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Prostacrinación

Una inclusión en el arte de la biografía, revalorizado en la historiografía actual, con una inmersión en el tango borgiano.

Prostacrinación

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Un poco cansado de consultar archivos, artículos y libros sobre el peronismo me alejo algún rato para leer algunas de las obras adquiridas o recibidas recientemente, y solazarme con sus contenidos. Así, me sumerjo en el libro de Ana María Cervera Sánchez titulado Las Provincias y María Consuelo Reyna publicado en Aldea Global, editorial en la que se unen una parte de las universidades catalanas, Comunitat Valenciana y algunas del Reino Unido, Brasil, Francia, Buenos Aires, Colombia o Portugal. Corresponde a la tesis que presentó la autora en 2017 pero con un título algo distinto, Las Provincias en transición. Poder y prensa local en tiempos del cambio (1966-1982), dirigida por dos profesores, Aurora Bosch, de la que me consta su solidez historiográfica, y Juan Carlos Colomer, a quien no conozco personalmente y del que solo he leído un artículo en la revista Franquisme & Transició, de la Universitat Oberta de Cataluña, especializado en la Didáctica de la Historia según la web de la librería Tirant lo Blanc. Es curioso que una editorial universitaria, para darle más empaque comercial, añada en el título el nombre de la que fue directora del diario Las Provincias, quien influyó con sus columnas en la Transición en la Comunidad Valenciana. Digo curioso porque una gran parte del texto está dedicado a la evolución del periódico y solo a partir de la página 103 aparece de manera más singular la figura de Consuelo Reyna, en conjunción con «otras voces» y otros temas dentro de lo que se califica «de un diario conservador».

La narración esta bien documentada, a la manera de una historia tradicional, con adjetivos que señalan, por ejemplo, «el exaltado españolismo» o «el prudente valencianismo» (p. 54) de Teodoro Llorente, siguiendo la interpretación política de su figura de cierta historiografía, aunque existe ya una bibliografía que lo analiza más allá de la condición de un reaccionario político (véase el estudio de Francesc Pérez Moragón en la «Presentació» de una recolección de poesías o prosas). Es decir, las columnas de Reyna están encuadrada en el marco de la trayectoria del diario y su papel en la Transición. Y si en el relato sobre el periódico existe principalmente una buena narración de su evolución, en cambio, ya preexiste una teoría política e historiográfica en esa disposición afectiva que se tiene sobre la personalidad de la directora y su influencia política y social en la sociedad valenciana. Eso es lo que hacen muchos periodistas sobre personajes conocidos de la vida española o en otros países con los que están vivos. Pero en todo caso si se distingue a Consuelo Reyna en función del impacto comercial de libro y la dimensión de la influencia de la periodista en los años de la Transición, pero sigue viva, y habría que haberle dado ocasión de conocer sus puntos de vista como por ejemplo lo hace Laure Adler en Un largo sábado, conversaciones con George Steiner (Siruela,2016) Hay montones de libros sobre políticos, actores, actrices o financieros que recogen los avatares de cada uno de ellos para alabarlos o criticarlos en el marco del ambiente social del momento. Pero en Historia las cosas se hacen de otra manera si el personaje está vivo porque el arte de la biografía está muy revalorizado en la historiografía actual, y no hay más que ver lo que en su día publicó el IVEI sobre escritores, pensadores o políticos universales nacionales o locales. Claro que también existen en ese Departamento de Contemporánea de la UV quien hace libros biográficos como si fueran series, y publican uno hasta determinada edad y otro después. Además, leyendo a Martínez Gallego en estas páginas sobre los 100 números de Historia Social, se me ocurre que con este record se ha producido una «justicia poética» respecto, -con el permiso del presidente de la Diputación de València Antoni Francesc Gaspar Ramos y del director de Alfons el Magnànim un tal Flor-, a quien fuera Rector de la UV y director del Departamento de Historia Contemporánea don Pedro Ruiz, que ahora lee La Montaña Mágica de Thomas Mann para aplicarla a la historia, imitando a Walter Benjamin. Otra biografía bien construida es la escrita por el profesor de la Universidad de Alicante, Emilio La Parra sobre Fernando VII, el rey felón. Otra cosa es entrar en el genero del periodismo coyuntural, que es legitimo, pero diferente del tipo de trabajo que hacen los historiadores serios. La cosa hubiera quedado mejor manteniendo el título de la tesis original que proporciona buena información, si eliminamos algunos adverbios y adjetivos innecesarios, de la trayectoria de Las Provincias en ese periodo.

En otra dimensión me sumerjo también en el canto general que Alejandro Font de Mora le dedica a 30 Tangos y Canciones y un Homenaje a Borges. (oléLibros, 2020). Ya sabemos que no es un aficionado en lo que hace y su obra así lo avala, con esa personalidad poliédrica de forense, político, pintor y poeta. En este caso su entusiasmo sobre el tango se plasma en esos versos que entusiasman: «Me gusta el tango porque juega con el olvido del mundo…porque presta nostalgias a quienes no creen en ellas…porque en la vida bronca abre paréntesis y formas en el aire con su danza…porque cuenta amores y desamores que solo en él existen». Pero además ha estudiado su trayectoria, ha profundizado en la biografía de Carlos Gardel y ha creado letras que, si alguien con un bandoneón le pone música, se puede acercar a los clásicos de toda la vida. Porque, como señala Juan Moreno Aroca, académico de la Academia Nacional del Tango, ha puesto en ello toda su fuerza poética a pesar de que, como dice ese catedrático tan interesado en el tango como en el Derecho Procesal y en la independencia del juez, los poetas no han sido buenos letristas de tango.

La pasión por Borges le hace escribir a Font de Mora versos como «que un universal porteño fuiste y que el eterno fulgor de Buenos Aires alumbró tu final y tu principio…». El tango es ya Patrimonio de la Humanidad que, a pesar de las posibles destrucciones de monumentos que tienen la misma categoría, no desaparecerá mientras exista gente que los recuerde y los cante.

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