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Periodismo, la mentira, la verdad

Un cómic que recuerda con rigurosidad lo que ocurrió el 11S de hace veinte años y las consecuencias que cambiaron las relaciones políticas mundiales.

Periodismo, la mentira,  la verdad

Periodismo, la mentira, la verdad

Allá por los años 50, un enfermizo joven decide dedicarse a escribir. Hijo de madre soltera en esa época donde significaba el estigma de ser señalado, autodidacta en su aprendizaje, Francisco Alejandro Martínez Pérez comenzó a colaborar en la prensa de Valladolid y a construir su mayor creación, un personaje, Francisco Umbral. Reconocido por autores como Miguel Delibes o Camilo José Cela, Umbral fue prosperando desde el periodismo, la literatura y la poesía, pero también como un personaje provocador y contradictorio, que comenzó a codearse con celebridades y políticos para convertirse en un consciente bufón de la corte madrileña del famoseo. La polémica reconvertida en tópico explotado hasta la saciedad, cincelando una personalidad próxima al esperpento pero, sin duda, digna de figurar en la nómina de los personajes creados por Vázquez, Conti, Cifré, Nadal o Peñarroya para El DDT contra las penas. Catorce años después de su muerte, Umbral se convierte en personaje de viñetas en La mentira por delante (Astiberri), una obra en la que Lorenzo Montatore toma precisamente ese estilo de la recordada Escuela Bruguera para narrar una biografía tan atípica como sugerente. A modo de las historietas que componían las revistas de los años 70, las anécdotas vitales del escritor de Mortal y Rosa se van encajando como diferentes fragmentos de una cronología tan compleja como extravagante, componiendo un reflejo deformado y confuso, una gigantesca mentira que actúa de cortina protectora de la verdadera personalidad de ese que fue un niño enclenque necesitado de protección. Montatore consigue con su aproximación dar luz a ese montaje, a esa figura en pose continuada, a esa cara de perfil inamovible que no nos deja mirar a sus ojos directamente y, paradójicamente, resquebraja el espejo para dejar pasar matices y reflexiones entre los «candelabros» del famoseo que nos hacen atisbar, aunque sea momentáneamente, unos pequeños rastros de verdad entre la mentira. Igual que Apolino Tarúguez o Don Danubio permitían entrever tras su vitriólico humor la realidad de la posguerra y del franquismo, el Umbral de tebeo se desnuda para dejar ver a un Francisco Martínez Pérez escondido y asustado.

Veinte años después de los atentados del 11-S son incontables las páginas que se han escrito, las reflexiones que se han hecho. El periodismo ha investigado hasta dejarse la vida en muchos casos para encontrar una verdad que, pese a todo, sigue puesta en duda. La querencia por la sospecha, tan arraigada en el ser humano, se transforma en conspiranoias que elevan ficciones a la categoría de la realidad en un mar de confusión, donde la verdad termina siendo un constructo a demanda que se olvida de la prueba y de la lógica. Puede parecer absurdo, pero dos décadas después del horroroso atentado, sigue siendo necesario reivindicar desde el periodismo la verdad. 11 de septiembre. El día que cambió el mundo, de Baptiste Bouthier y Héloïse Chochois (Norma Editorial, traducción de Eva Reyes de Uña) es un riguroso repaso a los hechos probados, pero también a las consecuencias que cambiaron las relaciones políticas mundiales. Pero periodista y dibujante añaden a su visión un ingrediente más: la mirada de la gente de la calle, el impacto en la vida cotidiana de aquellos que vivieron los atentados como un espectáculo más televisivo, como una realidad alejada que la asemejaba a esos miles de ficciones que destruyen el mundo con una verosimilitud que es fácil creer. Si las mentiras que nos muestra la pantalla son tan reales que podemos creerlas, ¿por qué tenemos que creer una verdad que resulta menos fotogénica y épica? ¿Por qué no construir nuestra propia verdad, a medida y mutable cuando nos apetezca? Un cómic que nos recuerda con rigurosidad lo que ocurrió, pero que también nos hace reflexionar sobre un hoy en el que la verdad parece perder la batalla.

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