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Complicidades

La sensación y el libro nuevo

Cuando un lector descubre un libro nuevo que le gusta, creo que la sensación que predomina en él, en su espíritu, es la del agradecimiento, la de la alegría, a grandes rasgos. Para un lector un libro nuevo de su gusto resulta el hallazgo de un país desconocido hasta entonces, la tierra incógnita de una conciencia repentina con la que poder dialogar. Un nuevo libro que nos gusta representa el ensanchamiento de nuestra alma por la intervención de un alma ajena. Sabemos que los libros son espejos a los que acudimos para reflejarnos, y para que se proyecte a la vez, en nuestra imagen, el reflejo del autor. A los libros nuevos que nos gustan les debemos, sobre todo, gratitud.

Lo que no sé muy bien es la sensación que predomina en un escritor cuando publica un libro nuevo. Me imagino que no se trata de una sensación única, sino de un cúmulo de ellas. Me figuro que las emociones dependen del talante de quien las sufre. Por supuesto que debe haber alegría a la fuerza, porque si no para qué se trabaja en escribir libros, y para qué se publican. Pero no sé si es la impresión más abundante.

En mi caso, siempre ha existido la incertidumbre absoluta. Nunca he sabido si lo que he terminado de escribir iba a interesar a alguien, si merecía la pena, como una gota de lo escrito, para sumarse sin vergüenza al incalculable caudal de la literatura. Jamás he estado convencido de que fuese lo mejor que podría haber hecho. En la vida he tenido la certeza -como confiesan algunos - de haber logrado nada comparable a lo que más me gusta leer.

Confieso que esa incertidumbre de la que hablo no persigue ser corroborada o desmentida. Se trata de una incertidumbre perpleja hacia lo que, siendo mío por completo, ha dejado por completo de ser mío: una indiferencia cariñosa hacia lo hecho. No quisiera ser malinterpretado ni parecer soberbio mostrándome distante hacia lo que publico. Se trata de que lo que publico ha dejado de interesarme como lo que me interesa aquello que he estado escribiendo. Nunca he releído un libro mío, salvo por la obligación de corregir sus pruebas: y siempre he terminado exhausto, y pasmado de haber logrado juntar tantas palabras. No me he encontrado nunca entre mis preferencias de lector, y nunca me encontraré.

El caso es que esta semana publico un libro nuevo y aquí estoy: inseguro, asombrado, y agradecido hacia cualquiera que se acerque a él. He dicho que el agradecimiento debe ser la sensación primordial del lector. También debe ser la del escritor ante cualquiera de sus lectores.

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