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Lirica cristiana de base

Tras el reconocido poemario «La marcha de 150.000.000», Enrique Falcón reaparece en esta trilogía para hacer despertar a las conciencias y para que se vean con firme mirada la cruda realidad.

Enrique Falcón (València, 1968), poeta y activista; ha sido insumiso al ejército y a la prestación sustitutoria, objetor fiscal a los gastos militares, militante de sindicato anarquista, miembro de una comunidad cristiana de base, de colectivos vecinales y de apoyo en prisiones.

Durante años ha vivido en el Barrio del Cristo de Valencia, donde a la manera de Maiakovski compuso La marcha de 150.000.000, largo poema que ha obtenido notoriedad.

Ha publicado diversos textos de poesía y de ensayo de reflexión poético-política. No suele estar ausente en antologías donde su obra se ubica con menos incomodidad: poesía de la conciencia, escritura del conflicto, literatura activista…, entre cuyos teóricos está el poeta e historiador Antonio Orihuela.

Recientemente ha publicado Silithus, otro extenso poema de configuración apocalíptica -en el sentido etimológico de «desvelamiento»- así como Trilogía de las sombras, que recoge tres libros anteriores: Amonal (2005), Taberna Roja (2008) y Porción del enemigo (2013), que de este modo han sido reeditados.

Sus textos están repletos de nombres y citas hasta cierto heterogéneos: Antonio Gramsci (teórico marxista que murió en la cárcel); Robert Lowell (poeta comprometido); Toni Negri (ideólogo del grupo Brigadas Rojas); Heinrich Böll (escritor católico progresista); Jürgen Moltmann (teólogo alemán de la esperanza); John Walker Lindh (joven islamista converso); Hakim Bey (anarquista ontológico, padre ideológico de los hackers); Alfred Heuss (historiador revisionista); Roque Dalton (poeta guerrillero asesinado por sus propios compañeros); Jorge Riechman (filósofo del ecologismo y miembro de Izquierda Anticapitalista) …

La poesía de Falcón parece próxima a la tradición bíblico-profética, al Apocalipsis de Juan de Patmos, a Walt Whitman, T.S. Eliot, Ernesto Cardenal, Cesar Vallejo, cierto Neruda telúrico, Allen Ginsberg y algunos autores de la generación beat, el citado Roque Dalton, los planteamientos de la Teología de la liberación…

Su musa -en parte teológica, en parte materialista- propende a aunar una piedad militante por las gentes que sufren por diversos motivos y una cólera poética, purificadora, hacia una modalidad contemporánea del Mal y su versátil encarnación en la figura del Capitalismo -con su progenie de usura, codicia, desprecio por la doliente humanidad, creciente deterioro de nuestro planeta…

Por lo demás, Falcón es proclive a cierta franqueza melodramática. Por ejemplo, Amonal comienza así: «este libro es para Jorge Juan Martínez / él tomó también camino de hacerse daño con las palabras».

Otra dedicatoria entre lírica y enigmática: «Para el poeta libertario Antonio Orihuela/ naciste, como yo, un 16 de febrero, para amar a las luciérnagas».

Versos característicos de la atmósfera que trata de crear: «se maquilla una lágrima con cuchillas de afeitar»; «Vulva metálica y vibrante»; «Una serpiente de arena oscilando en los pulmones»; «El tiempo parándose en su patas alambre»; «Y el hombre a contrallaga/aullando en las peleas rizándose del aire»; «Dentro / de unas horas: comenzar a mutilarme, bucear en los espejos/ Ponerme el uniforme».

Utiliza títulos afortunados y sugerentes: «Rodeado de imbéciles en el centro público»; «Receta para militares de alta graduación»; «Expectativa con dificultad para ser titulada»; «Botonaduras de catástrofe»; o el críptico «Cislo 64401 mluvi», que las Notas finales del libro se esclarece su significado.

Hay versos que son casi compendiosas «artes poéticas»:

«Así se escribe hoy, igual como se mata:/ volcando hacia la lengua los cuchillos de un hombre».

«Escribo poemas a dos metros del apocalipsis (…) /Yo le digo que nunca/en el curso de la historia del hombre/ha sido más lícito escribir un poema».

«Mi? Verdadero conflicto:/que me muerden mis versos/que no tengo país».

«Mi poesía dice cosas/cada vez más raras».

Y hace también pinceladas costumbristas acerca de ciertos grupos literarios:

«Por eso y otras cosas/ de los poetas del Partido Socialista/ya espero bien poco/ apenas se dedican a rascarse mueven/troquelan excepcionales técnicas/de pueril propaganda. /Experimentan sueños terribles/si no ven la Moncloa».

Apelaciones un tanto intimidantes: «repito:/ ¿estáis seguros de estar todos preparados?»

Aseveraciones enigmáticas «un hombre tiene siempre/la edad de su enemigo».

«De los nombres del mundo (máquina núm. 1)» es un poema confeccionado con un collage de textos de autores ilustres, a modo de renga iniciático.

Algunos poemas evocan escenografías de videojuego, incluso utiliza en ocasiones su peculiar germanía.

Hace critica sarcástica a un sector en principio literariamente afín: «Perder lijas y naciones/ claudicar como poema /(o garcia morteriendo/ o bien mendez rubiandando)».

En los poemas titulados Annuit Coeptis (parte del lema masónico que aparece en los billetes de dólar) madrigaliza el escrache conceptual a las grandes fortunas que controlan las finanzas del mundo.

«Canción del levantado» es un salmo de negaciones salvíficas que ha adquirido una notable celebridad.

Qué decir de estos textos y de esta poética. Tal vez que se mueve entre un candor perseverante y la admirable entereza moral. Falcón no es ciertamente un poeta contemplativo, ni un cantor del carpem diem horaciano. Y está bien que así sea.

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