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Emilia Pardo Bazán en València

La escritora que quiso dignificar a las mujeres en tiempos en los que eso suponía una utopía, llegó de la mano de Teodoro Llorente y reivindicó a Luis Vives.

Vicente Blasco Ibáñez con D 
Emilia Pardo Bazán en el 
sanatorio de Portacoeli.  pd

Vicente Blasco Ibáñez con D Emilia Pardo Bazán en el sanatorio de Portacoeli. pd

Con motivo del centenario del fallecimiento de Emilia Pardo Bazán se han publicado innumerables artículos glosando la memoria de la escritora gallega. En muchos se hace hincapié en su feminismo; en otros se resalta el daño que la RAE le hizo al no permitirle ser académica de la lengua por su condición de mujer. Su vida amorosa también ha sido objeto de análisis. Un artículo, publicado en El País, nos alerta de que, en el pazo de Meirás, libros de su biblioteca se encuentran arrinconados en la cocina al igual que la mesa en la que escribía desde las cinco de la mañana.

Los valencianos tuvimos la suerte de contar con la presencia de Emilia Pardo Bazán entre nosotros. Su vinculación con València vino de la mano de la amistad que mantuvo con Teodoro Llorente. Se conocían desde la primera década de los años ochenta del siglo XIX. La escritora gallega publicó veinticuatro colaboraciones en el diario Las Provincias desde 1892 hasta 1893. En diciembre de 1899, con motivo de la inauguración del Ateneo de Valencia, Emilia Pardo Bazán vino a nuestra ciudad y, en palabras de la profesora Ángeles Ezama, realizó uno de sus discursos de mayor calado pedagógico. Defendió los conceptos de nación y patria frente al separatismo, así como reivindicó la figura del humanista valenciano Luis Vives. Exaltó la educación como forma de progreso. Se preguntó cómo podría España seguir existiendo y ella misma se contestó diciendo que hay que instruirse, instruirse e instruirse, reconociendo, respetando y cultivando la intimidad de cada región.

La insigne novelista estuvo en nuestra ciudad desde el 26 de diciembre de 1899 hasta el 4 de enero de 1900. Llegó acompañada de su hijo Jaime Quiroga. Se hospedó en el Gran Hotel de la calle de San Vicente. Vino en un coche-salón que se añadió al tren-correo procedente de Madrid. Al llegar a València, en los andenes le esperaba una muchedumbre para recibirla. El presidente del Ateneo, el doctor Candela, y Teodoro Llorente le dieron la bienvenida. Posteriormente se trasladó a la capilla de la Virgen de los Desamparados y de allí al Gran Hotel donde recibiría la visita del gobernador civil y del alcalde. Por la noche la invitaron al palco del Teatro Principal y, ya de vuelta en el hotel, el Orfeón el Micalet le dio una serenata.

Al día siguiente acudió al Puig, acompañada de Blasco Ibáñez y de Teodoro Llorente. Allí fueron recibidos por el alcalde y otras autoridades. Visitaron el Monasterio de los Mercedarios y la casa del pintor Juan Peiró, quien les obsequió en su jardín con dulces, refrescos y licores. El 29 de diciembre asistió a una comida en la Alquería del Coche, próxima a la huerta del Cabañal. A las 11.30, en un tren especial para la ocasión, la comitiva llegó hasta la Cadena donde fueron recibidos por Blasco Ibáñez. En la alquería, debajo de un parral, en una larga mesa, se sirvió una paella. Por la noche, en el paraninfo de la Universidad, alumbrado con focos eléctricos, Emilia Pardo Bazán leyó su discurso de apertura del Ateneo. El 31 de diciembre en la Lonja de València se agasajó de nuevo a la escritora con una cena que costaba 7.50 pesetas por comensal. Después de los postres hubo brindis y lectura de versos. Mientras las campanas de la ciudad anunciaban el nuevo año, Emilia Pardo Bazán dio las gracias por el afecto recibido; tomó una rosa roja y se la obsequió a Teodoro Llorente. Posteriormente regresó a su hotel en carruaje. En los siguientes días visitó la Institución para la Enseñanza de la Mujer, acudió a la Sociedad Coral el Micalet y al Sanatorio antituberculosos del doctor Moliner en Portacoeli. El 4 de enero partió de nuestra ciudad la escritora que quiso dignificar a las mujeres en tiempos en los que eso suponía una utopía.

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