ese nihilismo que, como el de Nietzsche, iba a favor de la vida, de la creación de valores y de una rebeldía con causa. Al fin y al cabo, «el nihilista no es el que no cree en nada, sino el que cree en lo que es».

Mesura frente a polarización

Pero, por seguir con la percepción de la actualidad de su obra, quisiera centrarme en la idea con la que concluye El hombre rebelde: «el pensamiento de mediodía». Este surge después de criticar diversas rebeliones, como la del Marqués de Sade, que lo hace contra el orden del mundo, pero también contra sí mismo; Tampoco le sirve la de Saint-Just, si finalmente la revolución acaba en la guillotina para asegurar la armonía social. Ni la filosofía de la historia de Hegel y Marx, de quien sí que reconoce su motor ético; y mucho menos el irracionalismo de Mussolini. Un paso adelante lo da Iván Karamazov (Dostoievski) cuando dice: «si nada es verdadero, todo está permitido». Pero él, finalmente, se siente culpable por su parricidio. La respuesta de Camus: «si nada es verdadero nada está permitido».

La mesura es, finalmente, la base de la rebeldía. El individuo, porque es rebelde, es también solidario. La prudencia del rebelde frente a la desmesura (Calígula). Sin embargo, la Europa de su tiempo se había lanzado a la conquista de la totalidad; era, por tanto, hija de la desmesura. Y eso es, para Camus, la negación de la belleza. ¿No está cayendo la Europa actual en algo parecido con el aumento de decibelios de la polarización política? Un buen antídoto sería recuperar «la pensée de midi», donde la inteligencia es hermana de la dura luz, la que brota del sol mediterráneo para mantener su fe en la dignidad del hombre y en sus infinitas posibilidades, como ya lo había expuesto Heráclito: «el inventor del devenir, ponía sin embargo un límite a ese fluir perpetuo. Ese límite estaba simbolizado por Némesis, diosa de la mesura, fatal para los desmedidos».

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