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DIME QUE ME LEES

Kafka confinado

Esta semana hay luna llena. Tal vez la luna es lo único que podemos contemplar sin sentir malestar. Porque ¿cómo regocijarnos con el sol sin pensar en el calentamiento global o disfrutar del viento sobre los árboles sin cavilar sobre la amenaza de las sequías o las inundaciones? Ya no vemos el mar, los campos, las montañas o los glaciares como los contemplábamos antes, cuando no pensábamos que nuestros gestos podían tener consecuencias sobre ellos. De eso no hace tanto tiempo, el de una generación. La de Bruno Latour (Beaune, 1947), que inicia con esa triste constatación su último libro, Oú suis-je? Leçons du confinement à l’usage des terrestres (La découverte, 2021). En octubre, lo publicará Taurus en castellano: ¿Dónde estamos? Lecciones del confinamiento para uso de los terrestres.

Confinado y enmascarado, el gran antropólogo francés se siente como Gregor Samsa, el protagonista de La metamorfosis de Kafka, cuando se despierta una mañana convertido en un escarabajo. Latour se pregunta ¿dónde estoy? Sabe que tomar un avión comportaría cargar sobre su conciencia un largo reguero de CO2; que la camiseta que lleva es fruto de la miseria de un niño de Bangladesh; que el entrecôte que se va a comer supone bocanadas de metano que aceleran la crisis climática. Y, desde hace un año, es consciente de que las gotículas que emite con su respiración pueden ser letales para sus vecinos. Está aterrado y le gustaría despertar de esa pesadilla para volver a ser libre, íntegro y móvil. El mundo vive una crisis respiratoria que se manifiesta con las mascarillas, las bombonas de oxígeno de los hospitales y el grito de Georges Floyd: «me ahogo».

Latour constata que el nuevo régimen climático (no superar los dos grados de calentamiento) es, también, un nuevo régimen político que hace estallar las categorías del mundo de ayer, como la noción de soberanía o de fronteras. Surge un nuevo conflicto político, en el que se enfrentan nuevas clases «geosociales». A la lucha entre pobres y ricos se superpone el enfrentamiento entre los que llama «recolectores» y los que denomina «los zurcidores». Los unos prosiguen con la economía extractiva negando el cambio climático, los otros intentan remendar el mundo a su alcance para crear un tejido de territorios. Cuando salgamos del confinamiento, no lo haremos en el mismo mundo. Éramos conscientes de la situación ecológica, explica Latour, pero nos faltaba la experiencia corporal de ese encadenamiento. Por eso, dice, el confinamiento es una experiencia de desplazamiento, en el sentido de cambio de lugar. Ya no se puede ir hacia delante, hay que aprender a recular, aunque sea a tientas, hay que hacer otros movimientos, dispersarse. Ya no respiramos igual que en el siglo XX. Es la metamorfosis. Ahora, es algo muy físico.

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