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El poder del mito

El símbolo y sus metáforas, son una manera de perpetuar las instituciones, por eso están presentes en muchas parcelas sociales, aunque sus raíces provienen de las transformaciones de mitos primitivos.

del mito

El mito, la mitología, suscita una atención permanente en el mundo académico, desde la antropología, la filosofía, la historia, a la psicología, y demás la creación literaria como lo hizo Robert Graves en Los mitos griegos, (1955) Pero existe también un interés popular que sobrepasa la investigación universitaria por el tema y las editoriales lo aprovechan para difundirla. Los dioses mitológicos, principalmente los grecorromanos, son utilizados por muchos escritos como metáforas o analogías. Incluso muchos planetas llevan sus nombres y tanto Ptolomeo como Aristóteles solían jerarquizar el Cosmo, y así lo recoge Dante en la Divina comedia cuando los concibe mas o menos perfectos en su pureza planetaria dependiendo de la cercanía o distancia de Dios. Precisamente la utilización de expresiones míticas en el lenguaje es, siguiendo a Geroge Lakoff y Mark Johson (Methoors We live by (1980), traducida al castellano en 1986 como Metáforas de la vida cotidiana), no solo un artilugio lingüístico, sino (nos: eliminar) que remite a una estructura cognitiva-intelectual, aunque el término ha derivado en el lenguaje común como algo irrealizable, falso o cargado de una publicidad excesiva que desborda la realidad. Sigmund Freud y Carl Jung lo utilizaron para sus teorías sobre el inconsciente individual o colectivo. El psicoanálisis transformó el mito de Edipo en un complejo, que ya venía descrito en las obras de Sófocles -Edipo Rey y Edipo en Colono- o en Las Fenicias de Eurípides.

La historia de Edipo cuenta con diversas versiones y variantes, pero en esencia relata como Layo mata, sin saberlo, a su padre y después contrae matrimonio, también sin saberlo, con Yocasta, su madre, interpretando así que en todo hombre hay un rechazo al padre y un deseo de posesión de la madre como protectora desde su nacimiento. En el complejo de Electra ocurre al revés, es la hija la que se une al padre y rechaza a la madre. El historiador William Cox (1827-1902) concibió a los mitos como algo simbólico para interpretar los cambios de la naturaleza, y así Edipo sería el sol y su madre el cielo una vez que la tormenta, es decir la Efigie -una leona con cabeza de mujer a la que él derrota- deja paso a la claridad. El alemán Carl Robert interpreta que el padre de Edipo representa al año que termina y su hijo el nuevo que comienza. Y otros autores le han dado vueltas al tema como el deseo de regresar al útero materno o mantener la idea de los padres en la infancia. El psicoanalista Alfred Adler (1870-1937), discípulo de Freud, lo interpretaba más que por el deseo de dominio del niño sobre su madre por el instinto sexual, lo que casaba con su idea de que el poder era un factor más poderoso que el sexo, algo que desarrollaría Erik Fromm para explicar que Edipo representa la rebelión ante la autoridad del padre. Partiendo del estructuralismo, Levi-Strauss le da una vuelta a la historia para concluir que es necesario engarzar todos los elementos que en ella se contienen, desde la relación de marido y esposa hasta la de hijo y progenitor, que suponen comportamientos diferentes.

Sean cuáles sean las teorías sobre sus significados surgen nuevas interpretaciones y la manera en que los mitos se han trasmitido al folklore de los pueblos. El mismo Richard Wagner utilizó los relatos de Sigfrido o de Tristán y Lohengrin para construir sus operas. De tal forma que todas las culturas, de una manera u otra, abordan temas semejantes para explicar los misterios de la naturaleza humana. En ese sentido es imprescindible consultar la obra de Joseph Campbell (1904-1987) que estudió las leyendas míticas de varios pueblos americanos e hizo comparaciones con las de otras culturas, y entre ellas y las religiones, siguiendo al subconsciente colectivo de Jung, para concluir que todas son respuestas a la psique humana de todos los tiempos y culturas. Conecta a Edipo con Jesucristo y afirma que ambos, padre e hijo, son lo mismo y que este se hace carne para redimir al mundo. Precisamente en 2015 se editó en castellano El Poder del Mito, (Ed. Capitán Swing), impulsado en 1991 por Jacqueline Kennedy, asesora de la editorial Doubleday. Se recogen las conversaciones filmadas para una serie televisiva que el periodista Bill Moyers mantuvo con Campbell entre 1985 y 1986, en un total de veinticuatro horas de preguntas y respuestas sobre el mito.

Campbell vivió en París y allí conoció al escritor James Joyce quien le inspiró con su novela Fannegans Wake su interés por conocer lo que permanece constante en el sufrimiento humano a lo largo de los tiempos, y que en esencia se reduce a la conciencia de la mortalidad como eje central de la vida y cómo de ello surgen las necesidades de explicación de la mente humana. Así, utilizó el funeral de Estado del presidente asesinado John F. Kennedy para evocar el valor del ritual en todas las sociedades. Era la repuesta compensatoria para acentuar el sentimiento de solidaridad ante un hecho que conmocionó al mundo. Y es que en muchas de nuestras manifestaciones se muestran las bases de nuestras creencias ancestrales que van transformándose con el paso del tiempo pero que en lo esencial dan respuestas a los misterios de la vida y la muerte. Y así los rituales nos rodean por todas partes: el juez lleva una toga, y en algunos casos una peluca impostada, como una manera de reconocimiento simbólico de su autoridad, al igual que los doctores en las universidades son investidos con la toga sobre la que descansa la muceta que cubre el pecho y la espalda hasta la altura de los codos con el color que distingue cada rama académica, excepto la del rector que será de terciopelo negro, junto al birrete del mismo color y los guantes blancos. Las iglesias, las órdenes religiosas, los ejércitos, con sus desfiles de tropas, están recordándonos el sentido del rito. Lo mismo que las logias masónicas lo practicaban en sus reuniones. De esa manera esos campos simbólicos se entienden por doquier en muchas parcelas sociales, y sus raíces provienen de las transformaciones de aquellos mitos primitivos. Campbell nos recuerda que todos ellos se basan en las experiencias de una comunidad, y si no se retroalimentan en el tiempo acaban perdiéndose. Es decir, el símbolo y sus metáforas, son una manera de perpetuar las instituciones. Si lo sabían los antiguos socialistas cuando creaban las Casas del Pueblo como referentes de unos ideales que van reconstruyéndose en los procesos sociales. O la Iglesia con sus catedrales. Por eso sigue sin entenderse cómo los dirigentes del PSPV-PSOE rompieron con ese simbolismo y vendieron su sede de Blanquearías. Para algo ha de servirnos, digo yo, la cultura.

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